Paz, violencia, tolerancia y diálogo (I/II)

"¿Qué es la tolerancia? Es lo propio de la humanidad. Todos estamos llenos de debilidades y errores; perdonémonos recíprocamente nuestras tonterías, es la primera ley de la naturaleza"

Voltaire

"No existe un único concepto de paz.

Por eso la imposición de nuestro concepto de paz no puede llevar a la paz.

El camino a la paz no es fácil.

La paz es revolucionaria, perturbadora, provocadora, exige

la supresión de la injusticia, del egoísmo, de la codicia."

Raimon Panikkar

"apostar en favor de la no violencia es siempre preferible a apostar en favor de la violencia"

J. Ferrater Mora

"Sin diálogo, la diversidad es inalcanzable y, sin respeto por la diversidad, el diálogo es inútil"

Ramin Jahanbegloo

Dos preguntas filosóficas guían la presente reflexión sobre diálogo, tolerancia y paz. La primera pregunta es: ¿qué es más acorde con la naturaleza humana, la paz o la violencia? No se trata de una pregunta antropológica, sino más bien ética. No pregunto si lo más característico del ser humano es la paz o la violencia, sino ¿qué es mejor para los seres humanos, la paz o la violencia, tener temperamento pacífico o violento, vivir en una sociedad donde reina la paz o donde impera la violencia? La segunda pregunta es: ¿qué es antes, la paz exterior (social, política, económica) o la paz interior? No se trata de una pregunta cronológica, sino ontológica. No pregunto si aparece primero la paz exterior y después la paz interior, sino algo distinto: ¿es la paz interior la raíz de la paz exterior o es más bien la paz exterior el origen de la paz interior?

I. Bobbio y Severino

En cierta ocasión Norberto Bobbio dijo: "La violencia y el diálogo representan dos soluciones opuestas e inconciliables de los antagonismos que dividen a los hombres: la primera, basada en la destrucción; la segunda, en el respeto de aquel a quien cada uno de nosotros considera el otro (el prójimo).No se puede comprender a fondo esta oposición si no se penetra hasta las raíces del fenómeno de la violencia en la historia". El filósofo italiano Emanuele Severino en su libro "El parricidio fallido" se pregunta: ¿no podría ser que, llegando hasta estas raíces, se dé uno cuenta de que diálogo y violencia no son en absoluto dos soluciones opuestas e inconciliables de los conflictos humanos, sino solamente dos modos distintos de expresión de la misma esencia?

II. Dialogo y Tolerancia

Lo característico y distintivo del ser humano es tener lógos y poder elegir, mejor dicho, tener que elegir y tener que encontrar "lo bueno", siempre dentro de una situación concreta. El pensador Karl Popper decía: "Conviene que se enfrenten los argumentos, para que no tengan que enfrentarse las personas". ¿Qué argumentos sostendrán los oficialistas y la oposición? ¿Se reconocerán unos a otros? ¿Renunciarán (¿pelaran el boche?) a construir un país (sociedad) decente, verdaderamente humana?

El diálogo es en esencia, una labor espiritual, algo que trasciende las palabras, los gestos y los silencios. El diálogo no es algo que pueda tomarse a la ligera. Requiere disciplina, madurez, humildad y sobre todo phrónesis (prudencia).

La tolerancia es un concepto central en la filosofía moderna, y su práctica suele reconocerse como una constituyente esencial de las sociedades liberales y plurales. En consecuencia, la tolerancia se ha convertido en una cuestión importante en nuestro mundo. A pesar de ello, todavía no hay un acuerdo amplio y generalizado acerca de su forma y contenido. La expresión tolerancia puede ser utilizada en más de un sentido. La teoría política y en el lenguaje común el concepto de tolerancia permite una vasta gama de significados. Puede ser tomada como sinónimo de respeto, comprensión, o de debilidad, o complacencia. Entre otras posibilidades, la idea de tolerancia se aplica tanto a la evaluación de una aptitud, como al razonamiento sobre el valor de esta aptitud. Es decir, puede ser utilizada para designar la "aptitud para soportar", como cuando se dice que un objeto tolera el peso que sobre él ejerce otro objeto, o que un enfermo aguanta una cierta dosis de medicamento; como también para hacer un juicio de valor sobre esta aptitud: como cuando se dice que la tolerancia social es una virtud. La tolerancia nació y tal vez sigue naciendo del rechazo de conductas y actitudes que empiezan a percibirse como dañinas para algo que nos incumbe. Eso que nos incumbe es la posibilidad de la convivencia política entre ciudadanos que creemos cosas distintas. Dañar e impedir esa posibilidad de convivencia es lo que la tolerancia rechaza. Tolerar es comportarse de tal forma que no hagamos de alguna creencia propia una condición absoluta de la convivencia.

Usamos el término "creencia" en un sentido lato. [Ejemplo de creencia es lo expresado por el Gobernador de Barinas: "Como pueblo tenemos la razón histórica, moral, jurídica y política"

( http://www.aporrea.org/actualidad/a235993.html)]

La intransigencia, el autoritarismo y la intolerancia conducen a un callejón sin salida, a la cerrazón más absoluta. ¿Cómo hacer que grupos e individuos se entiendan cuando no quieren entenderse? Si en algo la tolerancia se fundamenta es en el dialogo. En el diálogo las personas entrelazan sus vidas con la de los demás. A través de él se confecciona el tejido de una vida de relación tolerante. La tolerancia sabe que hablando -cuando la intención es sincera- se puede llegar a acuerdos, a puntos comunes. Dialogar. representa poner en práctica dos virtudes: la voluntad de entender al otro y la habilidad para hacerlo. La grandeza del dialogo no puede esconder, sin embargo, su gran debilidad nadie puede dialogar con quien no lo desea o con quien pretende permanecer, a todo precio, en posiciones "inamovibles". Es propio del dialogo acercar posiciones, sobre todo si por ambas partes reina la buena voluntad. Desconfiemos siempre de las personas que no quieren presentarse a un diálogo sincero, de acercamiento de posiciones. No se puede ir por la vida como si fuera el único depositario de la verdad, y fuera de él sólo reina el error y la confusión. Con el que no dialoga, el punto de partida y de llegada es él mismo. Con muchísima frecuencia en la confrontación de opiniones se hace la luz de la verdad. Con frecuencia tenemos de las cosas y los acontecimientos una visión muy parcial, porque están tamizados por nuestro subjetivismo. Se hace necesario ver desde esta óptica este mismo fenómeno, para saber qué nos dice y en qué coincide con la anterior visión. El contraste de pareceres, consecuencia del diálogo, es siempre enriquecedor. Únicamente a los que están muy poseídos de que en ellos está la verdad y desconfiar de los otros, no les hace falta el diálogo, que a lo mejor lo interpretan como una manifestación de debilidad. Las cosas opinables son muchas en esta vida, y desde una perspectiva solitaria sólo se puede tener una visión parcial y unilateral. No confiar en los demás es al menos un acto imprudente. La autosuficiencia es mala amiga de la verdad, y además crea distanciamientos entre las personas. No podemos olvidar que nuestra instalación en la vida es social. Debemos relacionarnos con los demás dada nuestra condición de ser sociales, pero para eso el diálogo no se puede convertir en un simulacro social en el que no se cree. El diálogo será el medio utilizado para que se lleve a cabo el proceso de la socialización.

Es importante que los venezolanos y venezolanas estemos unos cerca de otros. Nos va en ello no sólo nuestra calidad de vida, sino nuestra condición humana.

III. Lecturas Sugeridas

http://www.aporrea.org/actualidad/a229343.html

http://www.aporrea.org/actualidad/a230131.html

http://www.aporrea.org/actualidad/a230713.html



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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