Docentes, distorsiones salariales y la inflación. ¡Salgamos del rebaño!

No vamos hablar del anunciado "Revolcón" porque no lo hubo. Al parecer se le pospuso. Por allí leí que el presidente al parecer no pudo cuadrar a tiempo con sus asesores el conjunto de medidas a anunciar, por lo que optó dejarlo para los próximos días. Sabemos por boca del mismo primer mandatario que el asunto de la gasolina no se tocará por ahora y esperará por momentos quizás más propicios. De manera que lo del "Revolcón", lo dejaremos para otro día, pues quien quita y de verdad resulte eso. Esperemos. Lo que sí es bueno resaltar, como está vez, lo de movimientos de ministros, que apareció como asunto central del "Sacudón", esta vez se le desligó del "Revolcón" y se hicieron antes.

Lo que sabemos es acerca del aumento del salario mínimo que a partir de julio sobrepasará la cifra de siete mil bolívares, que tomando en cuenta el precio de la canasta básica, la que se mide a partir de quienes no tienen acceso a los productos regulados por diferentes razones, no deja de ser precaria.

Pero lo curioso de todo esto es la enorme y hasta desmotivadora circunstancia que está creando el fenómeno de distorsión salarial.

En la IV república, en varias oportunidades, se dio este fenómeno que afectó en buena medida a diferentes trabajadores sobre todo a los educadores.

Conocí un curioso caso, a partir del cual escribí una crónica para un diario regional, según el cual, en una escuela de PDVSA, el jovencito, sin siquiera título de bachiller, encargado de la portería, ganaba casi el doble del salario de la directora, docente con postgrado, maestría y hasta título doctoral, quien con aquellas credenciales ganó el concurso que convocó la empresa para ocupar el cargo. El joven estaba amparado por el contrato petrolero, mientras la directora se le asimiló al contrato docente. La colega, al enterarse de aquella curiosa situación, hizo el reclamo correspondiente y no habiendo sido atendida, por dignidad, optó por renunciar.

Pero el problema más generalizado fue que en un momento determinado, los trabajadores administrativos y los obreros, llegaron a ganar, en las escuelas nacionales, mucho más que los docentes de los primeros niveles y relativamente cerca de quienes estaban en los peldaños más altos.

Los educadores venezolanos al servicio del Ministerio del Poder Popular para la Educación, firmaron un contrato hace más o menos año y medio, en el cual se les dio un aumento de sueldo, que comparado con el índice inflacionario de entonces para acá, fue poco significativo. No obstante, el mismo contrato establece que en la medida que se muevan las cifras de inflación, las partes se acordarían para paliar los efectos sobre el salario. Que sepamos, este acuerdo no se ha producido y pareciera no estar planteada ni siquiera la posibilidad que eso suceda.

Es verdad que el presidente en su discurso del primero de mayo, instó a las partes a apresurar los trámites para firmar los contratos que están en discusión. Pero por lo dicho anteriormente, este no es el caso de los educadores. Si no estoy mal informado, el contrato de los educadores nacionales vence en el mes de septiembre y, siendo muy optimista, sujetándonos a la historia, de firmarse un nuevo contrato, sería entre los meses de febrero y marzo. Es decir, habría que esperar por lo menos – repito, siendo optimista – un año.

Por estas circunstancias, ahora mismo, parece darse el caso, que el salario mínimo alcanzaría una cifra superior al ingreso de educadores de niveles iniciales y hasta de los clasificados en el medio. Eso significa que el salario de esos profesionales quedaría por largo tiempo en niveles nada atractivos y sí precarios.

Vivimos en una sociedad capitalista, esa es la cruda realidad y no la que los idealistas podríamos inventarnos. El salario, nos guste o no, es una de las más poderosas herramientas para motivar a los trabajadores. Pero más que eso, es la razón que permite al trabajador dedicarse o no con ahínco a su labor, liberado de las preocupaciones derivadas de las carencias. También es una poderosa arma para hacer que el docente u otro trabajador, ponga énfasis en crecer para ser más eficiente y productivo.

Esa distorsión salarial dentro de la escuela, bien lo sabe uno por haber vivido la experiencia, desmotiva y hasta crea un estado de animadversión de quienes se sienten, con toda razón, afectados por aquello.

Dentro de un año, cuando se estaría en los finales de la discusión del contrato colectivo de los docentes nacionales, según las perspectivas, la distorsión que ahora existe sería mucho mayor.

Por eso, parece por demás justo y razonable, que se aplique la cláusula relativa a la revisión del salario de acuerdo a la inflación y no esperar el 2016, para que mediante el nuevo contrate se ajuste el salario, en una cifra que por lo que sabemos, ni siquiera compensaría por la mitad de la inflación alcanzada hasta ahora.

Como dijo alguien en artículo publicado por este medio – aporrea.org-, uno tampoco entiende por qué los gobernantes venezolanos, se repiten uno a otros, en eso de considerar a los educadores como ciudadanos o trabajadores de inferior categoría.

Pero es natural que pongamos fe que el Presidente Maduro, por muchas razones que el lector maneja, "se salga del rebaño", como decía Renny Ottolina, y proceda a tratar con justicia a los educadores y la educación.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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