¿Navidad o fiesta de inocentes?

La Navidad agita una varita mágica sobre el mundo,

y por eso todo es más suave y más hermoso.

Norman Vincent Peale

El pasado viernes, fui arreglar dos corneticas muy pasadas de moda, pero a pesar de lo anticuado me siguen siendo muy útiles; al negocio donde las lleve me encontré a una parejita muy joven, estaban almorzando en el mismo plato, con el mismo cubierto, parecían dos palomitas, cuando se están dando un piquito; dos enamorados en la flor de la vida en plena navidad; hermoso momento para estimular el acercamiento con nuestros semejantes, para ayudar a elevar el mayor sentimiento del hombre, como es el amor.

Al verlos, sencillamente trate de exaltar el momento, lleno de tantos valores, que debería permanecer eternamente en nuestros jóvenes, y no desaparecer, como se les escapa la vida en forma prematura. La pareja de flechados por "cupido" se quedaron sorprendidos, retribuyéndome con una hermosa sonrisa, el apoyo brindado en forma espontánea y sincera; dejaron pasar algunos minutos para atenderme con la mayor amabilidad, para terminar de recibir mis palabras, como si estuvieran en la iglesia, frente a un sacerdote, en la acostumbrada ceremonia matrimonial.

Esto demuestra que la vida es más hermosa, cuando se está enamorado en el sentido más amplio de la palabra; esa inagotable luz, que sirve para iluminar nuestra existencia, ayuda a mirar hacia adelante, a pesar de todas las adversidades, que se puedan presentar, porque nada es fácil en el camino; son tantos los vericuetos, que muchas veces perdemos la oportunidad de apreciar el sentimiento universal, que despierta el mes de diciembre, ablandando los corazones más duros, como golpeados por las palabras, cuando se acerca un nuevo año.

Dice una hermosa canción, que el amor también florece, cuando se siembra y se cultiva, pero, no solamente es el amor de pareja, al que tenemos la inmensa responsabilidad de cultivar; también debemos rescatar lo que todo el mundo llama "Los valores perdidos", porque de lo contrario todo está perdido y seguiremos en una carrera desenfrenada hacia el abismo. Sabemos lo difícil de esa inmensa tarea, no parece fácil salir a flote en los próximos años, y cuidado sino no son décadas, que nos separan del faro de luz, para iluminarnos el pensamiento y llenarnos de mucha conciencia, la única manera de conseguir el verdadero rumbo, el mayor y gran anhelo del fallecido Comandante Chávez.

Estamos sumergidos en lo más profundo del pantano, llamado por el genial escritor uruguayo Eduardo Galeno, "El imperio del consumo", las muestras son muy evidentes, a pesar de la grave crisis económica, las calles de las pequeñas y grandes ciudades se encuentran alborotadas, como ríos de agua viva, en busca de lo bueno y malo, que metódicamente ofrecen los medios de comunicación a los ansiosos y desesperados compradores; parece que no valen consejos, ni orientación posible para ayudar a preservar los mermados recursos económicos; todo termina en la registradora de los especuladores, sin ningún control de las autoridades, por la poca capacidad del estado para frenar a los voraces comerciantes, quienes, como pirañas se tragan los recursos del pueblo.

¿Por dónde comenzamos? Nadie puede entender, cuando vemos a cantidades de personas, preocupados por conseguir la caja de cerveza, sin buscar la manera de estirar los "churupos" como dicen algunas mujeres precavidas, experiencia aprendida, cuando se acercan a un supermercado, faltando poco, para traerse en la cartera la pírrica compra, por lo caro de los productos. Con toda razón el destacado escritor Estadounidense Mark Twain nos dejó un pensamiento, lleno de mucha picardía: "El 28 de diciembre nos recuerda lo que somos durante los otros 364 días del año". No podemos seguir, como sedientes perdidos en el desierto, buscando la soga para terminar con nuestra existencia.

Una de las grandes tareas de los pensantes en estos momentos, sin distingo de raza, religión o color político, es tratar de rescatar el hermoso espíritu de la navidad; esa sublime fiesta universal, nos recuerda el nacimiento de un gran hombre, como lo fue Jesús de Nazareth. La letra de brillantes composiciones decembrinas: aguinaldos y villancicos, nos trasladan a una época romántica del pasado, para no dejar, que todo se convierta en un espejismo. Tenemos que aprender a vivir de la manera más sencilla posible, no dejar que la incitación no lleve a un mundo de ilusiones, si en verdad, queremos honrar la ejemplarizante y efímera estadía del hijo de María, por este complicado mundo terrenal. Espero, hayan pasado una feliz navidad, apartados de la mundanidad, ferviente deseo del Papa Francisco.



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Narciso Torrealba


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