La hora de la República

Venezuela vivía en 1830 una etapa conocida hoy, como la IV República.

Uno de esos episodios viene a mi memoria, cuando factores internos y externos de Venezuela, y particularmente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), abonan caminos de división antes que de unión, y de intriga, antes que sindéresis.

Un 10 de diciembre de ese año (1830), un humilde cura de la aldea de Mamatoco, una pequeña población indígena cercana a Santa Marta (Colombia), daba los últimos sacramentos a un Bolívar que, en su postrimería expresaba: “Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.”

Posteriormente a ello, y consumada la muerte del Libertador Simón Bolívar el 17 de diciembre de ese mismo año, el general Mariano Montilla (uno de los firmantes, en calidad de testigo, de los dos últimos documentos emitidos por Bolívar: su última proclama y su testamento), no pudiendo contener el llanto, exclamó: "¡Ha muerto el Sol de Colombia!”. Y acto seguido, desenvainando su espada, cortó el cordón del péndulo del reloj que marcaba la hora, el cual se quedó para siempre marcando la 1:03 de la tarde.

Salvando la comparación histórica, un 8 de diciembre de 2012 siendo las 9.34 de la noche, Hugo Chávez con su muerte a cuestas, luego de pedir desde su corazón nuestro respaldo a Nicolás Maduro, nos llamaba a la “unidad, lucha, batalla y victoria”.

En aquella hora, a diferencia de Bolívar, quien dirigiéndose al general Urdaneta le manifestara “yo no tengo patria a la cual seguir haciendo el sacrificio”, nos decía nuestro Chávez: “hoy sí tenemos Patria y es la tuya Bolívar…”

Ese 8 de diciembre, como aquél 10 de diciembre cuando el Padre de la Patria nos dejaba lo que se conoce históricamente como la “Última Proclama del Libertador”, un Chávez moribundo nos manifestó su última voluntad.

Simbólicamente, dirigiéndose a Nicolás Maduro, hizo “traer” la espada de nuestro Libertador.

Pues bien, con esa misma espada, y a esa misma hora, los patriotas revolucionarios que creemos en el legado de Hugo Chávez, cortamos (como Mariano Montilla) el péndulo de la traición y la ignominia, y cerramos filas en torno al ruego que nos hiciera el Comandante Eterno.

No hay cabida pues, a la desunión.

Hoy más que nunca pedimos con Chávez: ¡unidad, lucha, batalla y victoria!

Es Maduro o nada…y no debe ser por la desunión que se pierda la Quinta República.

olezmar@gmail.com

@OrlandoLezama


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Orlando Lezama

Ex miembro del Cabildo Metropolitano de Caracas

 olezmar@gmail.com      @OrlandoLezama

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