Ganando l@s candidat@s impuest@s por la cúpula del PSUV, pierde Chávez

Confieso que he vivido intensamente el Proceso Revolucionario desde 1943 hasta nuestros días; largo periodo, me enrolé a los 14, aún milito y lo haré hasta el último de mis suspiros y sueños. Si mal no recuerdo el primer proceso electoral en el que participé fue en 1948, mi primer voto fue a favor de Rómulo Gallegos como lo hicieron todos mis tíos, tías, demás familiares y pueblo rebelde que éramos (¿somos?).

Ganamos pero al poco tiempo derrotados por la canalla enquistada en las Fuerzas Armadas. Nuevamente en manos de los milicos, insistían aún en mantener sometido al pueblo venezolano, alentados por el imperio que los formaba en la Escuela de Las Américas para que reprimieran a sus pueblos e impidiesen toda expresión revolucionaria, no mucho a variado su papel en el continente, incluida hoy nuestra Matria. Ya venía yo participando desde muy joven en la vida política del país, formado en las escuelas de cuadro creadas por Pío Tamayo y alimentado en las lecturas de economía política del camarada Salvador de la Plaza (olvidados ambos en estos días de revolución). Arrejuntado con compas como el camarada Argimiro Gabaldón y, a regañadientes obedeciendo las líneas de los hermanos Machado (génesis del revisionismo puro). Concentrado hoy en la lectura de Ludovico Silva "La alienación como sistema" y en las cátedras del Bien Vivir del Socialismo Indoamericano.

En 1952, los que en obediencia a los imperios detentan las armas de la Matria para reprimir a sus pueblos, los militares, luego de matarse unos a otros, se vieron obligados a llamar a elecciones; nuestro trabajo era procurar la mayor cantidad de tarjetas que sirviesen a los electores contrarios al régimen probar que habían votado a favor de la dictadura. Ganó Jovito Villalba pero no se atrevió a reclamar junto a su pueblo lo que le pertenecía, se cagó como más tarde lo haría Andrés Velásquez.

En 1958 el revisionismo e indecisión de los Machados nos llevó a entregar el proceso revolucionario en manos de los adecos, cuando éramos nosotros los que durante toda la dictadura militar dirigíamos las células en las que ellos militaban, sus líderes estaban enconchados o gozando del autoexilio dorado que se habían procurado: viendo los toros desde la barrera pues. Nos confundieron con la figura de Wolfang Larrazábal y nos fuimos por ese barranco. Le entregamos, en bandeja de plata, el poder a Rómulo Betancourt y los militares que siguieron mandando tras bambalinas. El poder era nuevamente de ellos en representación de los imperios foráneos. Troncado el desarrollo sociopolítico que pregonaban las tesis de Salvador de la Plaza. Traicionada la juventud que aspiraba vivir y construir en revolución.

Juventud que no aguanto la represión a que fue sometida y su dirigencia se enroló en lucha armada; no había, o no dejaban otra salida: nuestros mejores cuadros eran asesinados en las calles y asediados por las fuerzas represivas del "glorioso ejército nacional" los que osaban dirigir la lucha sindical, cuando no agredidos hasta la muerte por las bandas de cabilleros entrenadas por la Acción Democrática de los Ramos Allud y los Celis.

En los siguientes procesos electorales nos debatíamos entre las tesis del "voto nulo" y la abstención: el "Votar para qué" del recordado camarada Pedro Duno guiaría nuestra política electoral del momento. El revisionismo mantuvo la errónea línea de participación para recoger las migajas que atesoraba José Vicente Rangel.

En 1992, replegados y ya cansados de tanta traición oímos el pregón del pueblo que ya había experimentado en carne propia la matanza del Caracazo; nos enrolamos en campaña con la Causa R. Victoria contundente que Andrés Velásquez y la cúpula dirigente de la Causa R no se atrevieron a reclamar junto al pueblo que valientemente salió a las calles a desafiar las armas del "glorioso ejército nacional"; enculillados y comprados le entregaron el poder a Caldera.

En 1998, cuando todo parecía tan nublado y desesperanzador, surgió desde las filas del ejército que tanto habíamos combatido, y nos había doblegado sin piedad, la figura de quien juraba combatiría la corrupción hasta sus más sucios refugios, prometiendo freír en aceite las cabezas de los corruptos adeco-copeyanos que nos gobernaban.

A regañadientes y teniendo siempre presente el rol apátrida de nuestros ejércitos en toda América, nos sumamos al que resultaría un proceso bastante alentador pero desde un inicio comenzó a vérsele las fisuras del siempre presente revisionismo, ahora acompañado de la bota castrense que se erigía fiel seguidora del legado de Bolívar.

Acompañamos y definimos uno tras otro proceso electoral que se atravesó en el camino, pero siempre con la concebida reserva que suscitan unas Fuerzas Armadas que a pesar cantar en sus desfiles su adhesión al socialismo gritando desaforadamente "Patria Socialista…" y declararse "Bolivariana" no se refieren al Bolívar ciudadano hecho militar para lograr el objetivo supremo de liberar a la Matria Grande. Al Bolívar clamando por la participación ciudadana y la subordinación de las tropas que empuña las armas al designio de una Matria conducida por civiles. No nos encontramos con unas Fuerzas Armadas presentes en todo recodo de poder que el gobierno agita y detenta en nombre de un socialismo inexistente y un bolivianismo desprovisto de toda participación ciudadana que no esté alentada y guiada por la cúpula gobernante.

¡Miren que he vivido procesos electorales camaritas! Pero ante este panorama, con el 6 de diciembre encima, con mis 86 años de edad y 72 de militancia revolucionaria, me pregunto: ¿Qué hacer? ¿Qué hago? ¿Esto es socialismo camarita?

No compa, esto es pura vagabundería. Votar por l@s candidat@s impuesto@s por la cúpula del PSUV es derrotar al Chávez del "Golpe de Timón", es sepultar al Chávez que en ese preciso momento de su vida reconoció, al frente de las cámaras de televisión, que el rumbo estaba errado. Al Chávez que le dio la razón al pueblo que le gritaba y alertaba que la persona que tenía al lado, montada en la tarima presidencial, era (y sigue siendo) un corrupto, un ineficiente, un traidor a la causa.

Ni Maduro, ni l@s candidat@s impuest@s por la cúpula corrupta del PSUV, cambiaran de rumbo, por el contrario de ganar holgadamente las curules que se "rifan" en esta elección es darles mayor poder para seguir traicionando el Proceso Revolucionario.

Mi voto, y el de otros tantos revolucionarios asediados por la corrupción, será por l@s poc@s candidat@s que la "alianza perfecta" de corruptos y vende patria dejaron participar en esta contienda; me refiero a l@s candidat@s que respalda Marea Socialista con tarjetas prestadas en todo el territorio nacional. Lo haré, no porque crea que es@s camaradas podrán cambiar la correlación de fuerzas que en esa nueva Asamblea Nacional se dará, sino para que desde ese espacio nacional denuncien toda la corruptela que nos asedia, impulsen la Auditoria Pública y Ciudadana de las divisas derrochadas y desfalcadas para desnudar a los corruptos que tanto daño le están haciendo a la Matria y al proceso revolucionario y participen en la construcción de un poderoso movimiento popular que en definitiva guiará, más temprano que tarde, los destinos de la Nación.

¡Sabino nos marcó el camino, me marco el camino,

nos marca el camino!



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Pancho Alegría


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