Venezuela no debe olvidar a Marx

En el desarrollo de las luchas populares, la cuestión de la moral revolucionaria reviste especial trascendencia, tanto en la guerra ideológica contra los antivalores del Capitalismo, como en la lucha política concreta del proletariado hacia la toma del poder político.

En esta confrontación teórica, el Marxismo ha demostrado que la moral burguesa no constituye una verdad natural, absoluta, eterna e inmodificable, sino que por el contrario se trata de un esquema con vencimiento histórico, porque depende de un modo y unas relaciones de producción basadas en la explotación del hombre por el hombre, que alberga en su seno una contradicción irreconciliable: Capital versus Trabajo, que por tratarse de una creación humana, es susceptible de transformación.

En contraposición a las tradicionales explicaciones del Status Quo, lo cierto es que la existencia de clases sociales enfrentadas, (empresarios explotadores versus obreros asalariados) no se debe a una ley inmutable de la naturaleza, ni a la suprema voluntad de “un Dios”, sino que corresponde a formas de organización social, política y económica que los seres humanos en sociedad nos hemos impuesto, y que de hecho, la historia ha demostrado lo cambiante que son estos modelos de sociedad.

Desde esta perspectiva, reconocemos el tránsito de la especie humana por distintos esquemas, en la era preindustrial: el comunismo primitivo, el esclavismo y el feudalismo. Hasta la llegada de la Revolución industrial, que traería consigo, el Capitalismo y su posterior fase superior de Neoliberalismo global. Así como hemos de resaltar, en paralelo, las experiencias de Socialismo parcialmente exitoso del Siglo XX, que de manera vigorosa y esperanzadora, resurgen en el mundo de hoy.

Adentrándonos en el tema de la moral, urge subrayar que esta se manifiesta de acuerdo al desarrollo de la sociedad humana, y por ello, la burguesía procura imponer su hegemonía ideológica, cultural y moral sobre los estamentos explotados a los fines de afianzar su dominación, y frenar los posibles avances revolucionarios hacia modelos liberadores más justos e igualitarios.

De allí que los burgueses cierren filas como clase social, en defensa y conservación de su régimen, fortaleciendo lazos de unión entre sus miembros y sostengan leyes e instituciones que solo han sido creadas para justificar políticamente la violencia general que cíclicamente desatan hacia el resto de la especie humana por medio del Estado represor burgués.

A todas luces, la división de las clases sociales se traduce en la existencia, dentro de una misma sociedad, de morales diferentes y antagónicas. La burguesía y el proletariado, poseen cada una su propia moral. En efecto, los hombres consolidan sus ideas morales según su situación de pertenencia a una determinada clase social. Ello significa que el sujeto social pensará y actuará de acuerdo a su papel en las relaciones económicas de producción, verbigracia, si es el dueño de la fábrica o si es el trabajador.

Como defensor de los trabajadores, he comprobado que los actos de legítima defensa clasista de los proletarios, pueden significar la más grave e imperdonable afrenta para la moral del empresario o del gerente, e inclusive motivar toda clase de persecuciones y agresiones antiproletarias. Es que en la vida social, día a día constatamos que la moral burguesa concentra lo más retrógrado de la civilización: ideas de supremacía, dominación y explotación. Y que por su parte, la moral proletaria, cuando es avanzada en su papel dentro de la lucha de clases, posibilita la paz social con dignidad, por cuanto expresa solidaridad para con el semejante.

Reflexionando sobre esta antagónica sociedad, vigente hasta nuestros días, el sempiterno Lenin diría: “Todo el mundo sabe que en cualquier sociedad, las aspiraciones de una parte de sus miembros chocan abiertamente con las aspiraciones de otros, que la vida social está llena de contradicciones, que la historia nos muestra una lucha entre pueblos y sociedades, así como en su propio seno; todo el mundo sabe también que se suceden los períodos de revolución y reacción, de paz y de guerras, de estancamiento y de rápido progreso o decadencia”

Con el abierto propósito de que impere la verdad y la justicia sociales, es fundamental advertir que imaginarnos una moral, filosofía, religión, o área del conocimiento, con validez general, independiente y por encima de las clases sociales, no es más que una romántica ilusión que la burguesía no se permite a si misma, sino que más bien la utiliza como artimaña de cretinización ideopolítica hacia las demás clases explotadas.

De allí que en el marco del combate ideológico y la lucha de clases, los marxistas denunciemos siempre estas manipulaciones, ejercidas especialmente por los “académicos” de la explotación. Debemos desechar toda dogmática fundada en principios absolutos que pretendan ubicarse por encima de la historia humana, porque en realidad ocultan subordinación a los intereses de clase.

¡Marx no pactaría con la moral burguesa!


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Jesús Silva R.

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

 jesussilva2001@gmail.com      @Jesus_Silva_R

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