indebidamente acusa un proceso de devaluación cambiaria, una especulación desatada, en lugar de una explosión productiva nacional

Increíble II: Un país con una palmaria, explosiva y acelerada dinámica económica desde hace más de una década

Todo Estado merma su productividad sin el concurso positivo de la empresa privada, mientras esta se torna contraproducente si aquel no se le muestre servil a sus egoístas intereses, servil a un empresariado que está quebrado por su propia incompetencia y desadaptaciones a los nuevos tiempos políticos y económicos.

La ONU nos ha reconocido indicadores socioeconómicos altamente positivos; en sus archivos están las pruebas: Una máxima reducción del analfabetismo-con una población mejor formada está pregarantizada una probable mejora productiva manifestable en un mayor PTB, sobre determinadas condiciones propicias de un aprovechamiento útil de la mano de obra activa.

La ONU ha reconocido que tenemos una mejor alimentación para toda la población y particularmente la de nuestras niñas y niños. Estos indicadores ya llevan tiempo suficiente para mejorar la productividad económica en general que se deriva de esos macro incentivos estatales.

El empoderamiento monetario en buen dinero contante y asonante, en viviendas, en servicios públicos gratuitos, en numerosas y desparramadas canchas deportivas, en una mejor y con mayor kilometraje vialidad, puentes, túneles, y una gran dotación de nuevos vehículos de paquete, de carga, de transporte de personas, agrícolas, metros, cables, ferroviarios y afines; una evidente multiplicación de nuestros centros de estudio y culturales, las remodelaciones y sostenidos mantenimientos de plazas públicas, de parques, edificaciones, hospitales, etc., cjo., etc., son ostensibles manifestaciones de un innegable, envidiable y jamás visto aquí real y auténtico PROGRESO nacional, aunque, por consiguiente, este tipo de progreso no es compatible para una burguesía ya descarada y crecientemente parasitaria, para un empresariado privado que definitivamente se muestra INCOMPETENTE para hacer frente a nuestra visible, ingente y creciente demanda de bienes no productibles por una empresa privada que nos luce claramente revisable en cuanto a su continuidad fabril y mercantil , que se halla desde hace lustros y décadas reducida deliberadamente al drenaje de muchos dólares cuyo destino ya conocemos, nada positivo para un país que exige sin demoras el concurso incondicional de empresarios con otra cosmovisión del progreso.

La larga lista de repercusiones directas e indirectas de la industria de la construcción, con las diversificadas Misiones sobre viviendas ya sería en sí misma un fuerte ejemplo demostrativo de crecimiento económico, crecimiento que debería ser más acelerado sobre las bases de una visión comunitaria, no crematísticas como las que guían la Administración Pública vigente.

Los beneficios monetarios, medibles en dinero y viviendas bien equipadas revelan claramente un confort social que se manifiesta fuertemente en un poder de compra solvente y personal, garantizado, entre otras formas, con las pensiones de vejez y jubilaciones que por primera vez sus beneficiarios las cobran religiosamente, con las cuales se pueden hacer proyecciones productivas a corto y medianos plazos sin riesgos a bajas en la demanda.

Las mejores dotaciones militares, de artillería, ropas calzados, viviendas militares, mejor formación universitarias para los estudiantes castrenses, cosas así, y afines , son también otras nítidas evidencias de progreso nacional, son manifestaciones claras de una economía pujante y en constante e indetenible camino hacia adelante.

Con ese cuadro repleto de logros y acciones socioeconómicas, con una dinámica positivamente dirigida al crecimiento sostenido y de mejoramiento en calidad y cantidad, ¿cómo es que nuestra actual economía puede estar acusando malestar social porque el desabastecimiento se reduzca a falta de oferta negada a ojos vistas ante una solventísima demanda que sobrepuja la producción de la ineficaz empresa privada?

Creemos y sostenemos que es todo lo contrario: que estamos ante una empresa privada notoriamente quebrada por su propia ineficiencia e incapacidad para ponerse al día con las nuevas e irreversibles exigencias de la nueva población venezolana.

Digamos que es hora para que el Estado, además de atacar las consecuencias de esa ineficacia empresarial privada, mediante su suplencia como cooferente de una producción privada que no realiza ni tiene capacidad ni predisposición para hacerlo, decida tomar las medidas más adecuadas y eficaces para ir reemplazando más aceleradamente a cuanta empresa, a cuanto comercio estén incapacitados para definitivamente adecuarse a la nueva realidad venezolana.

Por ejemplo, a no hacer nada, de momento, el Estado debe hacer algo con los locales comerciales de la mayoría de los expendios detallistas que desde hace años de bonanza económica resultan muy estrechos, y he allí una buena causa de las interminables colas que han causado tanto aspaviento y que mediáticamente suele manejar ese mismo empresariado incompetente e irresponsable y con fines inconfesables.




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Manuel C. Martínez


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