Coinvirtamos en vestíbulos la porción territorial acuática de algunos ríos fronterizos

El contrabando de extracción

La riqueza de las sociedades donde impera la producción capitalista

se caracteriza por presentar un gigantesco arsenal de mercancías[1]

Es Carlos Marx quien descubre el carácter de mercancía para la fuerza de trabajo humana, a diferencia de los esclavos que todavía en algunos lugares y empresas fueron y siguen siendo mercancías como un todo con cuerpo y alma. Digamos que mientras la fuerza de trabajo del esclavo fue y es una mercancía envueltica y todo, la del asalariado es una mercancía desnuda, sin envoltorio alguno.

Gracias a ese descubrimiento, Marx pudo ubicar con rigor matemático la fuente de las ganancias comerciales, fabriles y bancarias, la fuente del salario, vale decir, la fuente de la riqueza de las naciones para empleadores, trabajadores[2] y burócratas en general. Esta fuerza de trabajo tiene un precio, se llama salario, y su uso crea un valor montante a la suma de ese salario más la plusvalía no remunerada por el patrono y de precio variable, plusvalía que finalmente, como precio mercantil[3], queda sujeto a la puja de oferentes-productores-y demandantes-consumidores.

A un comunista le resulta extraña cualquier inclinación xenofóbica, eso carecería de sentido y marcaría una grave contradicción de pensamiento. Sin embargo, no podemos dejar de describir las características concretas de muchas mercancías comerciadas por algunos extranjeros usadas como armas para sabotear y batallar contra otras economías dentro de un mismo país por parte de los ricos más ricos, eufemísticamente llamados inversionistas, y entre países, unos tolerantes o impotentes y otros ventajistas e imperialistas.

En el caso de la llamada hermana Colombia no hay duda de que así como hay hermanos buenos, muy b., los hay con otras conductas que dejan mucho que desear.

El asunto del contrabando de extracción es un derivado de esas mercancías que algunos países prefieren importar que producirlas. Son países mercaderes, máxime si hay un interés político en dañar la economía de tal o cual país hermano o hermana. La decisión de dañar a un país vecino pudiera no ser un asunto motu proprio; pudiera responder a países que gobiernan en segundo plano a otros países títeres.

Bien, ahora que hablamos de guerra económica, como batalla podríamos considerar la inconveniencia de esas fronteras sin fronteras. Por ejemplo, en Venezuela hay un río que funge de línea divisoria o de frontera acuática entre ambos países durante cierto recorrido kilométrico. Desde aquí sugerimos que, así como construimos puentes para unir países, pongamos muros en la margen que nos pertenezca, dotadas de atalayas y entradas con alcabalas estratégicas, y convirtamos nuestra parte acuática de los ríos fronterizos en vestíbulos de Venezuela,para vigilar así esas fronteras con un mínimo de costo y eficiencia, ahora y por ahora, cuando la fidelidad, la hermandad y otras afinidades geosociales y políticas e históricas se muestren irrespetuosas de nuestra soberanía y economía. La coyuntura actual no es propicia para la exportación subrepticia de algunas mercancías estratégicas, exportación legal que en otras circunstancias serían hasta fomentadas

 

 


[1] Carlos Marx, Contribución a la Critica de la Economía Política. Más adelante, Marx se muestra coherente cuando habla del Ejército Industrial de Reserva. Yo puse el subrayado del epígrafe.

[2] Podemos definir al trabajador como una persona perteneciente a la clase proletaria y antiburguesa, portadora de fuerza de trabajo, independientemente de los objetos e instrumentos de trabajo que suela manipular durante cualquier proceso de trabajo, en atención al valor de uso correspondiente.Resulta pertinente explicar la oprobiosa y absurda discriminación clasista entre campesinos y obreros, entre la ciudad y el campo, entre domésticas y artesanos, entre médicos y limpiabotas, cosas así. Todas estas personas son sencillamente trabajadores o trabajadoras con técnicas diferentes, pero ante todo son personas laboriosas. Esto lo tuvieron bien claro los escritores Víctor Hugo y Dostoievski. Hasta el más humilde de los miserables recibe en sus obras el tratamiento de Señora tal.

[3] El precio mercantil sirve de soporte al precio final de mercado, y ambos representan la máxima concreción del valor creado por la sociedad operativa dentro de las fábricas bajo la mirada opresora y sigilosa de los ricos en la persona de testaferros y administradores. Véase Manuel C. Martínez M. PRAXIS de EL CAPITAL.



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Manuel C. Martínez


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