Ética y estética de la Revolución

Para los que con buenas intensiones se plantean una "estética de la revolución bolivariana" , es peligroso, comenzar tan apasionado camino, por darle la razón a los que –desde el realismo y pragmatismo- sostienen que la crítica social es solo posible en un "relato" socio-político. Igualmente, es también dañino, de allí mi mensaje a los entusiastas, al forzar "mecánicamente" "estilos", "contenidos", "símbolos" o "sentidos" para "convertir" la creación artística, en un "correlato obligado" imperativamente a producir, significados y códigos reforzando un "ethos estético" que evoca de una manera "unidimensional", una acción "buena" y experiencia sensible, propensa al mejoramiento o la compensación de la realidad social como garantía de la noción de belleza.

Esta última acepción fue históricamente, la falla real del "realismo socialista" que desembocó, como le escuché decir en Paris, al musicólogo venezolano-francés Williams Montesinos, en un "despotismo estético".

Recordemos, que nuestra revolución venezolana, comenzó atípicamente, y "al revés" si queremos utilizar el paradigma marxista de las trasformaciones sociales. Previo al conjunto de leyes habilitantes, se iniciaron los cambios desde la llamada superestructura jurídico-política, con la Constitución, que postula a la cultura como "soberano bien" y camino de la subversión, por la vía de la superestructura de la sociedad, arrancó "la primera piedra" de allí la Misión Robinson, emblema por excelencia, estandarte de ese proceso de concientización que hoy es la base y sustrato de la revolución invicta.

Al enfocar aquel infausto instante cuando Platón -en el Libro III de La República- vislumbró que por razones de la forma estética, la autonomía o la naturaleza singular de las creaciones, los artistas y poetas empoderados podrían alejarse de calcar tal ideario moral o virtud, recomendó su expulsión de La República. Menos mal que en Venezuela ello no ocurrirá. Una gerencia cultural basada en la Constitución se apega a "…la creación es libre…", podrá evitar la exclusión a priori, marginación o manipulación, o el cierre y estandarización del universo del discurso artístico. El peligro de su envejecimiento institucional podría evitarse.



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Joaquin Lopez Mujica

Filósofo, escritor y diplomático

 j.lopezmujica@laposte.net

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