El gobierno socialdemócrata va a la guerra con la pólvora mojada

Por Toby Valderrama y Antonio Aponte

El gobierno denuncia desde hace meses que estamos en una "guerra económica", y de muchas maneras la enfrenta. Lamentablemente, no se han obtenido resultados exitosos, podríamos afirmar que cada día la situación económica se agrava y amenaza con el derrumbe del proyecto chavista. Es urgente pararse a pensar, dejar los efectismos, la guerrita de pantalla, revisar lo hecho hasta ahora, sus resultados, estudiar las grandes líneas de la guerra verdadera y diseñar respuestas efectivas. Veamos.

El gobierno, guiado por la doctrina socialdemócrata, es incapaz de definir el verdadero carácter de la guerra. La declara, pero no precisa al enemigo. Al no ubicarlo ninguna medida puede ser efectiva. Así no se pueden delinear, diferenciar, los campos en pugna; al no tenerlos claro, no hay límite en el "nosotros" y el "ellos"; sin límites no es posible dar contenido a las batallas, y sin contenido no se puede evaluar si avanzamos o retrocedemos. Entonces, reina la confusión y el desencanto.

Si queremos salir airosos de la "guerra económica" debemos empezar por precisar la doctrina que nos guía, los aspectos más generales de la confrontación.

No hay que confundirse, la guerra no es la cola en supermercados, los altos precios, la especulación, el acaparamiento, la escasez. La guerra es entre el intento socialista y el capitalismo, ese es el verdadero carácter de la confrontación, una guerra contra el Socialismo. Quedarnos en la batalla contra los síntomas del capitalismo nos equipara a un gobierno de la cuarta. Aquellos, en su oportunidad, se enfrentaron a estas aberraciones, siempre sin resultados. Es que estas calamidades no son un mal funcionamiento del capitalismo, son su naturaleza. La Revolución se diferencia de la socialdemocracia en que va al origen de estos males y el origen es el capitalismo.

Es así, nos atacan, asesinaron a Chávez, por haber decretado el carácter antiimperialista, anticapitalista, socialista de nuestra Revolución. En esta guerra, la fuerza de la Revolución radica en mantener su carácter, así puede dar contenido a la batalla, razones sagradas por las cuales luchar, un ideal que justifique los sacrificios y guíe las victorias; así conocerá el rumbo, determinará a los enemigos, será fuerte en la confrontación.

La socialdemocracia, al ser una expresión política del capitalismo, sólo puede aparentar una lucha contra ese sistema, se pierde en escaramuzas artificiales que no lo ponen en cuestión. Su estrategia es procurar adhesiones con recompensa material, el mercenarismo, repartir una renta que ya es insuficiente y, simultáneamente, favorecer a los capitalistas, estimularlos; estar engranada con el capitalismo mundial. De esta manera, necesariamente, se tiene que aliar con los capitalistas, que son su razón de ser. Esta conducta la lleva a un dilema: debe mantener un discurso revolucionario, pero necesita una práctica capitalista. La ambigüedad la desgasta. No puede combatir al capitalismo, que es su otro yo, y entonces su discurso se transforma en mentira, queda sin justificación, en ese momento las masas insatisfechas, desencantadas, la abandonan, y entra en escena el fascismo.

Es así, la socialdemocracia en funciones de Revolución vive un drama que la martiriza hasta extinguirla, la conduce a la tumba: va a la guerra contra el capitalismo con la pólvora mojada, funciona como una transición desde la posibilidad socialista hacia la restauración del capitalismo, ese es su papel histórico, servir de válvula de seguridad al sistema capitalista… y aquí, entre nosotros, lo está haciendo muy bien.

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Toby Valderrama


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