Acta mata votos

Los gobernantes para quienes el ejercicio del poder no está signado por el espíritu de servir sino por el de servirse suelen emitir expresiones de tanta desmesura y arrogancia, de tanto desprecio por la prudencia o la consideración hacia los otros, que uno se llenaría de estupor si no recordara que esas expresiones apenas si son pálidos reflejos de la arbitrariedad y a veces monstruosidad de sus acciones. A vuelo de pájaro y sin pretensiones de rigor acuden a la mente decires tales como “el Estado soy yo”, “después de mí el diluvio”, “donde pisa mi caballo no nace la hierba”, “ay de los vencidos”, “matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”, “muera la inteligencia”, “el que no está conmigo está contra mí”, “lo único que esperamos es ser dueños del mundo”, “nuestro patio trasero”, entre muchos otros procedentes de diversas lenguas y épocas que resumen la intemperancia de los fascismos de todos los tiempos.

Entre nosotros, y sin ir muy atrás, en medio de locuciones más o menos graciosas y en ocasiones tautológicas como “el hampoducto”, “las multisápidas”, “los áureos lingotes de oro” y otras por el estilo, un personaje ultraconocido, el señor Betancourt, acuñó dos terribles y fue invariablemente fiel a su contenido: “las calles son de la policía” y “disparar primero y averiguar después”. Uno de sus peones de brega dijo “no somos suizos” para justificar alguna tropelía. Y otra persona del mismo entorno, de quien nadie puso nunca en duda sagacidad y listeza, Gonzalo Barrios, hizo de la elaboración de frases ingeniosas, especialmente hacia el final de su vida, una cuasi religión semanal. Famosa fue aquella según la cual “a Carlos Andrés le hace falta un poco de ignorancia”. Y mucho más famosa, pero esta vez dentro de la tesitura de la arrogancia del poder que se sirve a sí mismo, fue la de que “en Venezuela se roba porque no hay razones para no robar”. En labios de uno de los mayores responsables del régimen final de la cuarta república ese dicho constituye la apoteosis del cinismo, así como la confesión acaso inadvertida del fracaso de toda una construcción política: la democracia representativa o formal que ellos, los adecos, habían impuesto junto con sus cirineos copeyanos.

Pero proviene de un personaje oscuro de esa misma cofradía, no sé si alguien sabe quién, la guinda del pastel de ese naufragio político. Es la frase brutal, desvergonzada, atropellante y despreciativa que caracteriza con mayor exactitud la claudicación ética de un sistema que fiaba su condición democrática al ejercicio quinquenal del sufragio: “acta mata votos”. Hasta aquí llegó el río. Acción Democrática en sus inicios concitó esperanzas populares multitudinarias y ganó elecciones legítimas. Hombres como Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Juan Pablo Pérez Alfonzo y algunos otros fueron el “gancho” con que Betancourt, calculador y pragmático, supo engarzar a la gente. Pero esos hombres y los de su igual estatura moral que allí estuvieron, o bien fueron abatidos por la muerte o tocados por el desengaño, o bien abandonaron una causa en proceso de cada vez más evidente degradación. Compárense nombres y ejecutorias y nada más hay que decir.

El acta-mata-votos es una secreción natural de las falsas democracias en decadencia y está sentando sus reales en todo el continente. Por eso sus padrazos odian la automatización y modernización de los sistemas electorales, tal como lo vemos entre nosotros, donde el sistema más blindado, transparente y supervisado de la tierra es puesto en la picota por quienes andan buscando la vuelta al pasado y sólo con trampas podrían lograrlo, trampas imposibles hoy. El acta-mata-votos está jugando ahora mismo en México –“operación tequila”-- y es posible que lo haya hecho en Perú (no nos pronunciamos porque los interesados directos no lo hicieron). Se necesitarán victorias contundentes para poder romperla. O la acción decidida de los pueblos para preservar sus victorias. ¡Que el pueblo de Cuauhtémoc, Hidalgo, Morelos, Juárez, Zapata, Villa y Lázaro Cárdenas no se deje, y demuestre una vez más que como México no hay dos!

freddyjmelo@yahoo.es


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Freddy J. Melo


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