Nuestro Estado pendejo, siempre pendejo

Cuando el Estado de la Venezuela de la 4ta. República no tenía visos de socialista, aunque no se compartía, se justificaba la entrega de divisas preferenciales, los créditos blandos y otras subvenciones a aquellos empresarios hiperenriquecidos ya a cuenta de esas mismas manguanguas y privilegios que les fueron concedidos a los que hoy pasan la Historia económica nacional como empresarios maulas, o rentisticopetroleros y parasitarios.

Es que, paradójicamente, “quien tiene más saliva, traga más harina”. Puede tratarse de un pillo, de un ladrón o ladronzuelo, de un corrupto, especulador y estafador, pero una vez que se halla cargado de dinero, por mal habido que este fuere, el resto de los mortales pendejos, en lugra de condenarlo como enemigo de la sociedad, pasa a respetarlo y hasta imitarlo en sus deshonestas acciones.

Ya los adecos más connotados reconocían que habían corrompido a toda la sociedad porque ellos, a pesar de robar parejo, dejaban que otros lo hiceran, empezando por los empresarios extranjeros de toda uña, pero fundamentamente los del rubro mineropetrolero.

El  burgués y literato que se dio a conocer por su destacada función enaltecedora de los valores humanos afirmó que el éxito nacional pertenecía de los desvalorizados, de los inmorales y corruptos, porque los hombres honestos , si no robaban de lo lindo, era porque sencillamente eran tremendos pendejos.

Hoy se halla robando hasta el más pendejo con lo cual no dejaría de serlo así los pongan los ganchos y los vistan a rayas negras.

Este connotado escritor pasó por alto que el principal pendejo era el Estado del cual era beneficiario, habida cuenta de que  un Estado burgués sólo sirve a la burguesía, y cuando ayuda a los pendejo es para perfeccionareles su pendejería.

Se olvidó de la Dialéctica materialista, según la cual el Estado es el espejo de la sociedad, y si sus trabjadores más honestos son los más pendejos, aquél y sus gobernantes no pueden ser otra cosa diferente.

Hoy observamos al Estado que, y con mayor razón , se le justificaría la regulación más eficiente y eficaz en materia de otorgamiento de divisas baratonas a quienes potencial necesaria, y hasta inconscientemente las usará para comprar barato y vender bien caro porque, sencillamente, la mentalidad burguesa así lo invita[1], y quien no lo haga sería un empresario pendejo, cuestión negada de partida porque los verdaderos y únicos pendejos son los pendejos u honestos trabajadores.

 El Estado debe canalizar las divisas y otros privilegios, supuestamente estimulantes de la producción, no de preferencia, sino exclusivamente hacia el nuevo empresario no cargado de todos los vicios adquiridos y anidados en su conducta durante muchas décadas petroleras, pero particularmente desde las nefasta y burguesas consejas keynesianas.

Todos los controles posfestum que tome el Estado para hacerle seguimiento a la divisa otorgada al empresario parasitario de siempre resultarán ineficaces, aunque, en beneficio de este Estado, sólo estaría respondiendo como Estado pendejo, siempre pendejo. Einstein decía que lo más difcícil no era desintegrar un núcleo atómico ni  fusionar dos de ellos, sino un prejuicio burgués.

El cuento de que un empresario no puede adecuar su oferta por falta de divisas no ha pasado de ser una trampa caza bobos, caza pendejos como ya lo hemos visto tantas veces, ayer durante la 4ta., y hoy con los fulanos empresarios y fábricas de “maletines”.

 


[1] Regla o principio de oro del capitalismo, de la libremepresa: “Mínimo costo y máxima ganancia”. Desde luego, este principio podría ser usado ambivalentemente: hay casos donde el empresario aumenta los costes para lucir ganador de una mínima ganancia. Véase: Manuel C. Martínez M. PRAXIS de El Capital.



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Manuel C. Martínez


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