Aquí, no hay guerra

La expresión "Guerra Económica" que se entronizó en el debate político nacional en estos últimos años, ha sido un marcador simbólico de posiciones políticas. Quien la admite, es chavista, y quien no, es opositor, y prefieren hablar de "Economía de Guerra".

Aunque admitir la expresión "Guerra Económica" en algunos chavistas no fue fácil. Les lucía como una apreciación muy ligera y de entrada se negaban a aceptarla, porque la noción elemental de guerra remitía a enfrentamiento entre dos o más entidades beligerantes, en condiciones iguales o desiguales, donde siempre uno inicia el ataque y el otro u otros se defienden o contraatacan como puedan y hasta donde puedan.

Además se argumentaba que admitirlo, siquiera como un constructo político mediático de defensa para ayudar a superar la crisis que ya se empezaba a padecer, ponía en entredicho la capacidad del gobierno bolivariano para atacar el contrabando, el saqueo de las divisas, la corrupción y todos esos males que empezaban a erosionar fuertemente nuestra economía.

Hoy, luego de posesionarse "Guerra Económica" como significante del ultraje y saqueo por parte de las manos "pelúas" internas y externas que pretenden llevar a su antojo el timonel de este país, es pertinente revalorar la susodicha expresión y precisar en ese orden que aquí, no hay guerra…Pues el pueblo es el blanco de ataques sistemáticos e inclementes sin posibilidad de defenderse de un enemigo que no puede ver y que paradójicamente se encuentra diseminado en todo el trajinar de su vida diaria. Es la enigmática especulación, el contrabando y la baja producción que se traduce en escasez.

Es un ataque brutal al estómago de madres, hijos e hijas aún no nacidos inclusive. Así como a los viejitos y viejitas marcados en sus brazos con números por orden de las gerencias de los grandes y también, ahora de los pequeños negocios; lo malo y humillante se copia. En esos negocios donde la tensión en la espera por conseguir el producto que de pronto se acaba, se dan incontables enfrentamientos entre vecinos, casi hermanos.

Es un ataque a la salud mental de todo el pueblo que parece haber potenciado la antisolidaridad, el individualismo, el sálvese quien pueda. Además, es un ataque que ha estado creando las condiciones para conseguir revueltas y guarimbas sobredimensionadas.

Ojala que esto que estamos viviendo fuera una "Guerra" en los términos que aludo al comienzo. Porque de ser así, por lo menos tuviéramos las armas o herramientas (predecible que no en las mismas condiciones) para tener la posibilidad de recuperar el territorio económico que hemos perdido: acceso asequible a la cesta básica, recuperar o repatriar las divisas del exterior, y sobre todo, conquistar la tranquilidad que se nos ha diluido.



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Aquileo De Jesus Narvaez


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