Hoy, hablar del General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora es una tarea ardua, por cuanto en nuestra historia Patria existe un borrón de quien realmente fue y hasta donde llego el alcance de sus ideas y acciones. Ha sido falseada su obra revolucionaria, fue escrita por los vencedores y sus asesinos. Solo valiéndose de la leyenda y del mito, de algunos ensayos y escaza literatura que se puede llegar a una aproximación de su verdad y el sentido de su lucha.
Parece ser que el destino providencial de los que luchan por las aspiraciones de los Pueblos, les ocurre, está determinada su prematura desaparición física, su muerte, regularmente en manos de los opresores y esbirros de los desposeídos: como el caso de muchos luchadores y líderes sociales entre ellos, pudiésemos mencionar a Jesucristo, Bolívar, Sucre, Sandino, Ernesto Che Guevara, Hugo Chávez, entre otros. Todo ello, como una lección, una advertencia para que nadie ose levantar las banderas de la justicia, de la igualdad y de la paz en la humanidad.
El General Ezequiel Zamora, con sus acciones revolucionarias y liderazgo popular, llegó a infundir un verdadero horror a la oligarquía criolla del momento, de esa que sobrevivió, la que regresó después de que se superó el peligro que significaba la permanencia en la patria en esos tiempos de guerra de independencia y a la que también posteriormente, se le sumaron a ella, algunos próceres de la gesta libertaria, como el caso del General José Antonio Páez, que se hizo el terrateniente más rico de la época.
Al ocurrir la alevosa muerte del General Zamora, el alivio que sintió la oligarquía fue tal, que un panfletista de la época, Juan Vicente González, criado y apellidado por esa oligarquía, tuvo la desconsideración de escribir: Bala afortunada. Bendita sea mil veces la mano que la dirigió. Hoy pudiésemos decir, reescribiendo la historia: Bala miserable. Maldecida sea mil veces la mano que la disparo, disparada por G. Morón, espaldero del General Falcón, según el escritor Pablo González Casanova. Al igual, también hoy se puede decir, sin saber todavía quién pudo haberlo hecho: Maldecido será mil veces, quien pudo haber matado al Comandante Hugo Chávez
Fue tal la pretensión de desaparecer de la historia, del imaginario popular cualquier vestigio de las ideas políticas y revolucionarias que profesaba Zamora, sus acciones y cualidades humanas que caracterizaban al General de Hombres Libres, este gran líder popular de la segunda mitad del siglo XIX, fueron eliminaron físicamente a sus más allegados y seguidores, tergiversaron su pensamiento e ideas, no se mencionaba en los textos escolares como parte del proceso histórico de la formación de la patria.
El General Zamora, fue desprestigiado y vilipendiado injustamente mediante campañas de propaganda mediática posterior a su muerte, que inducían a que se odiara, a su olvido, difundiendo la creencia que su muerte fue preferible y lo más conveniente a los destinos del país, por ser éste un criminal, un déspota y un ignorante, así como otras tantas cualidades que lo hacían un hombre despreciable y de esa manera poder dormir tranquilos sus asesinos. Como se ha determinado, fue el concurso y gavilla de Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco, en su interés de asegurar el liderazgo alrededor de ellos, también de esta manera controlar la rebelión y asegurar el mantenimiento de los privilegios oligárquicos.
En razón a ello, sus retratos nunca reflejaban su verdadero parecido, no se tienen de él ideas y pensamientos propios, sus planteamientos de carácter político eran según sus detractores, inducciones ajenas, solo se conocen aquellas que se le infiltraron alevosamente como propias, para inducir al miedo y al terror, todo para justificar su muerte y que esta fuese una necesidad para el futuro bienestar de la Patria. De ahí, casos como que el estado Zamora creado en su honor fue desaparecido del mapa político del país, hoy es el estado Barinas, así una estatua que se erigió en una plaza en la capital de ese estado, fue lanzada al rio Santo Domingo y Guzmán Blanco escondió el cadáver, ocultó la noticia de la muerte a las tropas por un tiempo, con esto para evitar las acciones de venganza que se pudiese suscitar al conocer estos, la noticia del crimen artero en la persona de su máximo líder.
En las revoluciones de la Independencia y la de Tierra y Hombres Libres, también conocida como Federación, en ambas, quien realmente obtuvo la victoria, fue esta exclusiva para la oligarquía criolla, con la primera obtuvo la libertad de comercio y se independizó del dominio español, con la segunda, se consolidó su estructura económica y de dominio, la cual controlaba la riqueza territorial agraria, monopolizaba el comercio y la usura.
En ambas revoluciones, la derrota fue para las mayorías excluidas, los campesinos y peonadas, acciones y sacrificios en detrimento de sus inconclusas aspiraciones. La verdadera revolución social se dio en ese entonces con la insurrección campesina 1846-47, liderada por Ezequiel Zamora, quien supo interpretar el sentir de ese pueblo traicionado en sus luchas, primero por la independencia contra el imperio Español, luego manteniendo vivas las esperanzas con la insurgencia en la concreción de las ideas de libertad, igualdad y justicia social impulsadas en el ideario político de nuestro Libertador Simón Bolívar.
Las consecuencias de la irrupción de esta guerra, llamada Federal, se aprecian de distintas aristas, por el lado de la oligarquía, un triunfo, con la muerte de Zamora y la Guerra Federal, no se lograron los objetivos planteados por los campesinos rebeldes con Zamora al frente, como los de la lucha contra la opresión de las clase dominante, el reparto desigual de las tierras y la ganadería, disminuir la miseria en la que vivían miles esclavos libertos, de la desigualdad de clases manifiesta en todas sus dimensiones, los productos agrícolas pagados a precios irrisorios por los monopolios burgueses, se le alivia el terror a la oligarquía que infundía la rebelión, no se dio el planteo del ejercicio político de una democracia popular, entre otros objetivos.
Para el movimiento revolucionario del Pueblo, una derrota más, con consecuencias para ellos desbastadoras, la lucha revolucionaria más costosa en pérdida de vidas humanas para el país, que recayó sobre la población más desposeída, los campesinos; las tierras productivas quedaron calcinadas por los incendios, o abandonadas por falta de mano de obra; se redujo la producción agrícola y ganadera; el desarrollo de un falso sentimiento igualitarista en la sociedad venezolana en términos socioeconómicos, este, por las grandes mayorías que se igualaron en pobreza y mendicidad.
Con la Federación, se afianzó la dominación y la opresión, producto de la balcanización del territorio del país, se establecen las bases con esta medida política, controlar de manera más inmediata cualquier resurgimiento de la insurgencia; supuestamente con ella, la federación, esta se constituye en sinónimo de libertad e igualdad para los desposeídos.
La farsa concluye con el Tratado de Coche, su fin el de acabar con la insurrección campesina que amenazaba seriamente la estabilidad de las clases dominantes, el pueblo traicionado, puso los muertos, vivió las penurias de la guerra y con esto se acaba con las aspiraciones democráticas y reivindicaciones sociales de las grandes mayorías explotadas de la Patria.
Resurgiendo ese espíritu revolucionario de las masas populares en sus luchas por una democracia popular y una anhelada la igualdad social, el 23 de enero de 1958, traicionado una vez más, el Pacto de Punto Fijo, el anterior entre Conservadores y Liberales, y el de ahora entre Adecos y Copeyanos.
Brota nuevamente un 28 de febrero de 1989 ese espíritu revolucionario con el llamado Caracazo, su corolario el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, cuando se revela el pueblo que puede, el pueblo en armas, el Ejercito; en el año 1999 con el arma democrática del voto, es elegido democráticamente el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana Hugo Chávez, Presidente de la República, quien juro que nunca más se traicionaría al Pueblo, tampoco pactaría su Revolución, hacerlo sería traicionarse a sí mismo, porque él se hizo un Pueblo, el Pueblo Bolivariano, el Pueblo Zamorano, el Pueblo Chavista y así lo profesamos los hijos de Chávez, guardianes de su Legado.
VIVA BOLÍVAR, VIVA ZAMORA, VIVA CHÁVEZ
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