La guerra y la Democracia

Hoy, más que nunca, la guerra es un crimen contra la humanidad. Aquella definición de Clausewitz

" La guerra es la continuación de la política por otros medios" ya no es absolutamente cierta, en todo caso estaría referida a las guerras limitadas, organizadas y regimentadas por convenios previos y esas son guerras de embuste embuste. Más parecidas a "juegos de guerra", con sus muertos, su destrucción y muchas calamidades. Pero la guerra de verdad verdad no tiene limitaciones, su única ética y justificación es ganarla y no existe moral que la limite o la regule.

Cualquier guerra puede ser total y hace 160 años cuando Clausewitz escribió sobre la guerra y la definió en aquellos términos, el poder de destrucción de las armas era mínimo comparado con el de las de hoy, que pueden barrer con toda la vida del planeta en un abrir y cerrar de ojos. En aquellos tiempos una posibilidad como esa sólo dependía de la voluntad de Dios. Hoy depende del criterio, la voluntad y los intereses de muy pocos hombres a quienes despojan de su capacidad para amar o de Corporaciones Económicas ajenas a los intereses del resto de la humanidad.

La guerra hoy adquiere proporciones de catástrofe planetaria en la que no hay continuación de nada. Es la total destrucción de todo y esto no es ninguna política ni tiene nada que ver con la vida, ni responde a ningún interés humano. Es la negación del hombre a sí mismo, de todos los avances, de sus sentimientos y valores, de todo lo que el hombre y la naturaleza han construido con o sin la supervisión divina.

Sun Tzu, otro clásico dentro de los grandes estudiosos de la guerra, dijo, hace aproximadamente 24 siglos: "La guerra es un asunto serio; da miedo pensar que los hombres puedan emprenderla sin dedicarle la reflexión que requiere" En esos tiempos las armas más poderosas eran el arco, la flecha y la lanza. Hoy en día el arsenal acumulado por las grandes potencias puede destruir 70 veces a toda la tierra. Esto demuestra la anti-humanidad de la guerra y la falta de juicio de los hombres que la propician.

Uno de los objetivos de la política es precisamente evitar la guerra y muchas veces lo logra. Hoy está obligada a erradicarla por completo. Por eso la guerra, más que la continuación de la política por otros medios, es el fracaso de la política y de los hombres que la hacen. Incluso, así debe entenderse para que se termine el "chantaje" con la guerra, que utilizan las grandes potencias y los enemigos del progreso, el bienestar y la libertad para frenar los procesos liberación y democratización de los pueblos.

La soberbia de una gran potencia y la agonia de su sistema economico y politico, nos impone una guerra de nervios, terrorista y chantajista que amenaza con desintegrar hasta la personalidad, el amor y el aprecio por sí mismo, por la vida y por el resto de la humanidad. Porque la guerra para



lograr los fines del capitalismo, sigue siendo su unica forma de perdurar, convirtiendola en una acción decidida y preparada con antelación. Los enfrentamientos, la lucha por sobrevivir o lucha de clases, para construir un mundo mejor, está en la naturaleza de los humanos; pero esta guerra del imperiaalismo, de externinio total seria un colosal acto suicida de la historia humana. Aunque muchos quieran justificarla afirmando que es un impulso natural del hombre. Ni que el hombre fuera un suicida empedernido. O malthusiano por naturaleza.

Esa guerra será el mayor acto terrorista cometido contra la humanidad en lo que va de siglo y ha encontrado muchos aliados en los medios de comunicación masiva para manipular y aterrar a la opinión pública con mensajes directos o entre líneas para que se resigne a vivir en un mundo donde la fuerza es la única razón valedera.

¿Cómo es posible una guerra que ningún pueblo quiere. Ni los estadounidenses, ni los árabes, ni nadie con dos dedos de frente o una pizca de sentimiento? ¿Dónde está el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? ¿Dónde está la democracia? Esta guerra demuestra que la verdadera democracia sigue siendo un deseo, que los sentimientos y aspiraciones del pueblo norteamericano tienen muy poca influencia en las grandes decisiones, que la profundización de la democracia, es una cuestión de vida o muerte para el género humano y de sobre vivencia para los diversos pueblos del mundo. Es imperativo que los ciudadanos asuman directamente, sin intermediarios ni representantes espurios o alejados de la vida cotidiana, la dirección de su propio destino.

La paz. Que no es la ausencia de conflictos, ni la paz de los cementerios; ni la resignación y la desesperanza; ni el hambre y la miseria de los pueblos; ni la falta de justicia social; ni el equilibrio del terror, necesita de una escalada democrática que revalorice al hombre dándole la fortaleza, la fe y la confianza para vivir en armonía consigo mismo, con el resto de la humanidad y con la naturaleza.



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José Machete


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