Cauchos rayados

“Antonio Pigafetta (…) contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara.” Así empieza la síntesis que sobre la asombrosa realidad latinoamericana hizo García Márquez al recibir el premio Nobel de Literatura, donde demuestra cómo la intersubjetividad mezclada de propios y extraños potencia tal realidad diluyendo los límites entre lo mágico y lo real, razón de ser de su obra.

Y ese realismo mágico recorre persistentemente nuestra realidad. Hace unos cuantos años vi con mucho asombro cómo los campesinos, al servicio de una transnacional ubicada en los densos latifundios de Mato Grosso, al cortar la corteza del árbol de siringa hacían que manar desde sus entrañas un elemento acuoso y viscoso que pronto convertían en una bola que algunos pateaban y acariciaban cual balón de fútbol. Estaba en presencia de la extracción de la materia prima para la elaboración del caucho, que la Goodyear y otras comercializan en todo el mundo. Esas mismas ruedas que en este momento escasean en nuestro país, y que buscándolas, nos encontramos con situaciones sorprendentes.

No podía creer lo que me comentaba el taxista cuando me trasladaba para buscar un caucho 13 para mi carrito. Me decía que prestara mucha atención cuando me lo ofrecieran, pues los que se veían más nuevos por la profundidad de sus ranuras, eran tal vez los más viejos y malos, y advirtió: “porque esos están rayados”. Ante mi ingenuidad y extrañeza evidente, me explicó que los cauchos que son desechados porque han perdido sus agarres, en las caucheras con un esmeril, taladro o punzones, les hacen los canales o trabes, seguidamente los lustran y los venden como cauchos usados de primera. En efecto, pude constatar en varios lugares tal hecho aberrante, que es expresión de la corrupción como elemento estructurante de la increíble realidad nuestra.

Recordé entonces otras situaciones similares del día a día que bien caben en la racionalidad de la obra garciamarqueciana, y que bien pueden llamárseles la práctica del “caucho rayado”. Por ejemplo, vender un pote aceite de comer ligado con aceite de motor; el alquiler de un niño por parte de una mujer para simular ser madre para lograr un puesto preferencial en las colas, y en realidad es una “bachaquera"; vender puestos en las colas; que los comercios deliberadamente no den factura al consumidor…Todo ello, consustancial con la crisis socio-cultural que vivimos, debe mover los cimientos de nuestra esencia ética y actuar en consecuencia.

¡Ah…! Para finalizar con la anécdota que dejé atrás: yo no compré el caucho rayado…


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Aquileo De Jesus Narvaez


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