Soñando que Maduro dejó el gobierno y llegó la MUD

Toda la vida me la he pasado soñando. Sé bien que sueño porque duermo tan poco que, sólo sé que alguna que otra vez duermo porque en ese instante, me asaltan los sueños. Más es el tiempo que me la paso despierto viendo, palpando y pensando como acontecen las cosas que el que sueño o duermo. Pero cuando sueño, no sólo sé de lo soñado, sino que he dormido. Despierto también repaso los sueños.

Todavía no sé a ciencia cierta si Gregorio Samsa, en "La Metaformosis", se despertó convertido en escarabajo o él y Ftank Kafka soñaron juntos aquella aventura.

Pero hay otra cosa; casi todo el tiempo que paso sin dormir, lo sé bien porque no sueño, lo invierto pensando y deseando cosas solo posibles en sueños. Por ejemplo, pienso en pueblos felices, solidarios, en hombres que antes que en ellos mismos piensan en los demás; imagino al hombre más dispuesto al dar que al recibir. Así como suelen ser los buenos maestros de escuela o las madres con respecto a sus crías. Pienso en gente cantando a coro canciones hermosas y llenas de bondad e invitando a todos, a lo largo de este y los otros continentes, a unirse de manos, como en el poema de Neruda. Es decir, pienso siempre despierto en cosas bellas, como soñadas, mientras cuando sueño todo son tragedias, angustias y en un ir y venir buscando algo que no se si se me perdió o simplemente nunca he visto. Por esto mismo creo que Kafka y Samsa, soñaron la misma tragedia.

Se da ahora el caso, mi caso, que no sé exactamente si esto que comentaré de seguidas es lo que estoy pensando o uno de esos sueños pesados, agrios de cuando estoy dormido.

En Venezuela, ahora estamos como un país en guerra. No caen bombas estruendosas, destructivas, desintegradoras. Pero la gente anda como loca, no por los bombazos, sino por comprar jabón, papel sanitario, pasta dental, un montón de cosas que andan ocultas o como nos hemos acostumbrado a decir "en manos de los bachaqueros" y quienes trabajan para acumular con egoísmo. ¡Porque no sueñan! La locura también se debe a que, por eso mismo, el dinero no alcanza; quien trabaja de buena fe, crea, construye, es víctima de los bachaqueros; de donde aquí se pudiera estar produciendo el raro fenómeno licantrópico que todos, para poder subsistir, nos estemos volviendo bachacos. Eso es tan extraño que parece más bien cosa de sueños. Si eso es así, como lo digo o lo sueño, vamos de un país de esos que llamaron una vez "en vías desarrollo", una potencia petrolera, a un nido de insectos.

Para no herir susceptibilidades, aunque no debo dejar de advertir si sueño o estoy pensando bien despierto, me limitaré a decir que la vida del venezolano está en medio de un océano de dificultades; lo digo así porque para llegar a la orilla, que no a tierra firme, pareciera que no sólo necesitamos eso, un océano, como una vez dijo un ministro de Caldera, lleno de dólares, sino también un promontorio de años, conductores audaces y llenos de buena fe.

Como las hadas buenas, hadas madrinas, varitas de virtud, genios sacados de botellas, son asuntos de sueños, de esos de cuando uno de verdad está dormido, no veo previsible si Maduro renunciase, que no lo va hacer ni debe hacerlo, porque tiene, es cierto, un compromiso con Chávez, pero sobre todo con la historia y el pueblo venezolano, o eso que, según he leído por allí, le gusta sobremanera a Aristóbulo, la gente. Como esos genios, varitas mágicas, hadas buenas, como dije antes son cosas de sueños, no creo que quien le sustituya pueda, en breve tiempo, el corto tiempo que le va a dar la gente desesperada, habiendo escuchado a oradores, opinadores hablar como si tuviesen las virtudes de aquellas cosas soñadas, resolver el estado de cosas que ellos mismos crearon para provocar la renuncia de Maduro.

Sabiendo eso, ya comienzan a decir, "esas sólo fueron consignas electorales". Como decir, "rascao no vale". Así admiten que mintieron, hicieron ofertas engañosas y los mentirosos sueñan cosas más que pecaminosas, escatológicas.

Claro, admito que esto si no es cosa de sueños; quienes nos llamaron a la marcha bolivariana, llevando en las faltriqueras el chorro de dólares que produjo el petróleo por más de una década, desviaron el camino, perdieron los mapas o me cambiaron el discurso. Volvimos más o menos a aquella época de la frase "Caracas es Caracas y lo demás monte y culebra" o, la frase, en un momento que nos venció el sueño, se apoderó de todos. En este caso quiero que quede claro, que la alusión a esa frase, significa haber retrocedido en nuestro pensamiento, planes y tomado el camino de los de antes.

Si Maduro renunciase o se fuese, escucharemos a los nuevos dignatarios apelar aquella vieja cantaleta, la misma con la cual nos dormían y ponían a soñar, "toda esta vaina es culpa del gobierno anterior". Nunca llegaba el momento de cuando comenzaban sus culpas.

Aunque, entre sueños, uno pudiera percibir que quienes se llevaron una montaña de dólares, se dice que hasta en "conteiners", la repatríen, cosa muy difícil que suceda, a menos que el grupo que asuma el gobierno deje de gobernar, se haga el loco y que los de los dólares mal habidos tomen el timón, echen para atrás todo lo que Chávez, un sempiterno soñador, tanto que uno nunca supo si estaba despierto, se atrevió a crear, repartir justicia, promover, fundar, empoderar al pueblo y, el pueblo, que vive de sueños, despierto y viéndose atropellado y enajenado de sus conquistas, que son muchas, salga a la calle enfurecido y saque de sus camas a quienes sueñan dormidos.

Lo sensato, real, sueño ideal de hombre despierto y de bien, es dejar que los ríos tomen su cauce, donde ellos duermen; y la gente decida su destino como le corresponde, por ley divina y la Carta Magna.

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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