Quinto malo

El revolucionario responde siempre y el burócrata jamás se perturba

Tal vez una de las tareas más difíciles para las y los revolucionarios que están comprometidas o comprometidos con el pueblo al cual pertenecen y jamás traicionan, es cuando les corresponde desempeñar cargos públicos en calidad de servidores.

¿Por qué? Porque tendrán que seguir siendo revolucionarias o revolucionarios, percibiendo un salario y ocupando un cargo, sin caer en la tentación de corromperse o burocratizarse. El asunto es que quienes han tenido que vivir durante toda su vida como víctimas de las pésimas gestiones, propias al capitalismo -sistema al que no le importa para nada el ser humano sino el capital, su acumulación y reproducción- pueden llegar a creer que es "normal" que la institucionalidad funcione bajo esos perfiles y entonces deba seguir reproduciéndose hasta el infinito toda expresión de corrupción, cobro de comisiones, enriquecimiento ilícito, lentitud y lenidad en cualquier trámite. Egoísmo en vez de solidaridad y traición de clase, en vez de fidelidad a la misma de donde se proviene.

Ahora cuando el Servicio Autónomo de Registros y Notarías (Sarven), comienza a hacer lo suyo en la lucha contra el burocratismo y se anuncia por los medios de información, la aplicación de un "plan piloto" con el objeto de "perfeccionar medidas, incorporar mejoras,  detectar fallas, elaborar instructivos y capacitar al personal" para una más eficiente atención de las usuarias y usuarios del servicio, uno no deja de pensar en la famosa "simplificación de trámites burocráticos" que, por decreto, aprobó nuestro Comandante Hugo Chávez al comienzo de su tarea presidencial, luego de salir victorioso en las elecciones nacionales del año 1998.

Fue la primera resolución firmada por nuestro Presidente bolivariano y revolucionario. Muy pocos funcionarios adscritos al área gubernamental hicieron esfuerzos por aplicar tal decreto, que representaba la primera expresión de un revolucionario como nuestro líder y Comandante Supremo en la intención por hacer del funcionario un servidor, e impedir los avances de la corrupción que parecía desprenderse por inercia desde el pasado más reciente de los gobiernos puntofijistas.

La tarea comienza por ser sencilla, pero requiere de acciones y perseverancia con las mismas. Por eso decimos que en los cargos públicos, el revolucionario responde siempre. Ante cualquier solicitud, reclamo, trámite, el revolucionario y la revolucionaria no van a decir "pásemelo por escrito". Si la solicitud estuviese formulada por escrito, la revolucionaria o el revolucionario, que no es funcionario sino servidor, atiende de inmediato el reclamo, aunque sea para responder amablemente, "en este momento no es posible resolver su reclamo" (por la causa que sea, pero justificada y con el compromiso de encontrarle solución a lo planteado).

El funcionario culturalmente aburguesado, utilice o no boinas y franelas rojas, siempre tendrá cerca de sí una gaveta donde acumular papeles, citas, audiencias, reclamos, proyectos, expectativas. En cambio, el o la revolucionaria sabrán sortear cualquier barrera, alcabala, impedimento y atenderán al pueblo en función de sus intereses que, por supuesto deben ser afines.

Hoy, cuando el camarada presidente Nicolás Maduro, está dando muestras de querer eliminar la cultura del burocratismo y la corrupción, es deber de todas y todos, acompañarlo en esa importante tarea revolucionaria, que debe permitir una mejor gestión hacia el cumplimiento del Plan de la Patria y la conquista del socialismo.



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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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