Falso cambio Obama-Macri-MUD

FALSO CAMBIO OBAMA-MACRI-MUD
Henry Escalante

La nefasta y criminal gestión de la conserjería del complejo industrial-militar, llevada a cabo por George Walker Bush, “el hombre que hablaba con Dios”, como se ufanaba de proclamar para justificar sus matanzas, estuvo marcada por la demolición programada de las llamadas Torres Gemelas de New York, el 11 de septiembre de 2011. A partir de allí, el imperialismo de los EEUU desató lo que el propio Bush calificó como “lucha contra el terrorismo” y de “salvación de la civilización”. Su “guerra de civilizaciones”, la inicia Bush en Afganistán derrocando al Talibán y, con ello, a la banda paramilitar Al Qaeda a quienes responsabilizó de ser los autores materiales de la demolición programada de las Torres. Con Afganistán, el imperialismo se posicionaba en una región geoestratégica desde la cual puede monitorear de cerca las potencias nucleares de la región: China, Rusia, India y Pakistán; además de completar el cerco sobre Irán, país que en caso de guerra contra EEUU, se enfrentaría a un ataque por dos frentes: Irak y Afganistán, lo cual ya nos explica la causa de la segunda guerra encauzada por Bush. Además, el control de Afganistán le permite a los EEUU, hacerse del control de las grandes plantaciones de opio, del negocio de las drogas en esa región de nuestro planeta, como lo afirmó Eric Margolis del Huffington Post: «EEUU no se opone al narcotráfico afgano para no socavar la estabilidad de un gobierno apoyado por los principales traficantes de drogas en el país, empezando por el hermano de Karzai». Siendo el narcotráfico, la única industria floreciente en el Afganistán post invasión, reconocido incluso por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), como lo declarara a un semanario austríaco su director general, Antonio Costa: «El narcotráfico es la única industria en crecimiento. Las ganancias son reinvertidas sólo en parte en actividades ilegales, el resto del dinero se coloca en la economía legal mediante operaciones de blanqueo. No sabemos cuánto, pero el volumen es impresionante…» Esa es una realidad que nos ocultan los medios de comunicación occidentales, en lo que a narcotráfico se refiere. No por casualidad, Afganistán, hoy por hoy, es el primer productor mundial de opio, alcanzando record de producción para 2014 de 6.400 toneladas sembradas en 224 mil hectáreas, según la ONUDD. Y todas esa actividad ilícita, se hacen sobre la seguridad que le ofrecen a los productores, las fuerzas militares de invasión. De allí, las quejas del Presidente Putin, uno de los países más afectados: «A esto se suma un aumento radical de la producción de drogas en Afganistán y la formación de canales estables de tráfico de drogas a otros países, incluida, por desgracia, la Federación Rusa» […] «Pero las fuerzas especiales internacionales prácticamente no hacen nada para erradicar la producción de drogas en Afganistán». Quizás, allí podamos apreciar con mayor nitidez, el uso de esa arma de desestabilización que son las drogas por parte del imperialismo de los EEUU, en contra de Rusia y los países de esa región del planeta, y también, por qué le ha costado tanto a Obama desalojar sus fuerzas militares de ese país.

A Afganistán, le seguiría en orden de devastación Irak. La operación tenaza sobre la República Persa de Irán requería el control de Irak, además de permitirle al imperialismo de los EEUU adueñarse de sus inmensas reservas petroleras, es así que el 20 de marzo de 2003, se da inicio al bombardeo masivo de Bagdad, la capital. Se crearon todo un conjunto de falsedades para justificar la masacre y darle un carácter “humanitario”. 32 países, entre los que destacan España e Inglaterra, acompañaron al imperialismo de EEUU en su intención de crear un verdadero infierno a ese, hasta entonces, pacífico pueblo. Sadam Hussein, fue declarado una amenaza para los EEUU y, con ello, se justificó la más sangrienta masacre contra pueblo alguno en la historia de la humanidad. Años después, sus autores pedirían disculpas, como en el caso de Tony Blair: «Puedo decir que pido perdón por el hecho de que (la información de) la inteligencia que se recibió estaba equivocada porque, incluso aunque él (Saddam Husseim) había usado armas químicas extensivamente contra su propia gente y otros, el programa no existía en la forma en que pensamos»; otros, por el contrario, evaden su actuación, como el caso de Aznar, quien se escuda en que él solo hizo «lo que la mayoría de los países europeos», alegando que España «no participó en ninguna guerra» ya que “ningún soldado español estuvo en Irak ni un solo día sin la cobertura de Naciones Unidas». Mientras que Mr. Bush, se limita en sus memorias a tratar su criminal actuación, asegurando que se quedó «sorprendido e irritado» cuando las fuerzas estadounidenses no encontraron las armas de destrucción masiva en Irak y que, incluso, se sintió «mal del estómago» cuando fue informado de las torturas en el centro de detención iraquí de Abu Ghraib. Que poco vale la vida para esos criminales de guerra, peores incluso que Adolfo Hitler, Mussolini o Franco, los tres juntos, pues si lo juzgáramos por el número de víctimas, el trío Bush-Blair-Aznar los superan en cuantía criminal.

Del repudio de la humanidad entera a esa política criminal y guerrerista, no solo a lo interno de los EEUU sino en todo el planeta, es que surge la candidatura “demócrata” de Barack Husseim Obama, un afrodescendiente, el primero en aspirar y ganar la conserjería del aparato industrial-militar del imperialismo de los EEUU. Sobre la consigna del “Cambio”, Obama logra cautivar a la mayoría del electorado estadounidense, harto de guerras. Obama, implicaba ya de por sí un cambio, debido a la posibilidad de la llegada del primer presidente negro en los EEUU, un hijo de migrante africano, un nativo de Hawai; lo cual motivó al votante estadounidense, de por sí, mayoritariamente escéptico ante los procesos electorales. Caló hondo la promesa de “Cambio”, no solo en el ámbito nacional sino en lo internacional, obteniendo simpatías alrededor del planeta que vieron en Obama la posibilidad de una ruptura cierta con la política guerrerista, hasta entonces desplegada por el “hombre que hablaba con Dios”. En el plano interno, las demandas de “Cambio” tenían principalmente un componente socioeconómico, ya que se producían en el marco de una crisis financiera y económica que se expresaba en recesión y alto desempleo.

Las propuestas de Obama, giraban entonces en producir una reforma de la salud que aspiraba ofrecer una cobertura médica universal a los 47 millones de ciudadanos que no tienen acceso a ese servicio, allí centró su atractivo. En política exterior, prometió reducir tropas en Afganistán e Irak, debido en lo fundamental a las bajas que aumentaban por doquier. A tal extremo de simpatías generó su triunfo, que se le otorga el Premio Nobel de la Paz como reconocimiento. El Comité, lo justificó en base a «sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos». Si bien Obama prometía una ruptura con la política guerrerista de su predecesor, siempre se propuso mantener la voluntad inalterable de liderar el orden mundial, como lo manifestaba desde sus tiempos de senador: «Debemos mantener nuestro liderazgo mundial con hechos y con el ejemplo». Con una visión distinta a la republicana, Obama dice: «reconstruiré los lazos con nuestros aliados en Europa y Asia y reforzaré nuestras alianzas en el continente americano y África». En tal sentido, señalaba que «Estados Unidos no puede enfrentar las amenazas de este siglo por sí solo, y el mundo no puede enfrentarla sin Estados Unidos». En la lógica imperialista, muy propia de su élite, en palabras del propio Obama: «la supremacía estadounidense será más duradera si convencemos a nuestros aliados de que somos sensibles a sus preocupaciones», ¡Engáñate que yo te engañaré! Es el llamado por algunos “Poder inteligente”, frente a la fuerza bruta de Mr. Bush. No obstante, por más inteligente que pudiera parecer, la naturaleza de la serpiente la lleva a atacar siempre, a quien pretenda acercársele. Obama sentencia: «No vacilaré en usar la fuerza, unilateralmente si es necesario, para proteger al pueblo estadounidense o a nuestros intereses vitales siempre que seamos atacados o amenazados de manera inminente». Con ello, ratificaba el hilo conductor de su “política inteligente” con la fuerza bruta de su predecesor, manteniendo la política exterior característica de los distintos gobiernos, llámese demócrata o republicano.

El Obama “pacifista”, pronto cambió. El verdadero rostro del conserje del complejo industrial-militar, muy rápido se disciplinó y atendió las premuras de más guerras y masacres, que exige para su alimentación el Pentágono, sede del complejo. No solo alimentó y azuzó las guerras que heredó de Bush, sino que las alimentó y desencadenó en base a su política de “caos controlado”. Obama, ha continuado y vuelto doctrina su política de “Guerra Permanente”, incrementando sus bombardeos contra el pueblo afgano, sin atacar por supuesto los sembradíos de opio. Además, inició guerras en Libia para derrocar a Gadaffi; Siria, para intentar derrocar a Bashar; en Somalia, Pakistán, Yemen. Ha añadido y empleado otras formas de guerras no convencionales, como la realizada en Ucrania, para derrocar al presidente electo Víktor Yanukóvich; contra Rusia, intentando desestabilizarla por intermedio de sanciones económicas, guerra de divisas o incluso, mediante guerra de precios del crudo, produciendo en su propio territorio mediante la técnica del fracking petróleo barato e inundando el mercado. Declaró la guerra a las naciones suramericanas, quienes proclamaron su nueva independencia creando UNASUR y nuevos organismos de integración. Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Paraguay, han sido objeto de esas nuevas formas de guerra no convencional, en que los medios de comunicación juegan el papel de las armas de destrucción masiva de las conciencias de nuestros pueblos. Pero, además que se implementan novedosas armas, como el caso venezolano en que se han puesto en marcha mecanismos de desestabilización de su economía y se le amedrenta, al señalársela como una “amenaza inusual” a la seguridad del imperio, con lo cual pudieran justificar una invasión militar “humanitaria”, si no lograran su objetivo de derrocar al Presidente Maduro, con las maniobras propias de la guerra no convencional.

Un verdadero fraude, ha resultado “El Cambio”. Si Obama prometió al electorado estadounidense una “Presidencia Verde”, acabar con la “adicción al petróleo”, la realidad obtenida con el fracking no ha sido otra, sino incrementar esa adicción y dependencia del petróleo, al convertirse en el primer productor del planeta gracias al “fracking”, como bien señalan algunos diarios: «El país norteamericano vive un boom petrolero. En 20014, la producción de EEUU subió en 1,6 millones de barriles día –el mayor incremento a nivel global- y alcanzó los 11,6 millones de barriles diarios, un 15,9 % más que en 2013 y 139 mil por encima de Arabia Saudí. Se convirtió así en el primer país en aumentar su producción en al menos un millón de barriles al día durante tres años consecutivos, lo cual le permitió satisfacer el 90% de sus necesidades energéticas…» (Diario El País de España, 12-06-2015). Si consideramos los efectos nocivos que sobre el ambiente, conlleva la aplicación de la técnica del fracking para extraer petróleo: incremento de la actividad sísmica al desestabilizar suelos, liberación de mayor cantidad de gas metano a la atmósfera, contaminación del aire y aguas subterráneas y superficiales, al emplear productos para la fractura hidráulica potencialmente cancerígenos, bien podemos apreciar cuán poca “verde” es la presidencia de Mr. Obama.

“El Cambio”, de consigna electoral se ha convertido en una especie de doctrina en política exterior para nuestro continente latinoamericano y caribeño. Lo señalaba el propio Obama en su reciente visita a la sufrida Argentina: “Estados Unidos está preparado para trabajar con Argentina en esta histórica transición”, reiterando sus palabras con un gesto de admiración: «El presidente Macri me ha impresionado favorablemente por el rápido cambio que está realizando en el país; es un ejemplo para toda la región», las negrillas son nuestras. “Cambio” en Argentina, significa la vuelta a los tiempos de las “relaciones carnales” que caracterizaron la gestión de Menem de 1983 a 2003. Tiempos de achicamiento del Estado, de ajustes fiscales, liberalización cambiaria, desregulación crediticia, desregulación del llamado mercado del trabajo y apertura económica regida por los dictámenes del FMI y el BM. En tal época, Menem privilegió su relación con EEUU, ya que consideraba que para lograr entrar con pie firme en el proceso de globalización que se gestaba alrededor del planeta, Argentina debía aliarse con la primera potencia y actuar según sus códigos. Argentina, en los hechos, se convirtió en una colonia estadounidense.

La enorme corrupción menemista, la debacle de la convertibilidad con sus secuelas de desocupación, inflación y endeudamiento externo, terminaron hundiendo al “cambio” ofrecido entonces por Carlos Menem, abriendo el camino para otro postulante del “cambio”, Fernando de la Rúa, candidato de la Alianza quien gana las presidenciales. Otro gobierno entreguista de la Soberanía e Independencia Nacional, se posicionaba en el Palacio Rosado, que daba continuidad al visto bueno del FMI en materia de política económica. Las carencias populares se acentuaron y, con ello, la disponibilidad del pueblo a batallar por su sobrevivencia. La crisis económica y el incesante crecimiento de la desocupación industrial, sumado al rápido desprestigio del gobierno, dotaron de un protagonismo al movimiento piquetero, que liderizó decenas de luchas, cortes de rutas y movilizaciones populares. “El Cambio”, reciclado ahora por De la Rúa para ganar a Menem las elecciones; ahora, era asumido por el pueblo descontento de promesas incumplidas y, mayormente afectado por políticas de genocidio económico. La inestabilidad política del régimen democrático Argentino, se expresaría en los hechos de tener en una semana cinco presidentes de la República, hasta la llegada de Duhalde y el aplacamiento de las políticas neoliberales puestas en boga.

Con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, logra la República Argentina la estabilidad perdida producto de los regímenes neoliberales, sus crisis permanentes y el empobrecimiento general de la población. Kirchner, a partir del reconocimiento de los derechos fundamentales del pueblo argentino y el reconocimiento de la deuda social con los sectores históricamente excluidos, inicia una política de reconstrucción nacional, revirtiendo las políticas neoliberales de desmantelamiento del Estado-Nación, de entrega del país a los dictámenes del FMI ergo a los EEUU, los grupos económicos dominantes y las empresas transnacionales. La política internacional de los gobiernos de Néstor como de Kristina, se caracterizaron por profundizar la independencia nacional y la soberanía, impulsando los mecanismos de integración suramericana, rechazando todo tipo de “relación carnal” como la llamaba Menem, con los EEUU. Su rechazo contundente al ALCA, junto a Chávez y Lula, representa el símbolo más heroico de la voluntad inquebrantable de los pueblos de nuestro continente por liberarse definitivamente de las garras del águila imperial, su deseo de ser libres y poder por sí mismos, trazar sus rumbos. «Recuerdo a Néstor gigante, aquel hombre se agigantó ante nosotros allá, en Mar del Plata. Delante de Bush, yo recuerdo una frase que dijo: “Aquí no vengan a patotearnos”, le dijo Néstor a Bush», relató Chávez, tiempo después de la derrota del ALCA.

Tiempo hacía que en nuestra América, nuestros líderes y líderesas, no hablaban con voz propia. Y eso molesta, mucho que molesta, a quien se cree el “destino manifiesto” de la humanidad. Por eso, promete “cambio” a los pueblos al sur del continente, mientras convierte a la Argentina en el espejo de esos cambios que procura hacer realidad, proclamando Obama desde la Argentina: «Macri entiende que las cosas en nivel económico deben cambiar y ajustarse a la actualidad global, creo que Macri hará que prospere esta nación hacia muy buenos estándares». Y ese “cambio”, prometido por Macri y santificado por Obama, no pudo describirlo mejor sino Kristina en su histórico discurso en Comodoro Py: «Hoy tenemos que ver cientos de miles de despidos en el sector público pero fundamentalmente en el sector privado. Hay muchos más despidos en el sector privado que en el sector público.

Persecución ideológica, empleados públicos que cambian sus perfiles en Facebook o en Twitter porque tienen miedo». […] «Tenemos también industrias en crisis, comercios cerrados, tarifazos impresionantes en los servicios públicos indispensables, de los que la gente no puede prescindir, el agua, el gas, la electricidad».[…] «Esto es lo que está pasando en la Argentina: un gobierno que no cuida a los argentinos, un gobierno que parece no ocuparse. Y la verdad que hemos sido respetuosos de la voluntad popular. Como ex presidenta he guardado un respetuoso y democrático silencio, precisamente por respeto a la voluntad popular, pero ojo, que la voluntad popular no la tiene que respetar únicamente la oposición, el que más tiene que respetar la voluntad popular es el gobierno que ganó diciendo que no iba a devaluar, que no iba a echar, que no iba a haber tarifazos, que no iba a hacer ajustes». […] «Yo quiero interesarme no solamente por el 49 por ciento, quiero interesarme por el 51 que lo votó, que él respete esa voluntad popular, porque muchos de ellos lo votaron creyéndole. También acá quiero decirle algo a todos mis compatriotas. Sé que hay muchos argentinos enojados con otros compatriotas porque dicen “por culpa tuya, porque vos lo votaste, a mí me echaron” o “no me alcanza para el chango”, los alimentos, ir al supermercado se ha convertido casi en una odisea. Yo les digo que no se enojen ni con su amigo, ni con su vecino, ni con su pariente por cómo votó. No se enojen, porque eso nos divide y eso no nos sirve. Yo creo que tenemos que estar unidos. Creo además que no se puede acusar a alguien de haber creído, porque en definitiva le creyeron. Y también entender que no todos tienen la capacidad, o la actitud, o la militancia, lo que fuere, para poder defenderse de medios hegemónicos de comunicación que les picaron la cabeza durante años con mentiras, infamias y barbaridades…»

Al igual que Obama resultó ser un verdadero fiasco para sus electores; Macri también lo es, porque una vez ganó la presidencia ha hecho todo lo contrario a lo que prometió a sus electores. Nada distinta es la actuación de la oposición en Venezuela, en que la MUD gana la mayoría de la Asamblea Nacional, prometiéndoles a sus electores: “El Cambio” y “la última cola”. Es la mentira hecha doctrina política. El engaño hecho razón de Estado. Es la concepción de la política como retórica, que se apoya en la afirmación de Maquiavelo de que siempre habrá quien quiera ser engañado: «Pero es necesario saber colorear bien esta naturaleza y ser un gran simulador y disimulador: y los hombres son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que el que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.» (Nicolo Machiavelli, Il príncipe, op. cit., cap. XVIII). Por ello, es posible y necesario, que el político, el Estado mientan y no mantengan la palabra dada. Siendo la mentira y el engaño, una forma particular de corrupción, no estimamos más, que convocarnos a rechazarlas, ya que de su habitual práctica solo pueden devenir la ira y la frustración general. Debemos rescatar la esencia de la política como compromiso, dar la palabra o compromiso con la palabra dada. Comprometernos con el imperativo ético de evitar el engaño y rehuir la mentira. Así, la verdad emergerá como la única causa posible de seguir, como lo refería Antonio Gramsci, quien siempre fue un defensor radical de la verdad en política: «Decir la verdad es siempre revolucionario» decía. Es más, consideraba que la verdad es consustancial a la política auténtica y la táctica de toda política, cuando es verdaderamente revolucionaria…


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Henry Escalante


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