¿Qué dónde está la verdad?: en el cambio revolucionario y socialista

La realidad es, en principio, un caos que no significa nada, pero sirve de alimento a la verdad, la verdad es un pedazo de realidad con significado, con valor humano. Cuando tú haces una fotografía atacas al caos de la realidad privilegiando solo parte de ella, ese pequeño marco de realidad comienza a tener significado, el cual puede ser verdadero, con valor ético, o solo puede ser muy bonito, muy justo y ya. La realidad de nuestra vida cotidiana sigue siendo un caos que hemos aceptado como una verdad por la costumbre, muchas veces dada como natural, como un destino, la verdad de la sociedad de ricos y pobres, propietarios y esclavos. Es distinto con el Arte, el artista selecciona con cuidado de la realidad los elementos de su verdad, como crítica a ella. Pero es lo que sucede también con las grandes ideas que se alimentan de la realidad, y de la política seria que también se alimenta de ella; comienzan a tener valor ético de tanto confrontarse con ella, comienzan a acercarse a la verdad de toda la sociedad humana.

En general, alguien pregunta que dónde está la verdad, bien la verdad está donde está tu corazón, y tu mente y tu cuerpo entero. En resumen, no es dada, no viene de afuera, es profundamente humana, es obra humana. Es el único Dios que existe, aquel creado y amado por el hombre, sea verdad revolucionaria o no, ha sido creada por el hombre, y como tal va de su mano.

La verdad es una revolución permanente…

El marxismo es un pensamiento que se alimenta de la realidad y se confronta y confirma con ella como un anhelo de justicia. Su método, su dialéctica es un continuo carearse con la realidad, confirmarse contra la realidad. Su verdad nace de anhelos, de valores humanos de justicia y rebeldía, y también yace en su método, gracias al cual nace una fuerte teoría crítica de la realidad, de otra verdad pero impuesta, intolerable para las mayorías paupérrimas, una crítica a otra ideología que se ha hecho hegemónica. Y la posibilidad de cambiarla, siempre confrontando a la realidad y siguiendo la guía de su verdad, de sus valores fundamentales de justicia e igualdad y respeto a la naturaleza, valores humanos demasiado humanos.

De Marx se pueden hacer infinitas descalificaciones y acusaciones, pero la yunta de una Idea de justicia e igualdad aunada a una crítica implacable a la realidad, a toda verdad decadente, es un valor poderoso en sí mismo, es hasta ahora una verdad irrefutada.

El liberalismo y el neoclasicismo económico, las dos caras teóricas del capitalismo, son el intento de hacer de una realidad, de un caos completo, una verdad universal incontrovertible; hacer comprensible, racional y natural al capitalismo, a la explotación capitalista humana y de la naturaleza y a las guerras en una seudo filosofía y unos métodos y prácticas investigativas precarios con pretensiones de conocimiento universal, y fatalista.

El Socialismo marxista es una idea, un ideal de sociedad que cuenta con una fuerte crítica de esa realidad y un método para su estudio; es una idea que busca sustituir la realidad, cambiar todo lo que deba ser cambiado para hacer posible una revolución social de justicia e igualdad. Su teoría es la revolución misma, su ciencia es la revolución misma. La verdad está en la base de su razón de ser, de su ideal, vivir siempre cerca de ella, alimentada de realidad y de valores humanos, susceptibles de cambiar y crecer.

En cambio, el liberalismo y la economía política clásica y neoclásica se construyen sobre prejuicios de clase, sobre presupuesto falsos de privilegios y hegemonías; sobre una gran mentira cargada en nuestro disco duro. Es así como sus métodos positivistas resultan precarios o desfasados de una realidad que los contradice cada instante, que suele negarlos, pues es difícil racionalizar un cáncer, un caos, como es vivr en la sociedad capitalista.

Una teoría, la liberal, quiere justificar la realidad presente que es una verdad dada y decadente y a la ideología burguesa o pequeñoburguesa que la sostiene, y la otra cambiar esa realidad, sustituir su ideología por otro sistema ideológico, sustituir un espíritu por otro de valores opuestos.

Uno, el capitalismo, tiene como valores la propiedad, el individualismo "gregario", el egoísmo, la depredación y destrucción, el engaño y la mentira. El otro, el socialismo, se basa en la verdad, en su búsqueda continua, en la transparencia, en la propiedad social, en la justicia social y la igualdad; en la consciencia del deber social. Los dos sistemas funcionan en direcciones opuestas.

La lógica del capital

Sobre esta lógica es imposible hacer una revolución, es decir, justificando la realidad capitalista. Por eso una fuerte crítica a la realidad actual acaba con las pretensiones de conciliar las ideas socialistas con la realidad capitalista, una buena crítica desmonta la trampa capitalista.

Una de las tareas más sofisticadas del sistema capitalista, de sus adelantos más sorprendentes, ha sido su capacidad de recuperación demoliendo el corazón ideológico de los revolucionarios disolviéndolo luego en una charlatanería barata. Es haciendo pasar una práctica capitalista como si fuera socialista. O viceversa, presentando al socialismo como practicas capitalistas bienintencionadas. El capitalismo puede hacerlo muy bien porque sus ideólogos, sus "tanques pensantes" todos vienen de las filas socialistas, son reclutados de las universidades y dentro de los militantes más pusilánimes, flojos y ambiciosos pequeñoburgueses (pero, acobardaos, incapaces de robar un banco; ni siquiera una latica de aceite el gallo).

CATO Institute; Heritage Fundation, solo estas dos instituciones publican semanalmente más de cuarenta publicaciones especializadas, por temas, por países, por razas, culturas, continentes, y en varias lenguas, etc, justificando y defendiendo al liberalismo, al capitalismo, la "libre iniciativa", la "libre empresa" (que es el verdadero rostro de los llamados "emprendimientos"), a la supremacía blanca e imperial. En Venezuela, CEDICE, uno de sus agentes más serios, ha formado a casi todos los periodistas que trabajan en los medios privados televisivos, radio y prensa escrita, sobre el estudio del liberalismo económico y político. Otro, Liderazgo y Visión (otra ONG) hace lo mismo: trabajan con líderes comunales pobres, con cara de pobres, con pinta de pobres, con olor a pobres para poder vender con ellos una ideología contraria a sus intereses de clase, pero con su anuencia.

Y si a eso le sumamos un gobierno infiltrado (hasta los baños y el cuarto del aseo) de estos personajes, hablando en los pasillos de "emprendimientos", es decir, de hacer negocios, o invitando a charlas a intelectuales de derecha; hablando de trampas para ganar más dinero; de cupos en dólares; mirando "fu" a los que hablan de socialismo... No me extraña que CEDICE haya formado a más de un economista y a un comunicador social del gobierno. De hecho, lo hizo con el Ministro (que fue de agricultura y tierras) Juan Carlos Loyo (dicho en una entrevista por la misma Rocío Guijarro firmante del decreto de Carmona)... Y así hay historiadores, economistas (para tirar pal techo), abogados, administradoras etcétera y etcétera.

No camarada, así no se puede hacer una revolución, si ese fuera el caso suyo. Imposible. Ellos, los infiltrados, están en su terreno. Les resulta fácil convencer a cualquiera con argumentos poderosos como estos: "Yo no creo en nadie" "Si yo no pienso en mí mismo ¿quién lo va hacer por mí?" "¡Las cosas son así y nadie las va a cambiar!" "¡Ocúpate de lo tuyo y deja a los demás que hagan lo que quieran!" "A mí lo que me importa es lo mío, ¡que me den lo mío y ya!"… Estos razonamientos, que llegan a lo más profundo de nuestro gregarismo pequeñoburgués (parece mentira) convencen. Sobre todo cuando no existe una contraparte ideológica revolucionaria. Y los ejemplos de las prácticas políticas del alto gobierno, que no ideologiza con revolución, que no politiza con revolución, están reducidas a crear premios presuntuosos y Estatuas de Chávez. Y que no puede hacer otra cosa sin molestar a sus aliados capitalistas, que le tienen una pistola apuntando al pecho de la economía y al pueblo atado de manos y en el suelo con sus necesidades exacerbadas y su conciencia amedrentada.

 

 

 



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Héctor Baiz

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