De perder el gobierno

Si bien es un deber moral e histórico ofrendar lo que nos queda de aliento por defender hasta el ultimo palmo lo que, para muchos por comodidad semántica y otros por lealtad estoica, aun persistimos en llamar nuestra Revolución. Debemos tener claro que, por más que se quiera decir lo contrario, el origen de nuestro problema jamas ha sido el pretender instaurar el Socialismo como modelo económico y político en Venezuela. La verdadera causa de que hoy estemos al borde de nuestra más catastrófica pesadilla se debe, principalmente, por insistir colocar al frente de ello personajes totalmente indignos y desinteresados en tal proeza histórica. Muchos de estos hoy en día reniegan, incluso, abiertamente que el modelo más indicado para nuestro país sea el Socialismo. Individuos que en vida el Comandante desvergonzadamente eran los más fúricos y altisonantes en gritar el "Patria Socialista o Muerte", y que hoy, después que se les murió Chávez en el corazón, son los que sin ni siquiera importarle cuantas veces haya cantado el gallo reniegan, groseramente, su pretendido peregrinar socialista. Por lo insólito y extraviada de nuestra naturaleza estratégica, más digna de la tragedia griega, se les encomienda, en estos difíciles momentos, defender nada menos que el Legado de nuestro Comandante Supremo.

Ciertamente el prelado gramsciano de que estamos entre "lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer" resulta una realidad que hoy al calco dibuja la encrucijada histórica en la que estamos y padecemos. Los intelectuales "tradicionales" han dificultado la bonanza que en manos de los intelectuales "órgánicos" vendrá. Y aclara el comportamiento de muchos que, desprovisto de la audacia y visión de Bolívar y Chávez, abiertamente han venido jugando a no dar el definitivo salto cualitativo que supere nuestra actual titubeante inseguridad.

Siendo menos optimista de lo que me permito ser, me atrevo a decir que lo peor que podría pasarnos no es perder el gobierno, sino perder nuestra Moral, hipotecar lo logrado en el imaginario colectivo de nuestro pueblo, por no tener el valor de abandonar las mieles de un Poder que ni siquiera nos han dejado ejercer nuestra voluntad de cambio radical. Sobre todo cuando no cabe duda la existencia en el propio gobierno de tendencias que más allá de convicciones o diatribas ideológicas y filosóficas lo que están buscando, literalmente, es solo raspar lo que queda en la olla. Nunca antes los demonios lograron tal acomodo dentro del más puro y cristiano de los ideales, el templo que debía ser para la lucha de otorgar justicia social para nuestro Pueblo ha venido degenerando al punto de no saber si son más terribles que nuestros propios y naturales enemigos. Sabemos de la existencia de grupos económico que han venido socavando, con recetas suicidas, toda posible superación a esta crisis, sin más intensión que enriquecerse bajo la memoria de Chávez. Al igual que los de la acera de al frente, de la manera más vil pretenden hacer negocios para adueñarse del país, y han venido conspirando para no encontrarle salida a muchos de los problemas que ellos mismos han creado. Son las mismas fuerzas que en el pasado lograron desviar el rumbo de movimientos progresistas y que degeneraron en partidos como Acción Democrática. Los que actualmente y desde las tinieblas promueven un pacto de gobernabilidad con los más cancerígenas fuerzas económicas de la reacción nacional y extranjera.

Por la inclemente manera como la canalla, tanto interna como externa, viene dirigiéndose en contra del compañero Luís Salas no dejamos de abrigar esperanzas en su capacidad y nobleza. Lo que desconsuela es que si en alta estima se encuentra lo que de él se espera, lo hayan enviado como cual soldado sin armas al campo de batalla, por eso de encomendarle un Ministerio sin cartera.

Las últimas cartas ya están echadas, las que son nuevas llenan las esperanzas a un pueblo que ha resultado ser más noble de lo que muchos esperaban. A partir del 6D el gobierno sabe que la espada, ahora no de Damocles sino de Bolívar se haya inestablemente sobre su cabeza, a la espera de un gobierno que no solo sepa por qué no ha podido solucionar los problemas que a diario y que de forma insoportable padece su Pueblo, sino un gobierno que sepa y combata exitosamente, para empezar, esta Guerra Económica y, por último, construya por fin su tan cacareado Socialismo.



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Waldo Munizaga


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