Para hacer una revolución se solicita un loco

Por Toby Valderrama y Antonio Aponte

Un día un grupo de jóvenes con débiles armas y fuerte pasión, liderados por un iluminado, planificaron tomar por asalto el mayor cuartel militar de su país. De aquella locura surgió la Revolución Cubana.

Un día un loco decidió atravesar en un tren sellado una nación que

estaba en guerra con su país para acudir al llamado de las circunstancias revolucionarias. Aquel loco fue Lenin, y de esa audacia nació la Revolución Soviética, la que señaló el camino más allá del capital.

Un día se reunieron en Junta un grupo de mantuanos y decidieron

enfrentar a una monarquía y a su propia clase social que gobernaba el más grande imperio que ha existido jamás, designada por el mismo Dios, y aquel delirio patriótico liberó a todo un continente y aún hoy ondea la bandera de Bolívar en los cielos de esos pueblos.

Un día el último de los locos conquistó el poder en su país enrumbándolo hacia el Socialismo olvidado. Conmocionó al planeta y hoy las oligarquías aún no terminan de enterrarlo; camina, con su ejemplo en ristre, por América Latina asustando con su verruga irreverente a los ricos y sus cómplices.

Lo dice La historia: la Revolución no es obra del cálculo de los egoístas, esa conducta esta reservada a los politiquillos de la democracia burguesa. La Revolución es el más concreto de los sueños de los Quijotes, es luchar contra molinos de viento y derrotarlos, es arar en el mar y obtener frutos, precisa de una alta dosis de locura, de salirse de las normas del momento, de rompimiento con lo que llaman cordura, sentido común.

Sin esas condiciones un líder no se hace revolucionario, una Revolución, que es la ruptura con la cultura imperante, no se puede realizar desde la tutela de esa misma cultura; al contrario, ya el pensamiento inicial del líder rompe con ese dominio.

El líder es tocado por el futuro soñado y ese fuego lo impulsa, he allí el origen del asombro de las primeras acciones revolucionarias que cautivan a las masas, que hacen reconocible al líder, despiertan el sentimiento amoroso hacia el que corre riesgos, al trapecista sin red de seguridad.

El primer combate que debe ganar el líder revolucionario es contra su propia cordura que le llama a permanecer en puerto seguro, a no navegar hacia el futuro incierto pero hermoso, reservado a los grandes. Es el combate contra los llamados del inconsciente a desperdiciar su vida en la mediocridad de una existencia que dentro de la cultura imperante siempre será pequeña, llena de boato inútil y medallas intrascendentes.

Hoy el mundo sumido en el capitalismo creador de miseria material y espiritual espera un loco, esta urgido de la locura que libere a la humanidad a la vida del camino suicida, de la extinción. En Venezuela, tierra de locos, de Bolívar, Zamora, Fabricio, Argimiro, surgió un visionario: Chávez pagó con su vida la locura. Sus hijos, leales, auténticos, están obligados a abandonar la cordura, el cálculo, la sensatez, y retomar el camino de fundar un nuevo mundo que les señaló el "Comandante de la Locura", que hoy junto a Cristo, Bolívar y El Quijote esperan a su continuador.



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Toby Valderrama


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