El pragmatismo sumerge al gobierno y al PSUV en las aguas heladas del cálculo egoista

Le debemos a Temir Porras haber develado el plan del gobierno en sustitución del Plan de la Patria dejado por el Comandante Chávez. Temir, a la sazón vocero del gobierno, no sabemos si por inexperiencia o con toda intención, expuso la estrategia del periodo que recién comenzaba. Basaba el plan en dos puntos fundamentales: uno, sustituir la imagen del "rural" Chávez por la imagen del "pragmático" Maduro; dos, intentar controlar al capitalismo con base en el pragmatismo.

Temir fue ocultado en aras de dar continuidad al plan. La alianza con los capitalistas se consolidó, el pragmatismo impregnó la gestión de Miraflores. Veamos.

El pragmatismo es primo hermano del oportunismo, morocho con la omisión ideológica, hijo del populismo. Y así la gestión fue teñida de oportunismo irresponsable, cada dificultad se resolvía con un drible táctico que lesionaba la estrategia, o mejor, quedaba en el aire ante la falta de estrategia. El populismo, el clientelismo, amortiguó el descontento, de esta forma se alimentaba la bestia del mercenarismo que hoy cobra el pecado. La carencia ideológica, el desprecio por la teoría acompaña la holgura táctica e impide la construcción de una estrategia que guíe; así el gobierno queda, necesariamente, al garete, víctima de discursos sin fundamentos que son desmentidos con la misma facilidad que fueron eyectados.

Ahora el gobierno se encuentra atrapado en su propia tela de araña, el pragmatismo lo encapsula en la inercia, le impide avanzar y le niega retroceder, lo paraliza.

Ya el discurso no es creíble, no hay autoridad que lo respalde. No investigan el asesinato de Chávez, aunque lo reconocen. A la falsificación del Plan de la Patria la despachan con un pedante "eso es mentira", aunque la práctica los desmiente. El Partido, que debía tener oficio contralor de la marcha al Socialismo, al contrario, en la mejor tradición oportunista lo neutralizan, lo convierten en un trasto útil sólo para las elecciones, y no cesan de darle golpes, como ese de carnetizar a todos, es decir, estar dentro y estar afuera es lo mismo, borra los límites, y lo único que existe sin límites es el universo. Privan al Partido de personalidad, ser o no ser es lo mismo.

El gobierno, atrapado, no gobierna más allá de las triquiñuelas que se le ocurren al saltimbanqui de escarrá. Cualquier intento de dar respuesta más o menos revolucionaria es inmediatamente amortiguada, desdibujada, tal es el caso del Congreso de la Patria, que debería ser la más importante acción política del gobierno en estos momentos, nada menos que enfrentarse al polo de poder que conquistó la derecha externa, lo convierten en un sarcasmo.

El gobierno está negado para producir política, atrapado en su pragmatismo no puede ir más allá de una táctica oportunista. Ni el gobierno ni el Partido proponen nada al Congreso, lo dejan a la espontaneidad de unos difusos movimientos sociales que como su nombre lo indica necesitan que el gobierno y el Partido cumplan su función de darle a esas inquietudes contenido, dirección, guía política.

El pragmatismo, el oportunismo, el clientelismo, el mercenarismo, la carencia ideológica tienen necesariamente que producir la destrucción del Partido, convertirlo en una cáscara vacía, en unas siglas que sólo son invocadas en épocas de elecciones, privados de su función política. Cuando el gobierno y el Partido no proponen nada al Congreso de la Patria, cuando lo dejan a la deriva discutiendo en el aire matan la política, abren las puertas a una suerte de anarquismo, muy bonito, folclórico, pero inoperante en la lucha por el poder, inútil en la batalla contra el polo de poder de la asamblea, que requiere una estrategia definida y una gran plasticidad táctica, sólo posible con una dirección vigorosa. De esta manera, con estas carencias, a la asamblea se entregan, sólo les queda una retórica vacía.

El Partido debe asumir su papel, su dirección, el gobierno deben discutir política de la grande, de la estratégica y proponer la discusión a las bases, al resto de la sociedad, que para eso la mayoría delegó en ellos esas funciones. Eso sería más útil que andar de gatillos alegres repartiendo carnés. Si la dirección no las asume, si dejan ese vacío, otros lo harán... y entonces se verán horrores.



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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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