Perfidias del capital: quebrantar la moral de los pueblos para reinar sobre ellos

Cuando el hombre descubrió el enorme poder del hombre sobre el hombre comenzó el verdadero desastre para él género, ya que con el discurrir de miles de años, la egolatría que es el amor por sí mismo, haría mella en los más bajos instintos de esa naturaleza humana.

Desde el momento en que Jesucristo echó a los mercaderes del templo, hasta el terrible tiempo en que los europeos arrebataron de sus tierras a miles y miles de africanos, para esclavizarlos bajo los más atroces procedimientos en nuestras tierras americanas, nada ha cambiado en absoluto, puesto que: el comercio, poder y el dinero, en una trilogía casi infernal, se apoderaron de las fulgurantes mentes de aquellos usurpadores de la dignidad del hombre, en aras de sus más despreciables intereses.

Durante aquellos dolorosos siglos de opresión, esclavitud y muerte, nuestras enormes riquezas como el oro y la plata, fueron el botín perfecto y cubierto de sangre que estimuló el capital en la metrópolis europea, para nuestros infortunios más degradantes y siguiendo esa onda de crecimiento, el capital encontró el elemento más importante y alevoso para someter a estos pueblos y al mundo entero, engulléndolo en sus pestilentes fauces.

Ese resorte que movía en forma eficaz el engranaje del capital era y continúa siendo el mismo: “Quebrantar la moral de los pueblos para reinar sobre ellos.” Versiones más modernas y acertadas sobre el elemento citado anteriormente dan a este un tinte diferente pero su fondo sigue siendo él mismo: “Ignorancia y más ignorancia” progenitora de todos los males sobre la tierra, por cuanto, al despojarse al hombre del conocimiento verdadero le queda negada simultáneamente, su posibilidad de desarrollo.

Nuestro libertador común Simón Bolívar, tuvo la nitidez que su mente privilegiada le permitió vislumbrar, a cientos de años antes del terrible parto de alumbramiento del capital sobre la tierra, al pronunciar uno de sus más insignes pensamientos: “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción” y eso es precisamente lo que ha hecho el capital y sus adoradores, creando y estimulando esa ignorancia, para quebrantar todo valor moral en el hombre, separándolo incluso de la realidad y haciéndole ver sólo lo que al capital conviene.

África con sus millones y millones de muertos por el hambre y las guerras, es uno de los más vergonzosos ejemplos de esta amarga realidad que a todos nos envuelve pero que a muchos conviene ocultar bajo las más diversas formas como: religiones, guerras motivadas por cualquier cosa. África pasó de ser un continente colmado de riquezas como: diamantes, oro, extraordinaria fauna y de caudalosos e inmensos ríos, a ser un continente desolador donde la vida se hace insostenible para miles y miles de personas y entre estos seres humanos: miles de inocentes niños que mueren en las más terribles condiciones, azotados por el hambre y las enfermedades más crueles, no obstante, el sol sale para todos y no se puede ocultar bajo los dedos criminales del capital.

Tornando a nuestro continente americano las cosas se han comportando de otra manera y es que la labor de gigantes como Bolívar, Sucre, San Martin, Martí y los más modernos como Castro y el Comandante Eterno Hugo Chávez Frías, han contribuido con su lento y seguro accionar, a no permitir los oprobios del capital sobre esta tierra colmada de gracia, pero asediada por sus enemigos más crueles y quienes se siguen moviendo motivados únicamente por sus cuantiosas riquezas.

En este orden de ideas el capitalismo moderno y salvaje en una mezcla asesina y criminal vestido de Capitán Imperial y que pretende seguir gobernando por los siglos de los siglos, hasta agotar por completo todos los recursos del planeta, sin importar para nada el género humano, ya que es tan ostentoso y sabelotodo, que hasta conquistar otros mundos se ha propuesto, mientras tanto, para lograr sus más asquerosos propósitos acude a la destrucción de los valores morales del hombre.

Y es que cuando en el hombre se destruyen los valores morales, este se convierte en un barco de papel guiado por la mano del capital, puesto que hasta su capacidad natural de discernimiento queda anulada, convirtiéndose automáticamente, en una especie de mutante sin pensamiento ni razón y que sólo responde a la voz de su amo el señor capital.

La anarquía definida como desorden o confusión, es uno de los más preciosos frutos sembrados por la ignorancia que promueve el capital y en consecuencia a ello se pudiera alegar, que la materia prima del capital es la ignorancia hija de las tinieblas como también lo sostenía nuestro libertador, no en balde Bolívar también alcanzó a vislumbrar que el hombre cuando se convierte en adorador de sus verdugos, se deja engañar.

Al comprender Simón Bolívar que el hombre de su patria grande “La Gran Colombia” seria víctima de una conjura por envidias y maquinaciones, convirtiéndose en adoradores de sus verdugos y como contesta a la carta recibida con fecha 31 de mayo por el Coronel Patricio Campbell y estando en Guayaquil el 5 de agosto de 1829, lo dejó claramente expresado en otro de sus más célebres pensamientos : “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar a la América de miserias en nombre de la libertad” avizorando incluso con ello, que pasaríamos con el transcurrir de los siglos, del genocida imperio europeo encarnado por España, al más devastador de todos ellos sobre la tierra, el imperialismo norteamericano, bajo la figura despótica y cruel de los Estados Unidos.

Bolívar tuvo la visión certera en comprender que cientos de años más tarde, el capitalismo adormecería la conciencia de los pueblos para poderlos manejar, convirtiendo a la ignorancia cultivada a través de la degradación de los valores morales, en la materia prima útil y necesaria para su expansión sobre la tierra.

Para muestra de ello con la Estatua de la Libertad iluminando el cielo neoyorkino en la isla del mismo nombre al sur de la isla de Manhattan en Nueva York basta y sobra, demostrándose fielmente no sólo la palabra proferida por nuestro libertador en aquella carta de 1829 un año antes de su muerte, sino además, hasta donde es capaz de llegar el cinismo de los que hasta ahora, se han creído los reyes y amos del mundo, quienes hablan de paz y hacen la guerra, hablan de libertad y promueven a sangre y fuego la opresión de los pueblos.



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Arturo Pradera


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