Valga la redundancia

Navidad y pérdida del poder adquisitivo salarial como expresión de rebajas del salario e incremento de la plusvalía

Para comprenderlo mejor, veamos lo que real y subrepticiamente le ocurre al salario de todas las semanas, de todas las quincenas.

El empresario, hasta sin saberlo, acomoda el salario de sus trabajadores según el marcaje reinante en la bolsa de trabajo-no de trabajadores- Este monto, término medio, en algunos casos por encima y en otros, por debajo, sólo alcanza para cubrir la cesta vital que de ordinario garantice que sus explotados y explotadas sigan vivo y con ganas de trabajar el siguiente lunes, el siguiente comienzo de la quincena correspondiente.

De esa manera, esa cesta solo contendrá bienes muebles perecederos, no duraderos, y es así para que tengan que ser renovados la semana entrante, la próxima quincena, y así todo el año en caso de que la relación laboral no se dé por terminada.

¿Cómo hace, pues, el trabajador y la trabajadora para adquirir sus bienes duraderos, como vestidos y calzados, su vajilla, su lencería, sus cortinas, y algunas reparaciones inmobiliarias? La respuesta son los aguinaldos o los bonos de Navidad.

Por esa misma razón, para los patronos, las reducciones permanentes del poder adquisitivo del salario, manifiestas con subas frecuentes en los precios de la cesta básica, deben entenderse como una reducción del salario, o como un ajuste del valor de la cesta básica que el mercado y sus comerciantes consideran que se halla muy elevado, al punto de que sus asalariados y asalariadas podrían estar “disfrutando” de excedentes salariales que les permitirían comprar bienes reservados para fin de año. O sea, que estarían cobrando “demasiado”. Así piensan y de allí nadie podrá sacarlos, salvo un nuevo modo de vida, libre de comerciantes careros, libres de especuladores o de delincuentes con patentes municipales.

Por supuesto, si los salarios se hallan muy elevados, a juicio del patrono miserable, la plusvalía que este arranca durante cada segundo laboral estaría yendo a la baja, y viceversa, para una misma productividad más o menos permanente.



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Manuel C. Martínez


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