FAO y el sistema agroalimentario venezolano: Lo peligroso no es dólar a 6,30… ¡es el maletín, el contrabando y la especulación!

 

FAO pregona los resultados de la inseguridad alimentaria en el mundo en su informe del 2014. Subyace en este informe la propaganda sobre una sensible disminución de las personas subalimentadas en el mundo, con insistencia en seguir calificando con adjetivos ligeros el problema del hambre del mundo. El hambre es un fenómeno fundamentalmente socio-político con consecuencias biológicas; la subalimentación se asocia más a unas consecuencias biológicas y descuida el origen.

De todas formas, si los resultados evidencian que hay una disminución del hambre del mundo; creeremos optimistamente que es una noticia agradable para los pueblos acogotados por el modelo económico neocapitalista que le importa un bledo el inmisericorde estado de huesitos forrados de una tenue carne, en los niños africanos y en menor cantidad en otras partes del mundo. Lo relevante para nuestro país de este informe es que hemos satisfecho las expectativas de los objetivos del Milenio antes del 2015; para muchos pueblos del mundo, esta arruga se correrá hasta los objetivos del 2025. Serán diez años más de inequidad y dolor por la muerte de tantos niños en el mundo a causa del hambre.

América Latina y el Caribe, desde que comenzaron los procesos de liberación política, exhiben el mejor resultado de disminución del hambre en el mundo. Al igual que Venezuela, donde la guerra económica actúa como contrapartida al logro de los Objetivos del Milenio, una lista de países que se le salieron de las amarras al imperialismo exhiben muy buenos resultados, tanto que en promedio América Latina logró disminuir la prevalencia del hambre en algo más del 60 %, antes del 2015. Bolivia, la hija predilecta del Libertador, presenta resultados muy favorables. En décadas pasadas presentaba signos de alarma en inseguridad alimentaria; ahora, ha generado un entorno político muy favorable (según FAO) para mitigar la pobreza y el hambre sobre todo en la mayoría indígena del país, y ha reducido en 50 % los pésimos indicadores del siglo pasado.

Lo que continúa siendo un hecho curioso es que el hambre a consecuencia de la pobreza, es mayor en los territorios rurales que en las zonas urbanas, una paradoja entre donde se produce y donde mayormente se consume. Esto que también sucede en Venezuela y en el resto del mundo tropical, posiblemente es consecuencia de inadecuadas políticas o de políticas todavía no consolidas para la población campesina e indígena, en materia agraria y productiva. Pero la otra paradoja venezolana es que si bien es cierto que tenemos menos del 5% de los habitantes en situación de inseguridad alimentaria, y que disponemos de las potencialidades para alimentarnos del fruto de nuestras tierras, las estadísticas de FAO todavía no precisan cuanto de esos alimentos son de origen foráneo, y como toda estadística, esconde los otros fenómenos asociados al logro de este Objetivo del Milenio; pero políticamente, más como objetivo de una revolución que marca pautas en materia de los derechos de los pueblos a una vida digna. Esas aclaratorias a la paradoja debemos hacerlas desde adentro del país, lo intentaremos:

La burocracia más ciega es aquella que no escucha. También es la que solamente se adorna de las cifras positivas, descartando los resultados adversos, ocultándolos o negándolos. Algunos colegas también le colocan a la ineficaz burocracia la tendencia a transformar todo en operativos, descuidando que la revolución debe hacer de la planificación la herramienta mejor para lograr objetivos de plazos largos. Lo otro es que a la burocracia le resbala que le acusen de pérfida en materia de corrupción, algunos llegan hasta hablar con orgullo de sus negociados. Con ese referente, el presidente Maduro le propone al país siete políticas optimistas, presentadas en el artículo anterior http://www.aporrea.org/ideologia/a201489.html De allí que, el éxito de esas políticas está en derrotar la ineficiencia burocrática y la corrupción, o lo veremos nuevamente en pantalla de televisión, replanteando como política esta que olvidó, porque la gravedad de la guerra económica y de las consecuencias de la caída de la renta petrolera, no permiten mas omisiones, ni deslices, ni falsas solidaridades.

Maduro aprobó un plan de divisas, a Bs 6,30 por dólar, por un monto de 8.109 millones de dólares para la inversión alimentaria y de productos fundamentales. Este sacrificio económico guarda relación con el beneficio social. De no haber sido así, la oposición golpista estuviera promoviendo el saqueo y la quema del país. Sin embargo, en el caso del sistema agroalimentario venezolano que nos ocupa, debe responder un conjunto de preguntas y resolver nudos fundamentales que desprestigian el esfuerzo del Estado en materias que nos favorecen en las estadísticas de FAO y nos desfavorecen a lo interno:

1/ Una tasa de cambio a 6,30 es un subsidio a la alimentación, es cierto. Pero, no sabemos cuanta conciencia hay en mantener una voraz tendencia agro importadora en vez de favorecer la producción nacional. Esa voracidad no está precisamente en el MPPAT, sino en el coyuntural Ministerio del Poder Popular para la Alimentación (para la importación masiva de alimentos). El actual vicepresidente del Poder Popular para la Seguridad y soberanía Alimentaria representa la más genuina tendencia agro importadora de los últimos años. ¿Tendrá ahora una nueva concepción del sistema agroalimentario?

2/ Hay que generar conciencia del valor alimenticio pero también del valor económico de los alimentos que se importan y se producen en el país. En cuanto al valor alimenticio se sabe que el Instituto Nacional de Nutrición adelantará una política del buen comer; en lo económico se debe generar una cultura sobre la información de los precios del mercado. No existe arroz a 750 dólares por tonelada, al menos por ahora y se corre que se hicieron compras a ese precio. Existe leche en polvo en el mercado internacional a precios inferiores a 6.500 dólares por tonelada, pero siempre conseguiremos un referente para saber a como estamos comprando y como estamos vendiendo. Esa leche importada con dólares a Bs 6,30 no puede venderse a esos precios especulativos del libre mercado, y los derivados lácteos formulados con leches reconstituidas tampoco pueden ser a precios especulativos. No estaría mal informar al Pueblo con transparencia sobre las importaciones, sus volúmenes y sus precios y gastos adicionales.

3/Bajos precios, significa una tentación para la reventa, la especulación y para el contrabando. Es importante repensar los sistemas de distribución de los alimentos subsidiados. El operativo está vencido como estrategia coyuntural. Hemos avanzado poco en la distribución comunal y puerta a puerta, sin retroceder en la venta en mercados abiertos y las redes de mercados públicos y privados. Si se quiere se puede revisar una propuesta basada en los "bicicleteros" de Cumaná que cada día contactan a 20 mil familias, y tenían la idea de apoyar al gobierno en la distribución de otros alimentos, además del pescado, casa por casa. Los bicicleteros llevan 60 años haciendo eso.

4/ Las pérdidas del sistema agroalimentario: existen unas incontrolables y normales, sobre esas debe encargarse la ciencia y la tecnología para disminuirlas. Pero, otras son una vergüenza. Empresas de maletín, nacidas de las conchupancias entre lo público y lo privado, que compran con sobreprecio, o desvían internacionalmente la carga, o ingresan productos de baja calidad o en menor cantidad a la declarada. Esa vaina es trampa, esa vaina es guerra económica y a la moral revolucionaria. Allí hay juju, ojos ciegos y oídos sordos a tanta denuncia mediática. Hay también mucha solidaridad indebida. Por otra parte, también el contrabando de extracción es una pérdida cuantiosa, y no es solamente hacia Colombia, también comprende el norte de Brasil, y la cara norte caribeña. Un mamador de gallo llegó a decirme que dudaba si hasta la Santa Sede podrían llegar nuestros sacrificios.

5/ Finalmente, hay que revisar el concepto de consumo aparente. Si consideramos que todas esas pérdidas se calculan para el consumo aparente, lógicamente las estadísticas se abultan. De manera que si la corrección es sobre las pérdidas controlables, magnífico. Pero, en tanto hay que hacer estimaciones (para oficiales) sobre el fenómeno de la corrupción por maletín y contrabando de extracción o alcabalazo, como también lo llaman, para saber cuál es la realidad del consumo de cereales, lácteos, carnes diversas, huevos.

Con ese dólar a Bs 6,30 para las importaciones agrícolas quienes decimos "Dios proveerá" somos la mayoría del Pueblo pero también la minoría corrupta y parásita.



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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