Chavismo catalítico o apocalíptico

Pretender encontrar las motivaciones y el sentido de lo que muchos de mis respetables compañeros de la Opinión, encuentran para decidirse a manifestar sus acaloradas Críticas en contra del gobierno (suponiendo que estas partan de las más loables y revolucionarias intenciones) ya de por sí, bajo el más profundo respeto, es un proceso delicado que amerita sumo cuidado. A no ser que se cometan los injustos deslices que muchos de ellos, me parece, frecuentemente incurren y, sin embargo, suelen denunciar y criticar, hasta con lujurioso desdén, en contra del propio gobierno.

Seguro estoy que se encuentran en conocimiento, mejor incluso que este humilde servidor, que todos aquellos países que una vez asumieron orientaciones revolucionarias o, por lo menos, nacionalistas, y hoy en día se encuentran sumergidos en la más profunda desolación, producto de guerras fratricidas e intestinales, en momento determinados vivieron al calco lo que ahora peligrosamente nos sumerge y nos arrastra, en las que el simple aleteo de un mosquito puede originar un huracán de inconmensurables consecuencias.

Un debilitamiento sistemático y programado de la moral de las fuerzas que estratégicamente se pretende neutralizar se logra solo "reclutando" descontentos e incomprensiones en sectores presumiblemente revolucionarios, y que por diversos factores progresivamente han venido siendo aislados y/o automarginados. En ocasiones por la volátil y arrogante manera como se jactan de tener todas las "respuestas", aun cuando por encima reflejan simplemente estar mirando los toros detrás de la barrera o desde el desolado ámbito de sus propias neveras.

El fantasma de las delaciones, por eso de lo que el buen Loyola alertaba "en tiempos de asedio cualquier crítica resulta una traición" lleva a unos y a otros a la hipersensibilidad y a la intolerancia de las sospechas, al campo sórdido y "minado" de las acusaciones reflejas. Unos desde el argumento de la teoría, muchas veces descaradamente traídas por los pelos de Manuales y tutoriales de you tube, acusan y abusan saber cómo realmente se gobierna. En este acto pernicioso se llega al punto del no retorno y a la abierta confrontación no solo entre ambos sino a desdibujar contra quién realmente se debe dirigir la ofensiva y quién es el verdadero enemigo en común.

Inoportunas y suicidas "sinceridades" comienzan de ambos lados ha sembrar confusión y zozobra, lesionando la sagrada unidad y cohesión que debe imperar y procurarse en tiempos de verdadera Guerra. Situación sumamente peligrosa para el gobierno que, irónicamente, tiene y está obligado ser comedido y licuar todas las verduras de una sopa que se presume debiera preferir se la tomen a que se la viertan sobre la cara, pero que al darles beligerancia corre el riesgo de sucumbir al malcriado y terrorífico chantaje de la "sopa".

No estar de acuerdo en la manera cómo se ha venido cometiendo errores en la defensa contra los embates de esta Guerra Económica, es algo que hasta un oriundo incondicional del gobierno, como mi persona, en determinado momento podría consentir, pero de ahí a que el enemigo encuentre en mis aciertos terreno abierto para sus ataques, me cuesta comprenderlo y mucho menos digerirlo. Me parece que resulta peor que encontrarse nadando con el brazo derecho para adelante y el izquierdo para atrás.

Desde la comodidad y tranquilidad de las teclas, pretendiendo estar bajo los candentes silbidos de las balas trazadoras rozando la humanidad de quien estoicamente relata lo que ven sus imparciales y clarividentes ojos, cual corresponsal de guerra, muchos se creen con la información suficiente y los dotes futbolíscos necesarios para creerse capaz de hacer mejor lo que ese Messi o ese Cristiano Ronaldo triste y pobremente demuestran en la cancha.

Y es que desde el "evangelio" personal todos defienden, más que a Dios, lo que más le sirve de él. Se me antoja preguntarme qué hubiera sido de la revolución cubana si por lo menos uno solo de estos críticos hubiera desembarco del Granma. Ni pensar lo que hubiera dicho de lo que pensaba y se proponía Fidel.



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Waldo Munizaga


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