El caso del Instituto Merideño de Cultura del estado Mérida.

De cuatristas a cuatreros.

Luego del asesinato del dirigente revolucionario y Presidente del IMC Giandoménico Puliti, el sector cultural de Mérida entró en la disyuntiva de quién sería la persona que iba a tomar las riendas de la cultura regional.

A raíz del asesinato de Puliti alguien escribió:

“Nos estábamos negando a su partida. Casi esperábamos que a último minuto nos dijeran que no iba a ser el candidato. Nos negábamos a no contar con su presencia. Discutíamos a quién carajo nos iban a mandar. Nos daba terror pensar que designaran un burócrata cualquiera, de esos que pululan cerca de los cargos de cuarta y de quinta. Queríamos y esperábamos que fuera él quien impusiera al nuevo Presidente del IMC. Sabíamos que él no podía fallarnos ¡”

El gobernador Cap. Florencio Porras nombró al señor Balbi Cañas como nuevo presidente del IMC. Al sector cultural nos tomó por sorpresa dicho nombramiento. El señor Balbi Cañas era apenas conocido como muy buen dibujante y caricaturista, pero con muy pocas credenciales y relaciones como para asumir las tareas de dirección de la cultura merideña. A parte de que sabíamos que había hecho aportes financieros y de trabajo para la campaña de reelección del gobernador

El señor Cañas al poco tiempo demostró sus capacidades y conocimientos y planteó que su plan principal para el 2005 era formar en el estado Mérida “2000 cuatreros”. Este planteamiento nos dejó perplejos. No tanto por usar cuatreros (forajidos, bandidos) como sinónimo de cuatristas (ejecutantes de cuatro), sino porque demostraba un desconocimiento de la cultura en nuestro estado. Aún cuando contamos geográficamente con zonas donde el cuatro es el instrumento musical preferido, contamos también con amplias zonas donde el violín (Festival del Violín de los Andes) es el instrumento por excelencia y que incluso define mejor la idiosincrasia de nuestro pueblo; hasta zonas donde los tambores son la expresión musical preferida. Formar “cuatreros” no era realmente tan importante como fomentar el movimiento cultural del estado. Formar “cuatreros” era mucho menos importante que avanzar en la profundización de la revolución en el área cultural y para ello necesitábamos justamente la más amplia participación de distintos sectores, como muy bien lo llevo adelante Giandoménico.

Si, como creemos, en esta nueva etapa la participación protagónica es eje fundamental de la construcción de país, la proporción de los actores en la relación sociedad-estado debe cambiar de aquella en la que el estado ejecutaba políticas públicas no discutidas, para problemas públicos no consensuados, sobre actores pasivos no convocados, a una en la que la participación de los actores principales- los ciudadanos, incluyendo a los que forman parte del estado- estudian, planifican y construyen la cultura que queremos.
Este proceso bastante adelantado por Puliti no solo fue truncado por su asesinato, sino por el nombramiento en el IMC de una persona que venía con todas las intenciones de deshacer lo hecho. De una persona que ignora que la cultura es sobre todo la acumulación histórica de los saberes del pueblo.
No sabemos si se avanzó en la formación de cuatreros, lo que si sabemos es que no se avanzó en la formación de cuatristas. Incluso el señor Cañas logró que uno de los mejores ejecutantes de cuatro del país, o sea cuatrista, el músico Gallardo, Presidente de la Asociación de Cordófonos de Venezuela tuviese que emigrar a otro estado no solo ante el abandono del IMC, sino ante la persecución a la que fue sometido. Fue despojado del local que le había asignado Puliti en el centro cultural Tulio Febres Cordero, donde - ¡que contradicción!- daba cursos de cuatro.

Y ahora se plantea la liquidación del Instituto Merideño de Cultura. Recordemos que cuando Reny Pedreañez salió de la dirección de Desarrollo Social se llegó a decir que la administración de ese señor era inauditable. Pero en lugar de abrirle una averiguación el gobernador lo nombró Comisionado en el municipio Alberto Adriani. Hoy el señor Pedreañez es un flamante Diputado regional del MVR.

De manera que no nos extrañe que ahora después de nombrar a Balbi Cañas como presidente del IMC y que éste ejecutara la ¡política cultural! del gobierno regional, se culmine el proceso con la liquidación del Instituto Merideño de Cultura. Ese parece fue el papel asignado a Balbi Cañas y lo cumplió muy bien. Falta que ahora el gobernador lo nombre: ¡Comisionado!, que se lo merece.

Ahora se pasará a una Dirección de Cultura o a una Fundación. Lo que le convenga más a la burocracia. Su interés no es la cultura. Cuando esta se maneja con criterios no culturales, sino rentistas, o sea en función de presupuesto-votos y, quién sabe, contratos-comisión, la cultura no es rentable. Mucho menos cuando se le asigna el 0,36% del presupuesto.

En realidad se convirtieron en cuatreros: nos robaron la cultura, por ahora.

Decía Puliti en uno de sus últimos artículos:

“El poder, esa cosa extraña tan ansiada por muchos, causa estragos –una vez conocida y saboreada- en la mayoría de quienes lo ostentan. Ejemplos históricos sobran. Todos quisiéramos tenerlo algún día en nuestras manos. Acariciarlo. Poseerlo. Tocarlo. Conservarlo. Gozarlo. Y con su influjo alcanzar lo negado, lo añorado, lo ansiado, lo prohibido. Una vez obtenido, no sabemos qué hacer con ese insólito instrumento manipulador. Sólo los espíritus fuertes, libres, honestos y conscientes pueden controlarlo y dirigirlo hacia causas dignas de mérito. El poder, en este sentido, ennoblece y glorifica. Pero, al mismo tiempo, puede enceguecer, obnubilar o embrutecer a quien no logre encauzarlo hacia propósitos sublimes. El poder, en pocas palabras, es instrumento ciego de la maldad.” (Giandoménico Puliti. “Los Intocables”)

Pasará la cultura estas vicisitudes. La cultura no muere. Bien lo esta demostrando el pueblo de Irak. Porque como dice Simón Rodríguez Porras:

“Sólo faltaba llevar hasta sus últimas consecuencias la doctrina esencial burguesa la de la propiedad privada. De apropiarse de las personas en su real existir, se pasa al apropiamiento de su potencialidad de ser, contenida en su estructura biológica y su identidad cultural. Decimos que estamos viendo las últimas consecuencias de una lógica cuya omnipresencia es síntoma de agotamiento, pues la humanidad no puede morir de capitalismo. Prevaleceremos…

… Toda revolución comienza con victorias simbólicas”

(Simón Rodríguez Porras. “Música y Revolución”)

Según dicen algunas voces la eliminación del IMC se debe a que es inauditable y a la facilidad que para despedir empleados da la figura de liquidación. Nos consta que el IMC fue auditado hasta por lo menos el 2004 y la única recomendación de los auditores fue elaborar los manuales de cargos y procedimientos. De manera que si el IMC es inauditable lo es a partir de la administración del señor Balbi Cañas. Lo extraño es que la gobernación del estado Mérida se apresta a liquidar y reestructurar tres institutos. El IMC, el Inmeder (deportes) y el Infram (infraestructura).

La figura de la liquidación sirve en realidad para no responder por los desmanes administrativos realizados en dichos institutos. Si con la figura de la liquidación pueden esconder la responsabilidad administrativa, política y quizá penal en los manejos dudosos de esos institutos, lo que estan haciendo en la práctica es esconder debajo de la alfombra la basura de la corrupción y salvar a los corruptos. Por otra parte si el gobernador Florencio Porras tiene que liquidar por inauditables tres institutos autónomos de su gobernación es demostración clara de su ineficacia. ¿Acaso no fue él quién nombró a los directores o presidentes de esos institutos? ¿No es a él a quién tienen que rendir cuenta? ¿Si en esos institutos han malversado o robado recursos del estado, se va a premiar a los responsables declarándolos inauditables para después darle a sus ex directores cargos de Comisionados del gobernador?

Y mientras el Presidente hace lo imposible para llevar a niveles de un digito el desempleo el gobierno de Mérida busca triquiñuelas legales para despedir a unos trabajadores que no tiene ninguna responsabilidad ni del desastre administrativo o de corrupción del director del IMC, ni mucho menos de la incapacidad e ineficiencia demostrada por este funcionario. En última instancia el gobernador Porras es el principal responsable de dichos desastres; así como de su desden por la cultura de nuestro estado al que a duras penas le dio en el 2005, 2.700 millones, menos de lo que se gastó para tumbar un viaducto.

Dijo Obdulio Camacho, diputado merideño ante la Asamblea Nacional, en declaraciones al diario Frontera el jueves 6 de abril (cuerpo A, pag. 3):
“Vamos a proceder a abrir investigaciones de todos los funcionarios públicos en ejercicio o no, que hayan sido denunciados o del cual se tengan suficientes elementos de convicción e indicios que ameriten una averiguación institucional, independientemente de la militancia partidista del denunciado”

Pues bien investiguen a Edy Gómez, ex director de Fonfimer; a Reny Pedreañez ex director de Desarrollo Social; al ex director del Inmeder; al ex director del Infram; al ex director de Corposalud y a Balbi Cañas ex director del IMC. Pero investiguen también la responsabilidad política y administrativa del gobernador Florencio Porras.

Cuando se constituyó el IMC se tomó la siguiente frase para su identificación: “Si su pasión es la cultura, Mérida es su destino”. Le recomendamos que, por ahora, en las próximas vacaciones se de una vueltita por Anzoátegui, allí se le asigna el 6% del presupuesto a la cultura y se pone preso a los corruptos.


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