Reestructuración anunciada por Maduro pasa por clasificar las críticas -

Clasificar la crítica significa analizar los contenidos de las observaciones que diferentes actores de la sociedad le formulan  gobierno a través de los medios o espacios disponibles para tales fines. 
 
No todo el que critica es malo ni es un enemigo, muchas veces enrostrarle la verdad a un compañero es el acto más genuino de lealtad, mientras que el silencio o la aprobación insincera se convierten en perversa maniobra acomodaticia. 
 
Mientras más alta sea la responsabilidad de un dirigente político en una nación, mayor deberá ser su valoración de la crítica, lo cual pasa por diferenciar que hay gente buena y gente mala que critican, por ello hay que sentarse a dialogar con los buenos y a veces también con los malos. Dictaminar qué críticas son buenas y cuáles no es una operación subjetiva pero debería tener como mínimo una metodología dialéctica, es decir, ver lo positivo y negativo de cada variable o elemento de la realidad; muchas veces un gesto de sabiduría es permitirse dudar de las propias verdades. 
 
Aunque la decisión final sobre los asuntos del país le corresponda a quien ha sido popularmente elegido para ello, sobre la base de su legitimidad de origen; no es menos cierto que la legitimidad de ejercicio supone un comportamiento democrático en el ejercicio de gobernar, una atribución constituye el diálogo con los diversos factores de un país y en cualquier caso el respeto a las voces divergentes. 
 
En este contexto, cuando el presidente Nicolás Maduro ha dicho que emprenderá una revisión exhaustiva y reestructuración de su gobierno, saludamos su gesto reflexivo por representar un acierto frente a las críticas difundidas por múltiples actores del chavismo, muchos de ellos ex ministros y algunos aun ejerciendo responsabilidades públicas. Ciertas o no, se deben tolerar las críticas y extraer lo mejor de ellas. 
 
El silencio incondicional no es lealtad ni disciplina, es más bien sumisión a conveniencia y otras veces hipocresía oportunista. 
 
La primera manifestación concreta de la dignidad en el individuo es poder expresar libremente lo que piensa, ello debe comprender lo quien noblemente aspira impulsar grandes cambios hacia una sociedad con igualdad. 
 
Generalizar que toda crítica es mala, implicaría meter en un mismo saco a justos y pecadores, a amigos y enemigos, lo que podría degenerar en un bloque antagónico o ala separatista del chavismo que bajo los efectos del maltrato o la injuria podría irrumpir con rebeldía en defensa de su propia dignidad. Es éste un escenario innecesario si sólo se aplica un poco de moderación con las expresiones divergentes y se les integra al diálogo democrático a sabiendas que la política es una actividad que se construye colectivamente.


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Jesús Silva R.

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

 jesussilva2001@gmail.com      @Jesus_Silva_R

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