Los colmillos de Fox

En agosto de este año estuve en México, visitando a mi hermano Vladimir, entonces embajador acreditado de Venezuela en ese país.

Fui en plan de vacaciones y reposo, debilitado como estaba por una molestosa hepatitis A, y lo último que quería era leer periódicos. El médico me recetó “cero picante y cero tequila” y yo había agregado “cero política”.

Imposible, sin embargo, desdoblarse en simple turista. Después que te metes a periodista, lo eres las 24 horas del día.

Apenas llegué, supe de la hostilidad que el gobernante y derechista Partido Acción Nacional mantiene hacia Venezuela, manifestada en frecuentes declaraciones de sus dirigentes contra Chávez y su gobierno.

A Vladimir, me enteré, venían provocándolo desde el PAN y la prensa reaccionaria para que se involucrara en el debate electoral mexicano, cosa que él eludió a todo trance. Por mil vías trataron de que cometiera el desliz que sí tuvo su antecesor, ese gran hombre llamado Lino Martínez, con unas declaraciones donde Lino expresó simpatías hacia el candidato del izquierdista PRD y favorito en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador.

Como no lograron que cayera en provocaciones, entonces inventaron un motivo artificial para una queja. La excusa fue la asistencia de Vladimir a un acto organizado por la embajada de Cuba para conmemorar un año más de su revolución. El evento –que no era partidista ni electoral, como allá y aquí se ha dicho- ocurrió en Coyoacán, el 24 de julio, día del Natalicio de Simón Bolívar, y Vladimir dio allí un discurso centrado en el lanzamiento de Telesur, que iniciaba transmisiones ese día.

Después de él intervino un mexicano, Marcelo Ebrard, dirigente del PRD y alto funcionario del Gobierno del Distrito Federal, cuyas palabras –no las de Vladimir- se dirigieron contra la política exterior de Vicente Fox, por su subordinación a los dictados de Washington.

De allí se agarró la cancillería mexicana para enviar una nota de protesta absolutamente impertinente, pues Vladimir no podía ser responsable, y mucho menos el gobierno venezolano, por lo que un ciudadano mexicano diga en un acto público sobre asuntos mexicanos.

Interesado en unas buenas relaciones con México, Venezuela se limitó a responder la nota diplomática con otra similar, y evitó darle publicidad al asunto.

Llamaba la atención no sólo que México protestara sin fundamento, sino que agregara el adverbio “enérgicamente”. Desde entonces, el gobierno foxista mostraba los colmillos con ganas de pelea.

Semanas después, Fox –apellido que traduce del inglés “zorro”- recibió en México a Julio Borges, candidato presidencial de Primero Justicia, ambos ideológicamente afines. Por su lado, el presidente del PAN, Manuel Espino, dio un discurso en el que prometió a Borges que, después de ganar las elecciones presidenciales de julio de 2006 en México –cosa que, por cierto, las encuestas pintan improbable-, ellos vendrían a Venezuela a ayudar a la oposición a derrotar a Chávez.

Para “taparear” esta intervención en los asuntos internos venezolanos, la cancillería mexicana dejó filtrar a la prensa información sobre la protesta por el acto de Coyoacán, manipulando las circunstancias y sin aclarar que era un hecho diplomáticamente superado.

Este no fue el único incidente que revela la decisión mexicana de acompañar a EEUU en su política de hostilidad hacia Venezuela, ahora coronada con un enfriamiento diplomático.

En la lista hay hechos graves, como la violación de los canales diplomáticos al haber enviado la Procuraduría mexicana una comunicación a la embajada –sin pasar por la cancillería de ese país- pidiendo información sobre un supuesto tráfico de armas venezolanas para un grupo guerrillero mexicano. Otra fantástica acusación que allá, sin prueba alguna, también vocean políticos y periodistas anti-venezolanos.

Otros hechos, menos resonantes, pero odiosos, evidencian la hostilidad foxista. Uno de ellos es la deportación de turistas venezolanas acusadas de prostitución por el solo hecho de llevar menos de 500 dólares en el bolsillo. Esto ocurrió con una joven cuyos familiares viven en México, y la esperaban en el aeropuerto. La deportaron a medianoche, a pesar de las gestiones de Vladimir para que esperaran 24 horas e investigaran mejor el caso.

Lo que irritó a Chávez

Si estos “detalles” no son suficientes para concluir en que México estaba provocando este escenario desde hace tiempo, hay entonces que precisar las palabras de Fox antes de que Chávez lo llamara “cachorro del imperio”.

Fox, el zorro, estuvo aullándole a Chávez desde que llegó a Mar del Plata, molesto como estaba con la rebelión de MERCOSUR y Venezuela ante la pretendida imposición del ALCA en la IV Cumbre de las Américas.

“No tomamos a chunga esta idea de libre comercio, ni la llevamos a las plazas a buscar ahí el aplauso”, dijo en clara alusión a Chávez, quien venía de sentenciar la muerte del ALCA ante miles de asistentes a la III Cumbre de los Pueblos, que congregó a organizaciones y personalidades del continente en repudio a George W. Bush y su plan continental.

La siguiente alusión la hizo Fox cuando dijo entender la posición de los países de MERCOSUR, que no ven condiciones para discutir el ALCA mientras haya subsidios a los productos agrícolas de EEUU, y acotó: "El único que sí ha tomado una posición personal, supongo que a nombre del pueblo de Venezuela, es el presidente de Venezuela. Ha dicho que él sí no va (a apoyar el ALCA), que viene aquí no sólo a que no esté en el acuerdo sino que viene a enterrarlo".

Allí Fox no sólo redujo a una “posición personal” la postura de otro dignatario, quien obviamente lleva la voz oficial de su Estado a cualquier foro internacional al que asista, y de paso se dio el lujo de poner en duda su legitimidad, al presentar como una suposición el que Chávez hablase allí con respaldo del pueblo venezolano.

Más adelante, Fox dijo que Chávez ofreció enterrar el ALCA frente a mucha gente y por eso tuvo que mantener esa posición hasta el final de la cumbre. “Ese es precisamente el problema de ir a calentarse con la gente, de ir ahí, en la euforia y en la parafernalia, teniendo 40 mil almas enfrente, a hablar cosas que ni fueron serias ni aseguraron un debate real a fondo en la reunión”.

E insistió: “Efectivamente, Chávez hizo ese compromiso público buscando las cámaras y ahí estableció que él venía a sepultar el acuerdo de libre comercio. Eso lo arrinconó a una posición”.

Más aún, atribuyó a Chávez haber llegado “a extremos de inconsistencia, de falta de tolerancia y de voluntad para llegar al acuerdo” en las reuniones con los demás presidentes.

En otra ocasión, más suave, también aludió a Chávez y al anfitrión, Néstor Kirchner, aunque sin mencionarlos, cuando dijo: "Allí tenemos presidentes, por fortuna los menos, que siguen culpando al exterior de todos su problemas".

Yo no lo vi, pero Juan Falótico jura haber visto una entrevista en CNN donde Fox llamó a Chávez a “ocuparse de su gallinero”.

Tal vez Fox no se imaginó el calibre -“cachorro del imperio”-, pero tenía que saber que sus palabras tendrían una respuesta de parte del venezolano.

O, también es probable, sí estaba consciente de las reacciones telúricas de Chávez y estuvo provocándolo adrede para forzar este desenlace.

Washington brinca de contento, pues con eso logró rebajar la confrontación Chávez-Bush a un nivel inferior, Chávez-Fox, y mover una pieza en la búsqueda de un cerco internacional hacia Venezuela.

Lo que está por verse es el efecto que la jugada tendrá en la política interna mexicana, en la campaña electoral venezolana y en la opinión pública del resto del continente.

Algún significado debe tener el que Vladimir haya regresado en medio de una manifestación de solidaridad en el aeropuerto de Ciudad de México, y su par mexicano, Enrique Loaeza, haya salido solito de Maiquetía. Ni siquiera Julio Borges se acercó a despedirlo.

Taquitos

POLEO. ¿Recuerdan el “taquito” publicado aquí la semana pasada sobre un encuentro entre Patricia Poleo y la hermana mayor de Danilo Anderson, frente a la tumba de éste en el cementerio del Este? Pues bien, Patricia desmintió los datos que me dio “Lala” Anderson y me acusa de haberlos inventado. Al leerla, me preocupé por el desmentido –no por los insultos, que me resbalan- y llamé a la fuente. Con alivio la escuché ratificar su versión, con algunas precisiones: 1) El encuentro ocurrió frente a la tumba de Danilo, cuando se cumplían cuatro –y no tres- meses de su muerte. 2) “Lala” no empujó a Patricia, sino que al verla se levantó bruscamente y la tropezó, mientras pegaba un grito. Obviamente, yo no estuve allí y no puedo dar fe de que “Lala” diga la verdad. Por eso la semana pasada aclaré que echaba el cuento tal como me lo contó ella. Pero esta vez tomé la previsión de grabarla. Y allí está el casete, por si acaso. JUICIO. Televisado o no, el juicio sobre la autoría intelectual del atentado terrorista contra Danilo –que este 18/11 cumple un año- acaparará la atención del país. El reto de la Fiscalía es convencer no sólo al juez, sino a la opinión pública, de que sus imputaciones son sobre bases reales. Uno espera que haya más elementos de convicción que los dichos de los testigos, pues a nadie puede condenársele porque alguien haya visto o escuchado un apellido o un crucifijo. Por lo pronto, es patente la postura editorial de varios medios en contra de la credibilidad del testigo clave, Giovanni José Vásquez de Armas. Yo no sé si será o no un charlatán. Eso se verá en el juicio. El documento anexo, emitido por el colombiano Comité Operativo para la Dejación de las Armas, es la certificación 1023-04 que lo acredita como un paramilitar desmovilizado. LIBRO. Ya salió de imprenta el libro El terrorista de los Bush, que escribimos Alexis Rosas y este servidor. Ahí le seguimos la huella a Luis Posada Carriles desde 1961, cuando salió de Cuba, hasta 2005, cuando apareció en EEUU. Abundan revelaciones impactantes, dramáticos relatos y documentos secretos. Pedidos a través de columnacontralacorrienteyahoo.es.


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Ernesto Villegas Poljak

Periodista. Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información.

 @VillegasPoljakE

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