El huellazo

“Perder o ganar. Pero siempre en democracia”

Democracia corinthiana.


 

El “huellazo” es un término que acuñó un compañero de Marea Socialista en alguna de nuestras plenarias, con el cual hemos querido dar título al presente escrito como parte de una sana y vivificante polémica a lo interno de nuestra organización respecto a qué hacer ante la posibilidad de activar el mecanismo previsto en la constitución de la república, que posteriormente pudiese o no dar paso al referéndum revocatorio.

El debate sobre el tema, participar o no participar en los tres días estipulados por el CNE para la colocación de las huellas dactilares, trasciende a Marea, así como a cualquier otra organización política, y está muy instalado en la población en general. Las dudas al respecto las hay a granel y que bueno que así sea. Nosotros queremos dar nuestro primer aporte público al respecto por medio de estas breves líneas.

Votar por Nicolás Maduro en el 2013 era una consecuencia lógica para quienes hemos venido acompañando la experiencia que hacia la gente en el marco del proceso bolivariano. El liderazgo de Chávez era la encarnación de una enorme diversidad que se había congregado en torno a un sujeto político y social al que se le dio el nombre de “Chavismo”. Éste sujeto, débil teóricamente, pero fuerte en movilización y acompañamiento a su principal dirigente, desfiló durante varios días frente al cuerpo del lamentablemente fallecido líder, realizando un juramento que cumpliría en su primer paso, colocando en Miraflores al hoy presidente de la república, acompañado de la premisa que “gobernaría junto a su pueblo”.

Que Venezuela esté pasando hoy por la peor crisis económica de su historia, no es un hecho casual ni tampoco responde exactamente a la crisis global del capitalismo como han querido explicar muchos intelectuales y eruditos del análisis. Otras explicaciones como la muletilla de la “guerra económica” o atribuirle la situación a la baja de los precios del barril del petróleo también se desvanecen ante una realidad abrumadora, que tiene su gran radiografía en hechos concretos como la corrupción, el desfalco a la nación, el burocratismo, el nepotismo chévere o el deterioro galopante de todo el aspecto democrático, entre otros.

El PSUV, así como el gobierno, ambos presididos por Nicolás Maduro, han encontrado en el autoritarismo y en los negocios de cúpula, su forma particular para responder al terrible estado en que se encuentra el país. Bajo el mandato de Maduro se han creado organismos como las OLP o los CLAPS, que son, el primero para afincar el terror en los sectores populares por la vía de las razia, y el otro como instrumento vigilante e intimidatorio, a través del cual intentan administrar de forma policial una bolsa de comida.

El desfalco a la nación no es cualquier tema. Desde Marea Socialista decimos y demostramos que las cifras desfalcadas, superiores a los 500.000 millones de dólares, alcanzaría para 9 años de importaciones, a la misma cantidad de lo que se realizó en el 2012 que fue uno de los años de mayor importación. La posibilidad de auditar dicho desangre histórico y dar con los responsables es vaga si se esperase de un gobierno que por el contrario privilegió realizar un negocio con trasnacionales mineras y conceder el 12% del territorio nacional en el llamado proyecto del arco minero del Orinoco.

También en este periodo de gobierno, en la pasada Asamblea Nacional bajo el amparo de Diosdado Cabello, le fue arrebatado el derecho que tenían los ciudadanos a escoger por voto directo a nuestros diputados al parlamento latinoamericano, en una maniobra que llenaría de admiración a cualquier régimen autocrático donde quiera los hubiere. En la medida que se violentan y arrebatan derechos conquistados desde 1999, tanto el CNE, e igual el TSJ se han convertido en brazos ejecutores de gran parte de la política autoritaria y antidemocrática del gobierno. Como ejemplos notables podemos aludir que hemos llegado a un momento en el que ya no se realizan elecciones de ningún tipo: ni sindicales, ni a gobernadores, ni a prácticamente a nada.

De tal manera que el rechazo que hoy expresa abrumadoramente el pueblo venezolano, más que ha Maduro, aunque éste lo personifique por ser el presidente, es un rechazo a un rumbo que escogió la dirección política PSUV-Gobierno. Es un rechazo a su indolencia, a su engaño, a su falta de solidaridad, a su cinismo, a su soberbia, a su ruta neoliberal. Esa ruta ha llevado a la cúpula roja a aplicar el programa de La MUD, que por cierto habla y actúa a su manera respecto al referéndum revocatorio, precisamente para que no haya ningún referéndum, pues el pacto que están trabajando desde hace rato, representa el verdadero desenlace para ellos.

 

Participar o no colocando la huella y nueva referencia política

Que el gobierno de Maduro merece ser revocado, no cabe ninguna duda. La duda entra como gran elemento del debate, es que el referéndum lo está convocando la otra cúpula responsable de todo el desastre que estamos padeciendo, La MUD. Sobre esto nos parece que es una interpretación a la que deberíamos hacer un gran esfuerzo por nivelarnos en la discusión, como respuesta. Y es a partir de un derecho que está consagrado en nuestra carta magna y que no se lo puede atribuir propiamente ninguna organización. Es decir, primero quien debería evitar ser revocado es el gobierno, para ello debió actuar y hacer de otra manera, porque en última instancia quien revoca es la gente participando.

Lo otro a valorar, es que La MUD, tan autoritaria y antidemocrática como el gobierno, ha hecho uso de una conquista constitucional, para presionar y usar como ficha de negocio, siendo así que no está interesada para nada que en esos tres días, 26, 27 y 28 de octubre, se de una gran desbandada de gente colocando sus huellas, ya que una participación masiva de la gente pondría a temblar a ambas cúpulas y sucedería un efecto contrario a lo sucedido en Colombia con el plebiscito, pero con resultado final algo parecido. En Colombia el gobierno de Santos y Las FARC fueron rechazadas con la indiferencia de 64% de la población electoral que no participo, mas quienes se animaron a hacerlo votaron mayoritariamente por el NO.

En Colombia, el tema del llamado acuerdo de paz, que al respecto trataron a la población como invitado de tercera categoría, más el acto del plebiscito, ha desatado algo inesperado e indeseado, y es que se están dando numerosas concentraciones exigiendo una paz de la que si quieren ser parte y que no es la paz de Santos, ni de Las FARC, ni mucho menos les convoca Uribe.

En Venezuela participar abrumadoramente seria participar contra las cúpulas PSUV-gobierno/MUD. Seria enaltecer y defender la última ventana democrática que nos va quedando y seria también un primer paso como gran expresión social de un sector mayoritario, independientemente de su composición política que hasta ahora ha sido marginado por las cúpulas en todas las tomas de decisiones fundamentales del país.

Construir una nueva referencia política, por lo cual apuesto militantemente, queremos que se dé plenamente en democracia. Con ello debemos jugárnosla defendiendo nuestra constitución. Es por ello, y lo que es mi posición individual, acompañaré a una enorme cantidad de venezolanos que irán a colocar sus huellas para expresar su rechazo al hambre, al maltrato, al cinismo, y al atraso al cual nos ha llevado un gobierno que no cumplió mínimamente con lo que fue la tarea encomendada, así como tampoco con las expectativas de continuar con el sueño de millones de personas de construir un modelo alternativo al fracasado capitalismo.

 

Gustavo Martínez Rubio



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Gustavo Martínez Rubio


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