Tortura patrocinada por las Empresas

En ocasiones los ataques a los líderes sindicales estaban coordinados con los propietarios de los lugares de trabajo. Demandas interpuestas en los últimos años han aportado algunos de los ejemplos mejor documentados de intervención directa de filiales locales de multinacionales extranjeras.

En los años previos al golpe en Argentina, el ascenso de la militancia de izquierda había afectado a las empresas extranjeras tanto económica como personalmente: entre 1972 y 1976 fueron asesinados cinco ejecutivos de la compañía automovilística Fiat. La suerte de tales empresas cambió radicalmente cuando la Junta militar tomó el poder y aplicó las políticas de la Escuela Chicago; ahora podían inundar el mercado local de importaciones, pagar salarios más bajos, despedir a trabajadores libremente y enviar los beneficios a casa sin trabas legales.

Varias multinacionales expresaron efusivamente su agradecimiento. El primer Año Nuevo del gobierno militar en Argentina, Ford Motor Company publicó en los periódicos un anunció de felicitación en el que abiertamente se alienaba con el régimen: "1976: Argentina encuentra de nuevo el camino: 1977: año nuevo de fe y esperanza para todos los argentinos de buena voluntad. Ford Motor de Argentina y su gente se comprometen en la lucha para conseguir el gran destino de la patria". Las empresas extranjeras hicieron más que dar las gracias a las juntas por un trabajo bien hecho: algunas participaron activamente en las campañas de terror. En Brasil, varias multinacionales se unieron y financiaron escuadrones de tortura privados. A mediados de 1969, justo cuando la Junta militar entraba en su fase más brutal, se lanzó una fuerza policial extralegal llamada Operación Bandeirantes, conocida por sus siglas, OBAN. Formada por oficiales del ejército, OBAN fue fundada, según Brasil: Nunca Mais, "gracias a contribuciones de varias corporaciones multinacionales, entre ellas Ford y General Motors". Al estar fuera de las estructuras militares y policiales oficiales, OBAN disfrutaba de "flexibilidad e impunidad respecto a los métodos de interrogatorio", afirma el informe, y pronto su sadismo sin igual se hizo tristemente célebre.

Fue en Argentina, no obstante, donde la implicación de la filial local de Ford con el aparato del terror se hizo más obvia. La empresa suministraba vehículos a los militares, de modo que el Ford Falcon fue el automóvil utilizado en miles de secuestros y desapariciones. El psicólogo y dramaturgo argentino Eduardo Pavlovsky describió el coche como "lo terrorífico como expresión simbólica. El coche de la muerte".

Mientras Ford suministraba coches a la Junta, la Junta le correspondió con un favor: eliminar las cadenas de producción de problemáticos sindicalistas. Antes del golpe, Ford se había visto obligada a realizar importantes concesiones a sus trabajadores: una hora libre para comer en lugar de veinte minutos y un 1% de lo obtenido por la venta de cada coche para dedicarlo a programas de servicios sociales. Todo eso cambió abruptamente cuando empezó la contrarrevolución, el día del golpe. La fábrica de Ford en las afueras de Buenos Aires se convirtió en una fortaleza armada; en las semanas siguientes se llenó de vehículos militares, tanques incluidos, y sobre ella se oían constantemente los rotores de los helicópteros. Los obreros han testificado que hubo un batallón de cien soldados destinado permanentemente a la fábrica. "En Ford parecía como si estuviéramos en guerra. Y todo estaba dirigido contra nosotros, los trabajadores", recordó Pedro Troiani, uno de los delegados sindicales.

Los soldados rondaban por las instalaciones, agarrando y encapuchando a los sindicalistas más activos, a los que el capataz de la fábrica tenía la amabilidad de señalar. Troiani se contó entre los que fueron sacados de la cadena de montaje. Recuerda que "antes de detenerme me pasearon por la fábrica, lo hicieron al descubierto para que la gente pudiera verlo: Ford lo utilizó para acabar con los sindicatos en la fábrica". Más sorprendente fue lo que pasó a continuación: en llevarlos rápidamente a alguna cárcel cercana, Troiani y los demás dicen que los soldados les llevaron a unas instalaciones de detención que habían sido construidas dentro del perímetro de la fábrica. En su lugar de trabajo, en el mismo lugar en el que tan sólo unos días atrás habían estado negociando contratos, esos trabajadores fueron golpeados, pateados y, en dos casos, sometidos a electrosbocks. Fueron conducidos luego a prisiones fuera de la fábrica donde las torturas continuaron durante semanas y, en algunos casos, durante meses. Según los abogados de los trabajadores, al menos veinticinco representantes sindicales en Ford fueron secuestrados en este periodo, la mitad de ellos detenidos en la misma empresa en unas instalaciones que los grupos de defensa de los derechos humanos en Argentina están presionando para que se incluya en una lista oficial de antiguos centros clandestinos de detención.

En 2002, fiscales federales presentaron una acusación penal contra Ford Argentina en nombre de Troiani y otros catorce trabajadores, alegando que la empresa era legalmente responsable por la represión que tuvo lugar en su propiedad. "Ford [Argentina] y sus ejecutivos colaboraron en el secuestro de sus propios trabajadores y creo que deben ser considerados responsables de él", dice Troiani. Mercedes Benz (una filial de DaimlerChrysler) se enfrenta a una investigación similar a causa de alegaciones de que la empresa colaboró con el ejército en la década de 1970 para purgar una de sus fábricas de sindicalistas, supuestamente dando nombres y direcciones de dieciséis trabajadores que luego desaparecieron, catorce de ellos para siempre.

Según la historiadora Karen Robert, experta en Latinoamérica, hacia el final de la dictadura "prácticamente habían desaparecido todos los delegados de a pie de las fábricas de las principales empresas del país, como Mercedes-Benz, Chrysler y Fiat Concord". Tanto Ford como Mercedes-Benz niegan que sus ejecutivos tomaran parte en la represión. Los juicios siguen abiertos.

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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