¿Estamos cumpliendo con el Legado de Chávez?

Entre nuestros políticos no abundan líderes que se hayan propuesto discriminar el egoísmo y la impotencia de las generaciones venezolanas, (excepción Chávez) ni en libros que sinceramente auspicien la necesidad de hacer un balance de las actitudes colectivas y de las pasiones individuales. Preferimos escurrir el bulto, sacar el cuerpo a la verdad, exponer las causas que deforman nuestra conciencia, que desmoralizan la actividad política y todo ese mundo sombrío de pequeños detalles que contribuyen a darle a nuestra vida política esa mentida apariencia de responsabilidad.

Sin embargo, sostener en lo más alto, sin desmayar, la fe, vitalizar un anhelo, es labor de diaria creación, es crear el espíritu de un pueblo, como decía Nietzsche. ¿Hemos cumplido nosotros esa obligación? Al finalizar la obra de quienes fueron antes que nosotros debemos detenernos ante el progresivo desarrollo del ideal que pregonaron; es decir, detenernos a considerar cuántos esfuerzos realizaron para concretar su aspiración, para realzar en contenido material el pensamiento de la época, pensamiento que brota de entre las manifestaciones todas que la animan para adquirir vigor en la oposición hegeliana, surgiendo de ese combatir de opuestos la verdad. Buscando una norma conceptual, una armazón filosófica que elimine los factores de nuestra tremenda crisis espiritual, una mística que arrolle las trincheras feudales y forme para el pueblo un estilo de vida realmente digno. Conquistar ese destino, buscar ese estilo, es, pues, nuestra misión.

Cuando una generación abandona en cualquier ese espíritu, cuando se despoja de su conciencia, pierde energía el pueblo, se disgregan sus elementos creadores y tiene nuevamente que comenzar a buscarse a sí mismo. La historia no es otra cosa que la sucesión de generaciones animadas de un tesonero espíritu de lograr cada una de ellas cuanto no pudieron lograr las anteriores. En eterno y nunca desmayado trabajar, lentamente vamos construyendo el andamiaje espiritual y económico de la Patria y si aquí sacrifica ésta su esfuerzo, más allá la otra cosecha el fruto; si en una decayó el ánimo, en la otra más fuerte y más alta se alzó la voluntad de sobreponerse.

A veces los hombres de una misma generación se separan y sirven opuestos intereses, corriendo peligro el ideal Bolivariano y Chavista. Tal ocurre cuando el régimen político no se compagina con la situación del pueblo. Se recurre entonces, para anular la oposición, al fraude, al engaño, a la demagogia, como sistema político. ¿Con armas tales podrán asegurarse una victoria? Arrumbar nuestra verdad en lo más oscuro de un silencio cómplice es abdicar en uno de los principales derechos: el de expresar con claridad y sin limitaciones nuestro pensamiento. El silencio es criminal en el ejercicio político, porque deja escapar sin protestar el exceso y disimula atropellos. Amarga la verdad como decía Quevedo, y áspera para quien la escucha, se torna necesario pregonarla.
¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los antiterroristas cubanos Héroes de la Humanidad!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!
¡Patria Socialista o Muerte!
¡Venceremos!


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Manuel Taibo


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