Crónica sobre la miseria humana

"¡Oh, miseria humana, a cuantas

cosas te sometes por el dinero!".

-Leonardo Da Vinci-

1

No hay la medicina

Odio hablar de enfermedades. Mucho más escribir sobre mi caso. Pero las circunstancias me obligan a utilizar el portal de Aporrea para alertar a los venezolanos y venezolanas que, por alguna razón, tienen que utilizar un medio como la televisión para solicitar alguna medicina que le hayan prescriptos los médicos, y que, como sucede a menudo en esta crisis que afecta a Venezuela, no la adquiera en las farmacias. El cáncer me avisó tarde que estaba invadiendo mi cuerpo, a través de la zona prostática. Ya lo había hecho hace unos cinco años aproximadamente, y la ciencia médica había hecho su trabajo durante el recorrido de los primeros cien metros. Luego Dios tomó el testigo e hizo lo demás, tal como suele hacerlo cuando lo llamo. Pero ahora la enfermedad me atacó con furia y se alojó en mi columna lumbar. Fue, exactamente, cuando la oncóloga me recetó tres medicamentos. Dos en ampollas, localizadas en Venezuela, a través del Seguro Social, y la Bicalutamida en tabletas de 50 miligramos, la que abandonó al país hace uno o dos años. Sin embargo, mi señora esposa, compañera de toda o casi toda mi vida, comenzó a hacer diligencias para ver si la conseguía. Llamó a Raimundo y a todo el mundo, e difundió la información hacia Colombia, Estados Unidos, Brasil y Las Islas Canarias, de España, la llamada Madre Patria. Hubo respuestas positivas desde el exterior, pero el envío no ha permitido la llegada del medicamento a Puerto Ordaz. Paralelamente se me ocurrió llamar a Venevisión con el objeto que me incluyeran en el "Servicio Público" que divulgan en los noticieros. La respuesta fue inmediata. Mi llamado se difundió.

2

¿Quién tiene Bicalutamida?

Las llamadas no se hicieron esperar. Mi señora esposa no se daba abasto para atender el teléfono. En pocos minutos atendió no menos de 15 llamadas. ¿Saben qué? Todas. Terroríficamente, todas, resultaron sospechas. Personas que llamaron para jodernos la vida. Unos, con segundas intenciones, otras, para burlarse utilizando diferentes mensajes. Pero burla al fin. Fue cuando se presentó la llamada de un hombre, serio el "señor", con su voz de acento de viejo andino, "ubicado" en San Cristóbal. "Mi señora, yo localice su medicina en una farmacia de Ureña. Hay tres cajas a 4.100 bolívares cada una. Yo puedo, si usted tiene el bien de aceptarlo, comprarlas, mientras usted me deposita en mi cuenta en el Banco Caribe, ¿le parece, mi señora? Todos nos alegramos en la casa. Tres cajas era buen número para comenzar el tratamiento, mientras se diligenciaba en otra parte. El vejete dijo que él viajaba, frecuentemente a Caracas y otras partes del país, llevando azúcar, harina de maíz, aceite y café, entre otros productos, a precios razonables, en el mundo del bachaqueo. De paso nos ofreció si estábamos necesitados. El caso es que mi señora le pidió el número de cuenta. Y le depositó los 13.500 bolívares. Nos dijo que él tenía un viaje para El Tigre, con "mi camioncito, viejo, como yo, pero rendidor el mejor. Soy un viejo loco para manejar y caminar por estos caminos de mi Venezuela querida". De allí mire que paso a Puerto Ordaz, ese es un pasito. Espérenme. Con tal perorata quién podría dudar.

3

Entre el bien y el mal

El "viejo loco" dizque se perdió entre El Tigre y Puerto Ordaz. La última llamada que atendió fue para decir "espérenme como a las 11, estoy cerca". Ya usted, mi apreciado lector, intuye lo que pasó. El fulano no atendió más llamadas y, por supuesto, nunca llegó. Nos había estafado. Había pasado, una vez más, la prueba de la maldad con 20 puntos. ¿Usted cree que eso sucedió en otro país? No. No, señor, pasó en esta Venezuela en crisis, donde ya no hay valores, ni solidaridad, ni ética, ni siquiera respeto para el dolor ajeno. Nos hemos convertido en personas indolentes capaces de chuparle la sangre a cualquiera, con tal de hacernos daño y de apoderarse de un poco de dinero. No voy a pasearme por las interpretaciones de la maldad. No es hora de análisis de ese tipo. Pero sí debo decir que el mal obedece a una conducta desviada e indolente del ser humano. Este "señor" de nombre innombrable se apartó del camino de Dios. Se dejó vencer por el diablo y anidó en su mente malévola los métodos de como estafar a muchas personas que acuden a diario al servicio público de las televisoras de este país, con el fin de que surja un alma bondadosa con el medicamento solicitado. Pero uno se encuentra con almas perdidas que nunca han sabido que existe un Dios que desde arriba lo percibe todo, incluyendo el mal que le hacen a sus semejantes. Es la miseria humana que deambula de un lado al otro. Es rápida, tanto que alcanza y castiga a quien la adora por un puchado de dinero.

Puerto Ordaz, 6 de noviembre de 2016.



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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