Chávez… por Ahora… y para Siempre

Comandante Eterno: “Venezuela te enseñó a morir. Y enseñándote a morir por la libertad de Tú Amado pueblo, en vez de vivir para sí mismo; desde tu dolorosa partida, aseguró a Tú nombre la más gloriosa de las transformaciones: el martirio, y a Tú Inmortalidad, el más bello de todos los templos, el corazón de Tú amado pueblo”.

Indudablemente, el dolor de los dolores consiste en la desproporción que hay entre la idea de justicia, de bien y las realidades del país. El único medio de aliviar este dolor es seguir trabajando incansablemente por la modificación iniciada por Tú creación, de este sistema capitalista, caduco, corrupto e inmoral. Tenemos que cincelar el país como Tú el Gran Arquitecto, que trazó y Proyectó esta Obra, hasta aproximarla a la idea; y vivir y morir con la plena seguridad que esta Gran Obra no se interrumpirá, sino que será continuada por las manos de Tú amado pueblo.

Nuestro Líder Inmortal que ha vivido repitiendo la inmensa escala de todas las libertades de todos los pueblos, y que ha muerto joven, asesinado, por unos engendros de un país terrorista y criminal, (pero a todo cochino le llegará más temprano que tarde su San Martín) por defender La Patria y la justicia, que fue el verdadero iniciador de la igualdad y la libertad de los pueblos de nuestra América, el artífice de la personalidad Humana, el revelador de las conciencias, bien merece ser contado entre nuestros Libertadores.

Todo líder siente, lo que en lenguaje vulgar se llama el mal del país, el dolor de los sufrimientos, y las carencias del pueblo. Desde ese momento en que nos convencemos de esta verdad, modelamos los hechos que están al corto alcance de nuestras manos con arreglo al pensamiento de nuestras mentes, y dejamos aquellas ideas imposibles por nosotros de realizar, que se esparzan como llamaradas misteriosas en la infinidad y en la eternidad de Tú pensamiento y de la vida futura, que se extiende hasta Tú seno de creación.

Comandante Eterno: Tú alma devoraba ese disgusto de la realidad, contra el cual sólo tenías un refugio: la idea, la contemplación estática de un ideal y el trabajo, el combate diario por realizarlo, para confiar al huracán y a la tempestad el germen divino de los derechos de Tú amado pueblo.
Se entra en la verdad por la duda, por la desesperación, como se entra en la vida por el dolor, con las lágrimas en los ojos y los sollozos en el pecho. El que nace sin llorar, nace muerto. El pueblo que duda, es por qué no pregunta, y se necesita importunar a la verdad con preguntas.

Aquí acaba la vida y comienza la muerte. Aquí el barro helado de los desengaños se cae fundido al fuego de la fe, y las alas del alma se abren ampliamente en toda su extensión. Aquí empieza la vida a ser Historia, el Líder a ser Héroe, el sepulcro a ser Altar del Pueblo, y a ser Inmortalidad la Muerte. Aquí se despide de sus familiares y de sus hijos del camino y va a desposarse castamente con la Libertad, la eterna Esposa de las grandes Almas, o la fecunda Madre de los Héroes. Aquí todas las nubes se disipan, todos tus adversarios se acaban y te conviertes en uno de los mártires de la Humanidad.

Muchos sabrán vivir mejor que este Gran Hombre, pero pocos morir como él; en una peregrinación por la libertad, en una lucha por la verdadera Independencia de nuestra América a los pies de esta Nación Ideal, que es la verdadera Patria de Tu Alma.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los cuatro antiterroristas cubanos héroes de la Humanidad!

¡SigamosSiempreJuntosConChávez!

¡Hasta la Victoria Siempre!


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Manuel Taibo


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