Las ambiciones de las sectas bienquistadas

Como en toda incidencia existen puntos de vista que difieren, en el campo de las ideas, o en la forma o en el fondo, de un modo radical. En política, las tendencias ideológicas juegan en la afirmación u oposición para separar sus intereses y combatirse leal o arteramente.

Sobre el panorama de esos puntos de vista muestran que existen en la actualidad círculos políticos inadaptables, en los partidos, en los independientes, en los sindicatos que amenazan dramáticamente el porvenir con el estallido de una crisis de incalculable repercusiones. Turbulencias, odios, desaciertos al juzgar que la política es un movimiento de negociaciones que arruinan al pueblo, tienen una sola justificación: el usufructo del poder, la humillación de los vencidos, la imposición de un solo criterio, la reacción de un grupo contra el otro, el desprecio público, la ruina financiera, la quiebra institucional.

Ese factor económico que encuentra una posición gubernamental reformista y revolucionaria, aprisiona y oprime la buena voluntad de la mayoría. La discusión se vuelve áspera y agria y los argumentos que se exhiben son desoídos, y estamos de nuevo en presencia de la antigua disputa en que las concepciones distintas se dividen en tal forma que se pasa del terreno académico a las alusiones personales, al despertar de la cólera, al estallido de las reacciones incontrolables, y parece que estamos en el epicentro de una conspiración en que no se sabe el motivo del desconcierto, y la frase se lanza a los rostros de los expositores, y se desconoce el derecho de los demás a mantener sus puntos de vista, y se resiente la existencia de la democracia que es precisamente el atributo del contrario de mostrar con su argumento, y por medio de la lógica y la razón, el acierto o no de su palabra.

De esa intransigencia, el odio se propaga por las regiones del país; el del comerciante que se ve constreñido en sus actividades, el del industrial que no puede continuar en su obra creadora, el del financista que es arrebatado para juzgar la oportunidad de poner en marcha su iniciativa, la del político que se encuentra perplejo, ante la barrera unitaria sin conocer los verdaderos propósitos y ambiciones del gobierno, la del pueblo sin trabajo sometido al partido, la del luchador en la polémica de las ideologías, la del místico que se ve extrañado de su patria ante las flaquezas de sus mismos superiores que lo sacrifican como precio a la realización de sus ambiciones y, en fin, ese debatir alucinado de castas políticas y económicas que forman la confusión más espectacular que se desenvuelve en la amenaza de despeñarnos por el precipio de la anarquía.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!
¡Viviremos!



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Manuel Taibo


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