¿Quiénes debemos trabajar para que no desaparezca la Misión Sucre?

En septiembre de 2003, el gobierno bolivariano incluyó a la Misión Sucre dentro de sus planes educativos, con la relevancia de que se trata del plan más significativo que en materia universitaria ha llevado adelante la educación superior en Venezuela por tratarse de insertar a miles de venezolanos en los programas de estudio, en el contexto de la municipalización, iniciativas trascedentales no conocidas popularmente en la cuarta república, de allí el gran impacto sobre las grandes mayorías ávidas de seguir estudios.. De ese año para acá toda esa porción millonaria de jóvenes y adultos mayores que no pudieron concluir su carrera, o que simplemente no consiguieron cupo en ninguna de las llamadas universidades autónomas pudieron sentarse en las aulas cercanas a sus residencias a fin de concluir un sueño personal o satisfacer una necesidad en función de la consolidación de la patria.

En el año 2000, los estudiantes universitarios eran alrededor de 800.000 y hoy superan holgadamente los 2,2 millones, Este aumento vertiginoso de la matrícula fue impulsado por la Misión Sucre, desde esos resultados se desprende una de las inquietudes de su creación, responder a la demanda de más de 500.000 bachilleres que no tenían acceso a la educación superior.

Como otros alcances de la Revolución Bolivariana, a la Misión Sucre se le ha catalogado una “bomba de tiempo”, fue creada con una noble y necesaria orientación, pero, como toda creación no es suficiente para que se mantenga en el tiempo con el romanticismo y la buena intención de unos pocos estudiantes consecuentes, o docentes desprendidos de todo lucro financiero, que, con igual profesionalismo, ética y entrega preparan y dictan por igual las clases a un grupo o a uno solo de sus alumnos presentes; además, deben estar presentes los criterios de estructuración de los programas de estudios, de los cuales se exige que estén manejados por especialistas dotados de un elevado nivel de conocimientos y experiencias en planificación, calidad y pertinencia necesarios para atender a los requerimiento académicos y darle una respuesta satisfactoria al mercado laboral requerido para la buena marcha de este innovador sistema de enseñanza, también se hace imprescindible fijar una posición diáfana frente al lobby legendario que acrisolan las universidades tradicionales vertiendo toda una gama de sandeces incongruentes en relación a la ostentación de una supuesta superioridad en los niveles académicos, cuando, si entramos en detalles, lamentablemente los centros de educación superior públicos y privados en Venezuela, desde tiempo inmemoriales, no los caracteriza la capacidad de la auto gestión como consecuencia de sus propias fuerzas de creación e inventiva científica; pero, frente a esta fatua campaña de solapada minimización del arduo trabajo que en conjunto adelantan los profesores y estudiantes de la Misión Sucre, es obligante fomentar un colectivo interesado y ganado para la permanencia de esta institución como bandera revolucionaria, ligada a los estratos históricamente más disminuidos de amparo social, tanto en el buen desarrollo de los PNFG como de mantener la atracción de parte de las comunidades sobre estos diferentes programas, pasando por encima de la malsana intención de todos los adversarios, conscientes o inconscientes de la labor enaltecedora de la Misión Sucre.
La solución frente al ausentismo estudiantil o al requerimiento de cierto número de alumnos para continuar con las enseñanzas de los programas de la Misión Sucre no está, jamás, en el cierre de sus aldeas, por pobre que aparezca la matrícula de este lugar de enseñanza, antes por el contrario, la responsabilidad de que permanezcan abiertas las aulas de las aldeas no está limitada únicamente ni a los alumnos, ni a los coordinadores de estos centros de Misión, ni mucho menos a sus desprendidos docentes, consideramos que si determinado lugar de estudio, como es el caso de la ALDEA REPUBLICA EL PERU, en Valencia está en la mira de algunas autoridades para su cierre, no pueden estar ni las autoridades del Ministerio del Poder Popular para la Educación superior ni mucho menos los distintos coordinadores de eje, ausentes del desarrollo conducente a esta drástica medida que, en modo alguno viene a contribuir a la lucha por la consolidación y el cuido del legado de Chávez y su obra decisiva: El Plan de la Patria. Esta ruda actitud de castrar la esperanza latente de adquirir destrezas para asumir la vida de un sector importante del centro del país, equivale a pasar por alto el balance inexcusable sobre la oportuna y obligatoria supervisión y seguimiento, perseverante y consecuente que ha debido dársele a la aldea República del Perú en función de su buen desenvolvimiento, por parte de los coordinadores académicos y de eje. No basta, -ante la relativa e inconsecuente respuesta de una comunidad a su incorporación a la Misión Sucre,- con que en un día de algunos de los meses de actividad de enseñanza en la Aldea se haga presente un coordinador académico o de eje, anote los requerimientos de los alumnos en materia de infraestructura, tecnología (computadoras, tablas, etc), libros, vigilancia policial, transporte, y otros, para luego no dar respuesta oportuna alguna a los estudiantes y, luego sin analizar en conjunto otras estrategias que pudiesen evitar cerrar la aldea, pronosticar su futuro cierre; la seriedad para asumir los contratiempos en el buen desenvolvimiento de los PNFG debe ser de todos, en forma unida y perseverante,
Correo: igquintaalternativa124@gmail.com



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Iris Esperanza Guerrero

Licenciada en Comunicación Social. Coordinadora General del periódico Quinta Parroquia.

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