El agua es escasa y ajena

Es coyuntural la sequía causada por irregularidades atmosféricas, como El Niño, no es la norma en materia de crisis de agua potable. En cambio, su mala distribución, su apropiación indebida es estructural por ser un bien clasistamente ajeno.

Las sociedades humanas del mundo siempre se han desenvuelto con sujeción a uno que otro amo de turno ora real, ora virtual, directo o indirecto, per se o por mediación de terceras personas.

 Por ejemplo, los antiquísimos egipcios tuvieron como "dueño"  de sus vidas el río Nilo. Esta dependencia de las condiciones naturales sigue vigente. El agua se potabiliza de manera natural y artificial, de manera que lo importante es que la humanidad disponga de ella oportunamente.

Es así como modernamente la empresa privada se ha adueñado todos los medios de producción, con inclusión de los recursos naturales. Tal es el caso venezolano en cuanto a la esa industria de gaseosas en general, puesto que, al igual que el pan, la leche y otros bienes útiles y básicos, el agua ha sido asimilada a una mercancía más. En este sentido, ella ha sido objeto de acaparamiento y vendida bajos diferentes y onerosas presentaciones: bebidas espirituosas, vinos, cervezas, gaseosas, envasadas al detalleo, cosas así.

 Es que en las sociedades modernas todo tiene propietario real y jurídicamente establecido: El aire que respiramos lo pagamos al precio de los tributos municipales por derechos de frente y afines; las calles y carreteras, el espacio aéreo; igualmente, la comida, el calzado, la bebida, medicinas, transportes y hasta las aguas de "nuestras" montañas vertidas en lagos, ríos y venas acuíferas del subsuelo tienen hoy propietarios privados, en contravención flagrante con las disposiciones legales ad hoc.

Concretamente, y desde los tiempos de las  repúblicas que han precedido a la presente V República, se trata de los industriales del agua. Ellos   están  autorizados  legalmente por el Estado  para dotarse de sus propias reservas industriales ante la sempiterna incapacidad de los institutos públicos correspondientes  para garantizarle a nadie un suministro mínimo diario y sostenido, para lo cual se impondría una burocracia más técnica y menos dependiente de esos servilismos politiqueros corruptos y  sindicales que han divorciado el aspecto tecnocientífico del político.

  Digamos que Venezuela sigue por ahora impedida para abastecer al pueblo de agua oportuna, y tampoco a la pequeña, mediana y gran industria, pero estas,  ni cortas de dinero  ni perezosas, tienen colocado, como inversiones de capital fijo infraestructural, gigantescos depósitos de  metros cúbicos, con equipos de bombeo capaces de abastecer plenamente hasta las más apartadas taguaras dedicadas a la venta de aguardientes y demás aguas edulcoradas y mineralizadas , conocidos como refrescos gaseosos.

Hoy, con motivo de la sequía presentada por irregularidades atmosféricas, sería aconsejable racionar no sólo el agua  de los usuarios y pendejos, sino también la destinada la industria del  agua.

23/06/2014



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Manuel C. Martínez


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