Agresión en el Esequibo: otro eslabón de la cadena golpista

La decisión del gobierno de Guyana de ceder a la Exxon Mobil la extracción de petróleo en el Esequibo venezolano, es un eslabón más de la larga y peligrosa cadena con la que el imperialismo pretende amarrar a la revolución bolivariana.

No se trata exclusivamente de una actividad económica que beneficia a esta desprestigiada transnacional, devoradora de ecosistemas y saqueadora de pueblos, sino de otra embestida del plan multifacético con el que la derecha internacional aspira derrocar al chavismo.

El conflicto tiene de fondo el dinero que proviene del petróleo y su acumulación vulgar, sumado a la privilegiada posición geográfica de una basta y rica zona con salida al mar atlántico; pero subyace en su desarrollo un asunto político que le desborda con creces: la necesidad imperiosa de frenar los movimientos soberanistas latinoamericanos y caribeños que lidera Venezuela desde comienzos del siglo XXI.

La provocación del gobierno guyanés tiene como propósito que el camarada Nicolás Maduro movilice a la Fuerza Armada en una acción militar, ante lo cual actuarían los gringos como lo hicieron contra Irak en su conflicto con Kuwait en el año 91. Este escenario les permitiría activar un despliegue militar con carácter bélico, en la zona en reclamación y también en suelo venezolano, cerca, muy cerca de la Faja Petrolífera Comandante Hugo Chávez, la mayor reserva del mundo. Demasiado parecido a lo ocurrido en Libia, Irak y Siria como para ser pendejos. Sería el preludio para la creación de una suerte de "Estado Islámico Criollo en territorio liberado" con barril de petróleo a 20 dólares para los buitres capitalistas.

Es una tensada más a la contradicción entre los pueblos que decidieron ser libres en Nuestra América y el imperialismo del norte, la cual crece día a día, cuando amplios sectores populares y sus organizaciones políticas de izquierda se movilizan para derrotar el perenne sabotaje al que son sometidos.

Desde la intensa actividad mediática, nacional e internacional, emprendida en 2013 para descalificar el gobierno de Maduro; pasando por las guarimbas de 2014 con su saldo de 41 muertos; el sabotaje económico con el que quebraron los canales logísticos y de distribución comercial, abriéndole paso al contrabando y el bachaqueo; el infame decreto de Obama declarando a Venezuela una amenaza extraordinaria e inusual para los Estados Unidos; el ataque al Bolívar Fuerte, y las agresiones a líderes revolucionarios asociándolos al narcotráfico; el pueblo organizado y movilizado ha sabido superarles, saliendo victorioso y fortalecido, so pena de soportar una economía descalabrada donde acceder a los bienes de primera necesidad es una tortura cotidiana, y donde el salario se desvanece con cada arremetida furiosa de quienes manejan Dollar Today.

Es una pugna minuto a minuto que en lugar de disminuir tras cada victoria popular se agudiza intensamente; es lo que podríamos calificar como la principal contradicción que se libra hoy en el continente, tras la cual se perfila el destino inminente de una región liberada y ante la cual USA activa sus más sofisticadas estrategias: las mismas que le funcionaron en la Unión Soviética, en la Chile de Allende y ahora mismo en el Medio Oriente.

Frente a esa estrategia imperialista que actúa en diversas dimensiones, el movimiento revolucionario debe responder y avanzar en diversas direcciones. Mientras se atiende el asunto del Esequibo venezolano con mecanismos diplomáticos y políticos, se debe arremeter con fuerza contra empresarios de maletín, especuladores, bachaqueros y funcionarios corruptos, a la vez que se acentúa la Operación de Liberación del Pueblo para erradicar la proliferación de bandas delictivas y presencia paramilitar, sin descuidar el problema cambiario ocasionado por gente oculta tras portales Web, cargos públicos o países alcahuetes. Esto en el plano defensivo; porque en el plano ofensivo debemos profundizar el empoderamiento de la clase obrera y su verdadero ascenso al poder; el fortalecimiento del poder popular transfiriéndole más que recursos: responsabilidades de un Nuevo Estado; la consolidación de las Comunas como nuevo orden político, territorial y económico, el desarrollo de la agricultura desde una perspectiva socialista, la ocupación efectiva de las empresas estratégicas del país, rumbo a la nacionalización de la banca y del comercio exterior. ¿Qué tal se vería la burguesía si no recibiera más dólares del estado?

Esta es otra prueba para la Revolución Bolivariana, para su líder Nicolás Maduro y para el pueblo Venezolano. Sortear este nuevo obstáculo será un elemento para elevar la moral de la gente y alimentar el espíritu patriótico. Toda revolución es hija de la crisis, sirva esta coyuntura para avanzar con pasos agigantados hacia el mundo nuevo y justo por el que hombres como Bolívar y Chávez entregaron sus talentos y sus vidas.



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