Condición previa

Hoy se cumplen 56 años del 23 de enero de 1958, el extraordinario movimiento de masas que puso fin a la dictadura de Pérez Jiménez y se llevó a cabo con una huelga general insurreccional que en menos de 48 horas puso en fuga al dictador que encabezaba la que se consideraba “la dictadura mejor armada de América”.

La característica esencial de ese movimiento fue la amplitud de la unidad que forjó una poderosa fuerza política que no se había logrado después de la Independencia nacional. La unidad de la clase obrera en la huelga petrolera de 1950, la cual contribuiría poderosamente a la unidad para derrotar electoralmente a la dictadura en 1952, fueron antecedentes de gran significación. Las bases de los partidos actuaron con gran tino al optar por la unidad como única salida a la situación. El Partido Comunista venía planteando la unidad desde 1948, desde la instauración del régimen dictatorial.

Las masas populares constituyeron el factor fundamental de la victoria, de la misma manera que lo fueron en la derrota de los golpes reaccionarios que pretendían derrocar al gobierno presidido por Wolfang Larrazabal, genuina expresión de la victoria política del 23 de enero.

El Partido Comunista denunciaba que los golpes eran propiciados por el imperialismo y los latifundistas. La lógica conclusión de este acertado diagnóstico era impulsar la reforma petrolera y la reforma agraria. Las grandes movilizaciones populares del año 1958 se llevaron a cabo contra los golpes de Estado y las reformas petrolera y agraria hubieran contado con un apoyo grandioso de las masas populares. La primera hubiera servido para financiar la segunda y el campesinado se hubiera incorporado al poderoso movimiento antiimperialista de las ciudades. El recibimiento a Nixon demostraba el grado de radicalización antiimperialista.

Esto no significa negar el mérito que corresponde a otros sectores sociales, sino destacar el hecho de que los antecedentes de la huelga petrolera y las elecciones de 1952, así como el Frente Obrero y el Comité Sindical Unificado en 1958, fueron factores de mucho peso en aquel acontecimiento histórico. Las acciones del movimiento estudiantil y la insurgencia de la aviación militar el 1° de enero fueron hechos decisivos en la unidad de civiles y militares que desembocó en la madrugada del 23 de enero.

La traición que se operó contra los ideales del 23 de enero comenzó con la división de la clase obrera en 1961 y a ello contribuyó la circunstancia de no haber sabido entender la extraordinaria importancia que jugaba la clase obrera. No se tenía claro el carácter de la revolución y el papel fundamental que en ella debía jugar la clase obrera. En el bloque histórico que impulsa la liberación nacional la clase obrera debe ejercer la hegemonía. La burguesía ha sido aliada del imperialismo en la dominación sobre nuestro país, lo cual no quiere decir que no haya ciertos sectores de esa burguesía que no estén alimentados por sentimientos nacionales, pero sin la menor duda objetivamente la clase obrera es la llamada histórica y científicamente a impulsar el desarrollo independiente.

El carácter de clase de la revolución venezolana exige el socialismo como objetivo estratégico porque ese es el proyecto específico de la clase obrera, el cual puede ser asumido por otras clases y sectores de clase porque se trata de una verdad científica para la realización plena del ser humano.

La revolución venezolana es de liberación nacional y social, dos proyectos estrechamente enlazados y la condición previa de su definitiva consolidación la encontramos en la unidad y organización de la clase obrera.



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Roberto Hernández Wohnsiedler

Abogado y Sociólogo. Fue diputado, vicepresidente de la Asamblea Nacional, Ministro del Poder Popular del Trabajo y Seguridad Social y militante del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Es autor del libro La Clase Obrera y la Revolución Bolivariana.

 robertohernandezw@gmail.com

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