Desde su óptica particular el bocón se caracteriza por ser exagerado al extremo, ya que así mismo, se juzga como: “Una grandeza en su verbo”, no obstante a los ojos de los demás, seres comunes y corrientes, mortales como cualquier otro, resulta el bocón, una bofetada a la inteligencia.
En todos los países del mundo siempre hay, uno o más bocones, desafortunadamente en el nuestro, a partir de la instauración en 1999 de la verdadera democracia; la democracia participativa y Protagónica, se desató una epidemia de bocones, incluso los bocones pueden ser calificados, como “Una terrible pandemia impulsada por bacterias asesinas”.
Las democracias para ser realmente auténticas deben cumplir principios absolutamente nobles, que las conduzcan necesariamente al desarrollo del ser humano, por cuanto: no se puede comulgar con democracias para pocos sobre muchos, ya que las mismas, dejan de ser nobles en su esencia. A tal efecto cabe recordar al desaparecido Premio Nobel de Literatura José Saramago al decir: “Democracia es y debe ser el pleno ejercicio de la voluntad popular.”
El gran problema de nuestra democracia autentica y humana estriba en la suma de intereses particulares y los cuales, se oponen rotundamente a esta, por cuanto, los lesiona en alto grado, por esta causal dentro de ese cúmulo de intereses: “privados y mezquinos” surge la extraordinaria y siniestra figura del Bocón.
El bocón puede ser rápidamente reconocido por sus peculiares características, únicas en todo su ser, en primer lugar un rostro crispado, hosco y amargo, cargado de odio, luego sus ojos inyectados en sangre, ya que la misma se convierte en veneno puro, cargado de azufre y otros componentes embriagantes y finalmente las adorables manos del bocón se contraen de tal forma, que dan la ligera impresión, de querer desprenderse de su cuerpo.
Para concluir esta parte relativa al verbo del bocón, la palabra, la retórica de tan significativo personaje, resulta de una habilidad extraordinaria para el engaño, para la manipulación y además demuestra lo que bulle en su interior: “Veneno de la más pura Calidad” y que deja como niños de pecho, a los poderosos venenos de la cicuta y la cobra real.
En consecuencia a lo sostenido anteriormente, no resulta imprescindible citar nombres de emblemáticos bocones venezolanos, pues a cada momento, vemos a estos inefables personajes, en sus famosos medios audiovisuales de contrainformación, distorsionando la verdad, manipulando la conciencia del pueblo y vanagloriándose, por cuanto esto aparte de bocones, sufren otras afecciones como: megalomanía y además, odio hacia casi todo lo que les huela a democracia Participativa y Protagónica, lo único que resulta agradable, atractivo y vivificante a los ojos del bocón son, los dólares norteamericanos.
No obstante el propósito del presente artículo, persigue vincular o relacionar al bocón con la Santísima Inquisición, proceso implementado por la iglesia católica para castigar los delitos de desobediencia y desacato a la misma y muy particularmente, contra aquellos seres que en el campo de las ciencias, podían refutar creencias instauradas por esta iglesia y quienes como consecuencia de su desobediencia podían sufrir severos castigos, los cuales iban desde ser flagelados y torturados de las más aberrantes formas, hasta morir calcinados en la hoguera. Todo ello por haber actuado como sacrílegos o herejes (contrarios a los dogmas de esa doctrina religiosa).
La Santísima Inquisición tiene su aparición en la Época Medieval en Europa, específicamente sobre territorio francés en el año 1181 y su objetivo en forma inicial, era combatir la herejía de los llamados cátaros o albigenses, posterior a esa fecha en 1249, se implementa en el reino de Aragón, convirtiéndose en consecuencia en la primera Inquisición Estatal, luego siguió su avasallador paso de muerte, hasta instaurarse en la época moderna con la unión de Aragón con Castilla entre 1478 y 1821 bajo el control de la monarquía hispánica pasándose a llamarse, Inquisición Española, hasta su arribo a los nuevos territorios colonizados, nuestra América entre 1536 y 1821, sitio donde recibe la denominación de Inquisición Portuguesa y para cerrar con Broche de Oro cabe citar a la Santa Inquisición Romana y la cual abarcó nada menos y nada más que 423 años entre (1542 y 1965).
Atando cabos sueltos pues aún carecen de unión las palabras iniciales, podemos vincular Bocón y Santa Inquisición y nos encontramos que el bocón en el campo político en nuestro país es un inquisidor pues si fuese por el temible Bocón, todos aquellos quienes comulgamos con la verdadera democracia venezolana; socialista, revolucionaria, participativa, protagónica y humana, seriamos firmes candidatos, a sufrir los rigores de la Santísima Inquisición para culminar nuestros días sobre la faz de la tierra.
Prosiguiendo con el malvado bocón nos encontramos que estos extraños y desagradables espécimenes, se resisten violentamente al cambio o a los cambios, que se están produciendo en la Patria de Bolívar, de Sucre, de Chávez y de todos los que verdaderamente amamos esta tierra donde nacimos, contrarios al bocón, que reniega de la tierra donde nació y ama la tierra norteamericana, la tierra de sus verdugos, para muestra, con una Mesa de la Unidad y que “Democrática” y además, soltando clavos a cada momento y en descomposición basta y sobra.
El bocón en consecuencia resulta fundamental para manipular mediante las más aberrantes y diversas formas la mente de los demás, por cuanto, juzga que sus mezquinos intereses son más importantes que todo en el mundo y por consiguiente, debe protegerlos a como de lugar. Uno de los mayores miedos del bocón es perder sus enormes intereses materiales, ya que no posee intereses morales y menos espirituales, en todo caso intereses demoniacales, que tienen estrecha relación con su máximo jefe que reina en los infiernos.
En resumen el bocón en Venezuela siempre estará del lado oscuro, del lado de sus intereses políticos y materiales, del lado de los que tienen más, pero que seguirá manejando su verbo hipócrita, para captar adeptos a sus ideas cargadas de erotismo maquiavélico, para colocar o pretender colocar a sus detractores, ante el tribunal de la Santa Inquisición.
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