Binóculo Nº 233

"Mire Doña Soledad" o la involución de un canto

"El doctor y el comisario/ siempre le hablan de la ley/ que hay que respetar lo ajeno/ aunque no haiga de comer/ pobre compadre Miguel/ la vida que le ha tocao/".

No suelo escribir sobre las personas en términos personales, pero en este caso lo haré porque esta persona me afectó directamente. Me afectó favorablemente quiero decir. Debí tener 12 o 13 años cuando escuché esa canción grabada en un casette que sonaba en el reproductor de un amigo mío. Un amigo con recursos, por supuesto, porque no era posible tener un aparato de esos en esa época, si había que pensar primero en comer.

Fue la primera vez que escuché una canción con la que me identifiqué, cuya letra me abría los ojos a una serie de interrogantes para la que no encontraba explicación. Escuchando las canciones de ese casette, me impresioné mucho. "La paloma se murió/ se murió con un disparo/ Un hombre estaba mirando/ con un fusil en la mano/ Se quedaron esperando/ en la iglesia, sus hermanos/ Qué parabienes tristes/ tengo que cantar yo/".

Tampoco había escuchado tanta dulzura en una voz, tanto sentimiento, tanta capacidad de transmitir.

Ahora sé que tenía 12 años por otras cosas que ocurrieron en esa época. Y me volví un adicto a esa música. Mi amigo tenía varios casettes con muchas canciones de protesta, incluyendo de la Guerra Civil Española: "El dieciocho de julio/ en el patio de un convento/ el partido comunista/ fundó el Quinto Regimiento/ Venga jaleo, jaleo/ suena la ametralladora/ y Franco se va a paseo/" que es a su vez el parafraseo de un hermoso poema de Federico García Lorca, uno de los más grandes poetas que ha dado la humanidad.

Pero siempre volvía a la voz melodiosa y triste, a los tonos agudos y sonoros, al vibrato conmovedor de aquella cantante.

Y finalmente logré que mi amigo me prestara el casette con la promesa de grabarlo y devolvérselo. Una novia, con más posibilidades económicas que yo, me ayudó en esa empresa, tenía un reproductor y tenía un casette. Cuando me entregó aquel tesoro grabado que ya era mi propiedad, no es posible describir la sensación, ni la gratitud eterna que le tuve a quien el destino le jugó una mala pasada antes de cumplir los 30. Hasta ese momento fuimos amigos y recordábamos con fervor, en la confidencia clandestina pues ambos éramos casados, aquellos momentos adolescentes de irreverencia y poesía, de solidaridad y amor. Sus besos entonces me sabían a canciones y sus tiernas caricias a construcción de vida.

Me aprendí de memoria las canciones de aquel casette. Aún las recuerdo, incluso las canto. Yo era adolescente cuando caminé los pasillos del Pedagógico de Caracas. Caminaba con un grupo teatral que se llamaba "Piso 3". "Soy demócrata, tecnócrata, plutócrata e hipócrita" le escuché cantar a Ángel Parra, hijo de Violeta la poetisa chilena, en el auditorio de ese recinto. Era mi incursión en un mundo que desconocía, pero que sin duda era el mundo que estaba buscando, donde podía encontrar explicaciones, aunque no siempre respuestas.

"Y pa´seguir la mentira/ los llama su confesor/ les dice que Dios no quiere/ ninguna revolución/ ni pliegos ni sindicatos/ que ofenden su corazón". Escuchaba yo sentado en el autobús vía Catia a aquella voz tan extraordinaria.

Varias veces fui a verla en el Aula Magna de la Universidad Central. Años después, Soledad Bravo se sentaba junto a Alí Primera para cantar en el auditorio de la Facultad de Humanidades. Me complació tanto aquello. Ya era estudiante del alma mater y salía de allí hinchado y convencido de que la revolución estaba cerca.

Tal influencia ejerció Soledad en mi generación. Cantaba en todos lados y estaba dispuesta a participar en cualquier acto que fuera en honor a los presos políticos, a los caídos, a los lanzados desde un helicóptero, a las madres y esposas que quedaban al desamparo. La suponía con tal nivel de conciencia y la veía con tal nivel de admiración, que me asombra el video visto recientemente despotricando en contra de todo lo que fue en su juventud y su adultez. Bien decía Bolívar que el talento sin probidad es un azote.

"La guerrillera tiene vidita/ sangre en el alma/ su bandera es madera de las guitarras/, entona su bella voz hoy día en los portales internacionales de organizaciones políticas y sindicales.

Y digo adultez porque no era una niña cuando entonó las canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en aquel memorable disco "La Nueva Trova Cubana". "Siempre que se hace una historia/ se habla de un viejo de un niño o de sí".

Incluso en ese proceso evolutivo que debe tener todo artista, me encantó ese maravilloso disco "Cantos de Venezuela", ya era el salto de la canción protesta: "Las estrellas en el cielo toitas tienen su nombre/ y a la ingrata de María la llamo y no me responde". Había un trabajo de recopilación, musical y una dulzura para cantar de una finura incomparable.

¿Dónde comenzó la involución de Soledad? No lo sé. Yo digo que cuando hizo los "Cantos Sefardíes" lo que después se completó con el matrimonio con ese émulo barato de la inteligencia que asegura ser filósofo. Por cierto, también comentó en alguna oportunidad su pasado izquierdista. No hay peor ser humano que un izquierdista saltatalanquera, porque pierden su condición de humanos. En mi criterio, un traidor no es un ser humano. Es una especie de basura sin límites.

Viendo a Soledad en ese video y escuchando las barbaridades que dice, me preguntaba dónde quedaron todos esos años dedicados a las luchas sociales. Incluso me preguntaba si alguna vez estudió, o al menos escuchó hablar de las teorías políticas, qué era capitalismo, socialismo, clases sociales. ¿Cómo puede estar al lado de aquellos que son responsables de las barbaries de las que ella fue testigo? Porque aunque no las vio, se las contaban.

Y viendo el video, también me preguntaba, qué ocurre en una persona que debería crecer por dentro y no es más que un ente cargado de odio. Creo que la respuesta la tiene Silvio Rodríguez: "Que fácil es engañar al que no sabe leer / cuantos colores, cuantas facetas
tiene el pequeño burgués/. Que fácil es trascender con fama de original / pero se sabe que entre los ciegos /el tuerto suele mandar / Que fácil de apuntalar sale la vieja moral / que se disfraza/ de barricada / de los que nunca tuvieron nada / que bien prepara su mascarada / el pequeño burgués. / Viva el harapo señor / y la mesa sin mantel / viva el que huela a callejuela a palabrota y taller".

Pero sin duda quien mejor la describe es Alfredo Zitarrosa: "Mire doña Soledad, póngase un poco a pensar/ Doña Soledad, cuántas personas habrá que la conozcan de verdad/ Yo la vi en el almacén, peleando por un veintén/ Doña Soledad, y otros dicen haga el bien, háganlo sin mirar a quién".

Caminito de hormigas…

Las huestes de María Corina, o lo que queda de ellas, están a punto de abandonarla. Están siendo enamorados por Voluntad Popular. Hasta ella está pensando en empujarse para allá. Habrá que ver cuál de las dos prepotencias privara. Si la Freddy o la de ella… Mientras Freddy Bernal da una batalla por el reparto de los Clap, sigue el negocio con las entregas. No hay carne, no hay pollo, no hay leche, pero todo eso lo importa el gobierno. A dónde van a parar… La Chet está en crisis, caída en manos de enemigos. Desde que lo venimos diciendo. "Ahora los médicos mafiosos implementaron el mecanismo de operar los fines de semana, pero le cobran al paciente", me comentó la fuente.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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