¡Bingo! El primer preso del paro criminal del 2002

Dicen que la cabuya revienta por lo mas delgadito. Y Carlos Ortega era el único integrante del escuárraje dentro de la dirigencia del paro Criminal de diciembre del 2002. Por allí precisamente reventó la cabuya. Sin el ánimo de querrer restarle responsabilidad a este gañán de cantina semianalfabeto, desbocado en sus vicios de juego y de corrupción, como todo adeco que se respete, debemos señalar que él es el menos culpable de los culpables de aquel complot antipatriotico que nos hizo perder a los venezolanos más de quince mil millones de dollares.


Carlos Ortega no es más que un destacado miembro del escuárraje venezolano.
Esta palabra escuarráje significa escuálidos del perraje, y fue inventada por la sabiduría popular. Eso es precisamente Carlos Ortega: un hombre que nació en la pobreza, y que luego se metió en la mafia de la CTV, y allí se le olvidó de dónde venía, y se dedicó a traicionar su orígen, y fue así como se convirtió en escuárrajo.


El precedente del escuárrajo preso de algún modo tiene que influir para meter presos a los mentores oligarcas que se sentaban en los fatídicos días del paro, las seis de la tarde, al lado del jugador de bingos, a dar el correspondiente parte de guerra. Su tocayo, debería estar preso, al igual que Juan Fernández, y un bojete de colaboradores más. Y sobre todo deberían estar presos los autores intelectuales de aquella puñalada a las entrañas de la Patria.


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Eduardo Mármol


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