¿Por qué Julio Borges, Ramos Allup, María Corina, Leopoldo López y Capriles no escriben en Aporrea?

Supongo que lo único que impide que esos personajes sean columnista de Aporrea es por un tema de autocensura de ellos mismos; ya que Aporrea cuenta con columnistas que tienen el mismo punto de vista del gobierno que ellos, y lo expresan de la misma manera. No me vayan a aplicar el viejo argumento de que esos columnistas de Aporrea son “Chavistas críticos”, porque cuando algunos de los líderes de oposición se refieren a nuestro gobierno y a sus acciones, lo hacen de la misma forma que esos columnistas. De manera que si esos columnistas de Aporrea son “Chavistas Críticos”, tendremos que concluir que Delsa Solórzano y María Corina Machado son una especie de Rosa Luxenburgo y Haydée Santamaría criollas; así como también:

Ledezma y Leopoldo López son algo así como el Ché y Camilo Cienfuegos. Yo no entiendo cuál es la pelea con la “oposición”, si en la crítica todos somos “revolucionarios”.

Es impresionante como ha venido creciendo la participación en Aporrea de “chavistas críticos” cuyas críticas, en la forma y contenido, no tienen absolutamente nada que envidiarle a las “críticas”de los líderes más virulentos del oposicionismo venezolano. A veces uno se siente de “oposición” cuando apoya al gobierno. Esta situación ha llegado a tal extremo, que cuando uno escribe un artículo tratando de desmontar la estrategia opositora o atacándolos, es impresionante la cantidad de correos que nos llegan insultándonos.

Para el oposicionismo es gratificante ver los artículos de los “chavistas críticos”, porque al ser idénticos a su posición, en contenido y forma, sienten que siempre han tenido razón y que cada vez más los “revolucionarios” estamos más cerca de ellos en cuanto a nuestra posición frente al gobierno. Eso, por supuesto, los envalentona; mientras que a nuestros compatriotas chavistas de base, que dentro de todo saben que el gobierno en manos de Nicolás es un millón de veces mejor que en manos opositoras, al leer los artículos de los “chavistas críticos” se sienten desalentados con un hallo de frustración, al ver la coincidencia entre el oposicionismo y los “chavistas críticos”.

Yo escribo desde el 2004 en Aporrea y éste era un portal que daba ánimos para la lucha, que recogía las opiniones de quienes están claros que el camino revolucionario es duro, pero es el camino. Pero de un tiempo a esta parte, no sé si es algo premeditado, han ido surgiendo, paulatinamente, un grupo de personas que se autodefinen como “chavistas o revolucionarios críticos”, que desde adentro vienen haciéndole el juego perfecto al oposicionismo. Estos columnistas, soslayan, e incluso banalizan el hecho que estamos enfrentando una guerra política, ideológica y por supuesto, económica; que persigue arrebatarnos (no ganarnos) el poder político que nos costódécadas de lucha, muertes, desaparecidos y represión en su más brutal rostro; y logramos tomar el poder político con la mayor de las desventajas: la comunicacional. Nosotros siempre estuvimos fuera de las esferas del alto poder político; éramos invisibles, como la mayoría de nuestro pueblo. Sólo mascullábamos la rabia cuando algún medio por más insignificante que fuera, nos daba alguna cobertura, y atacábamos al gobierno. Me pregunto:

¿Será por eso que no sabemos la diferencia entre atacar y criticar?

¿Será por eso que en medio de una guerra de cuarta generación no utilizamos los medios de comunicación masiva para consolidar ideológicamente a nuestro pueblo y robustecer las estructuras en las que se apoya la revolución, sino que las desprestigiamos al punto de afectar su estabilidad, y por supuesto creamos desconcierto en los afectos al proceso?

Esa ha sido la maldición de la izquierda venezolana: el divisionismo; creerse cada quien que se las sabe todas, en consecuencia la razón la tenemos nosotros y nadie más, y si no hacen lo que nosotros decimos, no sólo dejas de ser mi amigo; sino que te conviertes en enemigo. Al parecer cuesta mucho tener claro el objetivo principal y nos diluimos en peleas estériles.

No es necesario atacar y desprestigiar al gobierno que encabeza Nicolás Maduro para impulsar políticas revolucionarias en el marco de nuestro actual ordenamiento jurídico: tenemos muchas herramientas jurídicas y políticas para impulsar el socialismo en Venezuela desde y con el Poder Popular. Lo primero que hay que hacer es quitarse el chip de la democracia representativa y colocarse el de la democracia participativa, luego hay que salir a la calle a vincularse con el pueblo y organizarlo en unidades productivas socialistas y en defensa de la revolución. Pero apuesto el alma sin temor a perderla que ninguno de esos “chavistas críticos” no han ayudado a organizar ni un equipo de bolas criollas.

Ya está bueno de hacerle el juego al enemigo. Cállate y trabaja!
 



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Juan Carlos Valdez


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