FIDEL

 

Cuán difícil resulta resaltar las cualidades humanas de algunos seres extraordinarios, providenciales, que pasan por la existencia humana signados  para emprender tareas inimaginables de transformación humanitaria, desafiantes ante los retos y peligros que sus misiones presentan y  decididos sin vacilaciones para cumplir con las acciones necesarias para su cumplimiento. Más difícil aun es tener la convicción de que es justo el análisis que uno pueda hacer  ante la noticia de la partida física de uno de estos hombres entrañables a través de la palabra escrita o  pronunciada para expresar con honor el sentimiento interior despertado desde hace 63 años.

La noticia lacónica y breve de que Fidel ha muerto encierra tanto significado, porque si bien la muerte es esperada por cualquier persona que ha remontado el cúmulo de años que intensa y sabiamente él vivió, el deseo perverso de una minoría mezquina de amor y justicia  que se recreó en el episodio de su muerte de Fidel, nos acostumbró a pensar que Fidel era eterno no solo en lo espiritual sino físicamente; pero es que la decisión de que sería su última aparición pública ya estaba tomada cuando Fidel el 19 de abril  en el acto de clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba en la Habana, vaticinó:  “Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me había ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar, pronto seré ya como todos los demás, a todos se nos llegará nuestro turno pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos”…..para concluir más adelante en su discurso: …… A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos transmitirles que el pueblo cubano Vencerá. Ttal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala, he votado por todos los candidatos sometidos a consulta por el Congreso y agradezco la invitación y el honor de escucharme, los felicito a todos y en primer lugar al compañero Raúl Castro por su magnífico esfuerzo. Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos  pronto lo que debemos perfeccionar con lealtad meridiana y la fuerza unida con Martí, Maceo y Lobos en marcha indetenible, Fin.

Este discurso hizo que afloraran a mi mente y se agolparan  en mis recuerdos de asiduo oyente de la Radio Rebelde en las sierras del Escambray primero y luego en “Radio Habana, Cuba”  la voz del líder de siempre en aquellos gloriosos años 60 de la Revolución Cubana, sintiéndome inmerso en un tiempo detenido para terminar convencido de que transcurridas varias decenas de años su ejemplo, reciedumbre y actitud combativa lo convirtieron en la conciencia de América y el mundo y ejemplo de  una nueva pléyade de seguidores de su impronta comprometidos con  sus respectivos pueblos que recogen su voz para luchar contra un imperio que potenciado ahora con  la complicidad de sus aliados del terror, administran el propio.

Regresa la imagen de Fidel en su reciedumbre, en su identificación con su pueblo, repitiendo un discurso que bien podríamos aplicarlo hoy a nuestra revolución para evidenciar que el imperio sigue siendo el mismo en su empeño devastador y perverso, recuerdo su autodefensa: “Condenadme, no importa, la Historia me absolverá”, los juicios populares a los esbirros de Batista, su Primera y su Segunda Declaración de la Habana, su discurso cuando convirtió en Escuela al Cuartel Moncada, y sus largas, didácticas y revolucionarias  intervenciones diarias por Radio Habana-Cuba, donde analizaba situaciones, descubría obstáculos, instruía procedimientos para resolverlos y era implacable con todo aquello que entorpeciera la Revolución.

En enero de 1959 se estableció el gobierno revolucionario y con él llega la burguesía entreguista a ocupar algunos cargos que de seguida hicieron surgir las contradicciones, resueltas por Fidel como primer ministro en el mes de febrero que terminarán con la salida  del presidente Urrutia por la presión popular. De allí en adelante aparecerá un nuevo factor protagónico: el pueblo. Este nuevo ente multifacético no es una suma de elementos de una misma categoría, actuando como un manso rebaño. Es verdad que el pueblo sigue sin vacilar a los líderes de la revolución y a Fidel, pero la confianza depositada en él obedece a la interpretación que Fidel hace de las necesidades, los deseos y aspiraciones del pueblo y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas.

Ese pueblo se entregó incondicionalmente al proceso revolucionario ante todos los avatares de la revolución,  estuvo presente en la invasión de Playa Girón, en los ataques armados de  la CIA, en la crisis de octubre, en la heroica intervención de Angola y otras misiones internacionalistas y desde entonces, hasta hoy,  sigue trabajando en la construcción del socialismo mediante las campañas médicas y alfabetizadoras a través del mundo entero. Hasta aquí pareciera que tienen razón quienes hablan de la supeditación del individuo al Estado, pero si el pueblo realizó con entusiasmo y disciplina las tareas impuestas por el gobierno, ya sean de índole social, política, económica, cultural, deportiva u otra, la iniciativa por lo general partió de Fidel o del Comando de la Revolución, que este tomó como suya haciendo que algunas decisiones locales  se tornaran nacionales por iniciativa del pueblo. Las relaciones de  Fidel  con su pueblo en las grandes concentraciones fueron un diálogo entre dos diapasones cuyas vibraciones produjeron otras nuevas en un mundo cambiante hasta alcanzar el clímax en un final abrupto coronado por el grito de Lucha y Victoria o Patria o Muerte, Venceremos.

Con la esperanza de que otros, y otras, hombres y mujeres con sus respectivos pueblos se vayan sumando en este sueño Bolivariano y Martiano de la unión de nuestra América. Viva Fidel.

Miguel G. Osío Sandoval

C.I.     V-1.347-833

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@mgosiosandoval

 


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Miguel Antonio Osío Sandoval


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