¡A mundo Castillo Lara!

¡A mundo! dicen en los pueblos de Lara cuando alguien pretende asumir la
importancia o el poder que no tiene y es puesto en su sitio por otro(s).
Eso fue lo que exclamó el pueblo larense este pasado fin de semana, cuando
supo de las pretensiones de ese que llaman zamuro negro, y de la respuesta
que recibió de los asistentes a la misa en honor de La Divina Pastora.

Marrullero, como siempre, Rosalio quiso sacar ventaja de su investidura y
del hecho de encontrarse en una iglesia para atacar al gobierno con un
mensaje cargado de odio y mentiras. Convencido estaba de que la feligresía
no se atrevería a protestar por respeto y escucharía en silencio un
mensaje que los medios de comunicación se encargarían de transmitir al
mundo entero.

¡Irresponsable!. No puede ser calificado de otra manera quien con su
discurso pudo provocar una tragedia dentro de una iglesia repleta de
personas de la tercera edad. ¿Qué hubiese pasado si se produce una
estampida ante la confrontación que Castillo incitaba?
Hasta unos payasos llevaron para que con sus aplausos promovieran el
respaldo al mensaje de Castillo. ¡Pobres diablos! Fueron silenciados por
un ensordecedor griterío que no sólo humilló al ahora dirigente político,
sino que lo obligó a suspender su discurso y a saltarse algunos párrafos
del mismo.

Pareciera que aquellos que se escudan en su imagen de líderes religiosos
para intentar engañar a los pueblos y frenar sus sueños de justicia y
libertad, no terminarán nunca de entender el porqué estos se alejan de las
iglesias y los perciben, cada vez más, como unos hombres comunes y
corrientes cuya forma de ganarse la vida es dando misas y bautizando o
casando gente.

El mismo Juan Pablo II vivió una experiencia similar a la de Castillo Lara
por creer que un pueblo católico guardaría silencio ante lo que él
representaba, independientemente de su discurso.
Fue un 4 de marzo de 1983 cuando el pueblo nicaragüense le dio una lección
a un Papa que pretendía envenenarlos con un mensaje que ofendía la
inteligencia y que atentaba contra su derecho a darse el gobierno que bien
le viniera en gana.

En aquella oportunidad el Papa comenzó por exigir al gobierno nicaragüense
que debía evitar que los sacerdotes que formaban parte del gabinete
ejecutivo se le acercaran a menos de doscientos metros. Despreciaba con
esa posición a hombres como el padre Escoto (Canciller), Ernesto Cardenal
(Ministro de Cultura) y el padre Perales (embajador en Washington) a
pesar de ser miembros de su congregación, sólo por formar parte de un
gobierno que él no respaldaba.

El Papa inició la misa quejándose de que a miles se les hubiera impedido
asistir, en un claro mensaje al mundo de que estaba en un país donde el
gobierno impedía que la población fuera a ver al Papa. Esto, a pesar de
que se encontraba frente a una de las concentraciones más grande de la
historia Nicaragüense.

El gobierno sandinista había decretado feriado el día de la misa del Papa
y había brindado facilidades para que los ciudadanos de todos los rincones
del país asistieran. Setecientas mil personas (la cuarta parte de la
población) estuvieron presentes en la misa esa tarde.

La homilía, aplaudida al principio, se centró en un ataque a los
cristianos revolucionarios que querían, con su ?Iglesia Popular?, según el
Papa, acabar con la unidad de la Iglesia. Mas de pronto, cuando el Papa
afirmó que Nicaragua era su segunda Polonia, el pueblo comenzó a entender
que su mensaje era un ataque a la revolución y cambió los aplausos por la
consigna ?queremos la paz?.

A pesar de los gritos del Papa exigiendo silencio, el pueblo no cesó en su
protesta y terminó irrespetándolo. Las consignas ?no pasarán? y ?viva la
revolución sandinista? ahogaron la voz de quien a duras penas, pudo dar la
bendición papal en medio de un gigantesco coro que interpretaba el himno
del Frente Sandinista.

A pesar de su cercanía con ese Papa, zamuro negro no aprendió mucho de la
experiencia y vivió en carne propia lo que significa el rechazo y el
desprecio de un pueblo que se cansó de su discurso traicionero y
manipulador.

Se trasladó a Rosalio a tierras larenses creyendo que el lugar y el
momento eran propicios para atacar a Chávez, y el pueblo con su típica
manera de expresarse le dijo: ¡A mundo castillo Lara! que grande te queda
el comandante.


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Alexis Arellano


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