Revolución y privilegio

Uno de los mayores problemas que padece no sólo Venezuela, sino la totalidad de los países de la América de Bolívar y de Chávez, es la ausencia total de identidad de su burguesía, blanca por lo general, con el resto de la población, mestiza en su mayor parte.

La historia es larga y compleja. Cuando en 1923 vino a Venezuela un primo del rey de España, la alta sociedad caraqueña le declaró al Borbón en forma impúdica el amor que sintieron sus antepasados por la causa española y cómo fueron sacrificados por Bolívar y Arismendi en la Guayra y en Caracas. Muchos venezolanos de la clase dirigente padecen una añoranza por el Viejo Mundo y Estados Unidos de Norteamérica, cifrando sus máximas esperanzas en hacerse de unos reales para vivir en París o Miami, como cínicamente lo anunció Antonio Guzmán Blanco, caudillo revolucionario y Gran Dictador de Venezuela. ¿Cómo transcurrieron los últimos años de Antonio Guzmán Blanco? En París, rodeado del fasto que le permitía la inmensa fortuna robada al erario público. Casó a sus hijos con miembros de la nobleza francesa y pidió ser enterrado en París. Guzmán Blanco fue un gran farsante, al igual que su padre Antonio Leocadio Guzmán. Todo su ideario revolucionario se vino abajo apenas le sonrió la fortuna y a diferencia de lo que preconizaba César prefirió ser el último en los círculos de la nobleza francesa que el primero en este hermoso país.

Todo progreso histórico ha sido y será obra de minorías revolucionarias que reemplazan a otras minorías, ante la inercia pasiva de los más obedientes por igual a cualquiera de los vencedores. Cada variación implica un desequilibrio de los intereses creados y tiende hacia un nuevo estado de crisis que implican un transitorio desorden, condición preliminar al advenimiento de un orden nuevo. En el devenir social sólo merece el nombre de revolución tal cambio de régimen que importe hondas transformaciones de las ideas o radicales desplazamientos de los intereses coexistentes en el pueblo.

El desequilibrio de un régimen se inicia por insurgencias no exentas de peligro, por cuanto importan un desacato al conformismo convencional; si esas variaciones corresponden al desarrollo efectivo, los ideales nuevos que las inspiran encuentran ecos centuplicadores, clarean espíritus, ensamblan voluntades, hasta que la minoría renovadora adquiere capacidad para presionar a la mayoría neutra y quita al fin el contralor del Estado a la minoría neutra enmohecida ya por la rutina. Las fuerzas de las minorías conservadoras, detrás de las cuales actúa su aliado invisible, () indeterminado, anónimo, cien veces más poderoso, que de una en otra generación, heredan, amalgamados por el tiempo, ciertos intereses que obstruyen la adquisición de otros nuevos.

La inercia mental de los más, obra como peso muerto frente al variar de la realidad y a los ideales que interpretan su ritmo. El conformismo nace de los hábitos que acomodan la voluntad a la menor resistencia; toda variación que altere el actual estado de equilibrio, perturba esos hábitos y plantea dificultades imprevistas que reclaman un nuevo esfuerzo de adaptación. En el orden social, la rutina representa acomodaciones ya automáticas, opuestas a cualquier renovación que exija actividades inteligentes; las mayorías burguesas nunca desean los cambios que promueven las minorías pensantes, porque para ellas todo cambio es trabajo presente cuyos beneficios ulteriores no sospechan. Son, por ende, enemigos del progreso, sin prejuicio de aprovechar más tarde los cambios realizados por el esfuerzo ajeno.

Los hombres viejos son personalmente refractarios a toda renovación, como las viejas castas lo son en la  sociedad y los pueblos viejos en el mundo. Esclerosado ya su armazón ideológico, siguen viviendo en los límites más próximos a la inercia y toda variación amengua sus posibilidades vitales. Mientras la mentalidad social no se purgue de residuos ancestrales, no pueden arraigar en ella las ideas nuevas que son su negación.

Lo que resiste a morir se opone a lo que necesita nacer. Los pueblos y las instituciones viejas son obstáculo al mañana de los pueblos e instituciones nuevas. Lo ya inadaptable estorba a toda nueva adaptación. Se realiza un progreso particular cada vez que el variar logra una victoria sobre lo heredado; y el progreso, en general, es la serie de victorias obtenidas por la inteligencia sobre el hábito, por el ideal sobre la rutina, por el porvenir sobre el pasado.

Todo privilegio a favor de una casta, partido, sexo, fracción o grupo, cohesionado en oposición a los demás, es un residuo de barbarie violatorio de la justicia social.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los cuatro antiterrorista cubanos héroes de la Humanidad!

¡Sigamos Siempre Juntos con Bolívar y con Chávez!

¡Hasta la Victoria Siempre!

¡Venceremos!



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Manuel Taibo


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