2017: a 100 años de Lenin aún no superamos ni a Kerensky ni a Rómulo

Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. (Marx 18 de Brumario)

Allá en Rusia la tesis de Hegel se cumple, a Lenin lo remedan Gorbachov y Putin. Aquí entre nosotros también se verifica la afirmación de Hegel y Marx: el esperanzador periodo de Chávez, que evidenció la posibilidad de un nuevo mundo capaz de salvar a la humanidad de la extinción capitalista, se plagia ahora en esta mala imitación del puntofijismo.

Y así entramos en 2017, año del centenario de la Revolución Soviética, sumidos en el circo de la restauración capitalista. Tuvieron que asesinar al Comandante para poder cerrar aquel periodo luminoso y traernos de nuevo a la penumbra. No pudimos impedir la entrega de la Revolución a la burguesía, se repitió el 23 de Enero del 58. En aquella oportunidad faltó un líder con clara visión estratégica, ahora teníamos el líder pero no hubo tiempo de hacer escuela; el conductor solitario desapareció y se truncó la evolución natural en las aguas del pragmatismo.

Es así, nos llega el 17 en medio de una farsa, la mentira es la norma, el engaño es plato diario, la sociedad se despolitiza, las metas son personales, la pugna política es boxeo de sombra entre mediocres actores, la tolvanera sin causa oculta la restauración, el capitalismo goza de buena salud, el Socialismo se olvidó… El Comandante se diluye en la manipulación mediática.

Entre Chávez y la gente se interpone la mentira que deforma su pensamiento. Los medios de comunicación, el discurso del gobierno, crean un Chávez que aplasta a Chávez, al verdadero, el Comandante aparece como su contrario, un remedo.

Este será el año definitivo, o se consigue salvar a la Revolución, impedir el regreso al pacto de puntofijo y rescatar el camino al Socialismo, o volveremos derrotados definitivamente a las miserias de la socialdemocracia, de la entrega a la burguesía de kerensky y rómulo; o las metas del 4 de Febrero irán al cajón de las hazañas pospuestas, junto a los sueños de Bolívar, o el árbol de las cuatros raíces producirá su más hermosa cosecha.

La historia se repite como farsa, eso es verdad, pero también es cierto que la huella profunda de los grandes líderes, el recuerdo de las heroicas hazañas, siguen viviendo en el alma colectiva, y siempre habrá un relevo para la continuidad revolucionaria. Es así, el periodo de Chávez, esos años quedan tatuados en el corazón colectivo; su conducta, su ejemplo, no se pierden, al contrario, se elevan con el tiempo. Y siempre surgirán los jóvenes, los limpios de corazón que por sobre la pequeñez retomen la lucha con el aprendizaje de lo vivido con Chávez, de las esperanzas levantadas, con el recuerdo de las luchas. Siempre habrá quien agrupe los pecios y reconstruya el navío poderoso de la Revolución.

Debemos estar preparados para cuando aparezca de nuevo la concreción de la esperanza, puede ser mañana, puede llevar un mes, quizá un año, pero siempre renacerá la llama que enciende los corazones de los humildes.

Estamos seguros que 2017, el año del centenario de la primera toma del cielo por asalto, dejaremos otra profunda huella en la marcha de la humanidad.



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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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