El catire

José Tomás Rodríguez de la Iglesia (Boves) (1782-1814), un joven asturiano que hasta la guerra de la independencia, donde estalla sangrienta y terrible, es un apacible comerciante de los llanos del Guárico. Progresa económica y socialmente. Su indulto de la pena de confinamiento que por contrabandista hallábase cumpliendo en el Castillo de Puerto Cabello, lo cual constituyó para él deuda de gratitud que lo ligó con la causa independentista, a la que se había afiliado con ardor, y a la que por el hecho indicado estaba obligado a defender. Se declara partidario de los sucesos del 19 de abril y de la independencia definitiva.

Venezuela, a pesar de su exigua población (para la época 825 mil habitantes), era, por obra del sistema de castas, un hervidero de odios al que sólo la autoridad del Rey de España lograba mantener en su precario equilibrio. Apenas un cuarto de sus habitantes disfrutaban del status jurídico de los españoles de ultramar. El resto de la población, constituido por zambos, mulatos, mestizos (pardos), indios, negros libres o esclavos, eran sometidos a una discriminación cruel y vejatoria que a comienzos del siglo XIX era ya insostenible.

El derrocamiento de la primera República fue, sin embargo, el preludio de la más espantosa guerra civil que en toda su historia haya conocido el mundo de nuestra América. Doscientos veinticinco mil muertos y desaparecidos fue el saldo final de aquella hecatombe, además de la ruina total para la, por aquel entonces pujante colonia.

José Tomás Rodríguez de la Iglesia (Boves) se convierte en el líder de los humildes y desheredados de la tierra, es el padre del igualitarismo social; atacando a los enemigos de las castas desprotegidas en todos los escenarios de lucha. En verdad pudiésemos decir que el padre de la inclusión social es el Taita Boves, ya que la gran mayoría de nuestros antepasados estaban segregados por raza y condición social, que se tradujo con mucha fuerza en los esclavos.

José Tomás Boves fue el espíritu insurgente del pueblo venezolano hecho realidad. Él era el llano mismo hecho carne, llegando a ser el padre siempre esperado por los hijos de nuestras pampas en estas tierras allende el Arauca Vibrador. Entre los años 1813-1814 fue el destructor afiebrado del orden colonial. Sus soldados entraban en combate con la confianza de que su valor y denuedo había de sacarlos victoriosos.

El Taita Boves fue el ánima cimarrona del gduapotorü Guaicaipuro; del marañón Lope de Aguirre; del Rey Miguel de Buría; de los zambos Andrés López del Rosario, “Andresote”; de José Leonardo Chirinos; del cimarrón José Caridad González; y del negro Felipe, que le dice: Taita Boves, vustéd e un hombre sabio y valiente, e como nosotros los negros, no tiene miedo ni a la noche ni a su sombra y menos a los amos, vustéd los odia como nosotros, y ahora, yo, Felipe, negro de la corte del Rey Miguel, te nombro pa’ siempre “Taita” de todos nosotros los negros. Finalmente, el guía y aliento libertario de Ezequiel Zamora conocido como: “Él General del Pueblo Soberano”

…Y en los linderos de Urica, donde yacen sus restos, tenido hasta entonces como lugar maldito, se vio de pronto todo cubierto de flores y cirios.

Cuando se celebra la Batalla de la Victoria, donde pelearon jóvenes venezolanos de uno y otro bando buscando la síntesis nacional. (Pobres contra ricos) No hay orador que en este día no traiga a colación al feroz asturiano. “El fiero Boves asediaba a la ciudad con su horda de forajidos”. Lamento participarles que Boves no peleó en la Victoria. Estaba convaleciente de una herida reciente en Villa de Cura. Quien peleó en la Victoria fue Tomás José Morales.

“Un prurito de nuestros historiadores, nos ha llevado, aún hasta nuestros días, a un maniqueísmo, que como bien lo señalara Joaquín Gabaldón Márquez, es ya inoperante para la verdadera comprensión de nuestra historia. Como lo destaca Vallenilla, el considerar a Boves como español es un error, pues desde que llegó a Venezuela siendo adolescente, hasta su muerte en la madurez, vivió y sintió como venezolano”. Pardos, mestizos, negros, indios y mulatos fueron sus huestes.

Arístides Rojas, dice que a su regreso de San Carlos, Boves pidió a los jefes de la plaza de Calabozo, tropas para enfrentar a los españoles que avanzaban sobre la plaza. Unos aprobaron —escribe el historiador— otros dudaron, y finalmente fue encarcelado por orden del juez Briceño, a causa de su injusticia hizo de Boves el terrible vengador en que habría de convertirse.

Acusa Rafael Baralt al juez Briceño de haber urdido toda aquella intriga de modo inicuo y de estimular a la turba para despojarlo de sus bienes. La pena de azote, sometido a vejámenes y el asesinato de su hijo adoptivo (un niño mestizo de 12 años) que fue asesinado a machetazos; y saqueada e incendiada su casa; lo cual llega a explicar la insania cruenta que se desencadena en él a partir de aquel instante”.

El Taita, José Tomás Rodríguez de la Iglesia (Boves), como el General Ezequiel Zamora Correa, “General del Pueblo Soberano”, y el Comandante Eterno, Hugo Rafael Chávez Frías, han muerto asesinados, por las castas opresoras, abrazados al manto rojo de la Revolución social.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Patria Socialista o muerte!

¡Venceremos!

 

 



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Manuel Taibo


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