Prosa tardía al cuerpo muerto y al alma inmortal

Comandante eterno por la perpetuidad de su recuerdo y obra, eternidad que te quieren robar a cuenta de errores que te endilgan como si la naturaleza humana fuese siempre y en todo momento asertiva. Los humanos somos en realidad un balance que con la intensidad de nuestra conciencia tratamos de inclinar la balanza hacia el bien común; Comandante peregrino porque desanda en los pueblos de América clamando la nueva independencia, destapaste el barril donde se guardan los miedos para que, disipados estos, la fuerza de la lucha emergiera para decirle al mundo que quinientos años de dominación son suficientes; Comandante con grandes dotes de probidad, que invitó miles de veces a demostrar con hechos que en esta Patria vivimos mucha gente honesta, con una calidad revolucionaria irreprochable; pero también Comandante al igual que nuestros grandes revolucionarios de los primeros años de la revolución de independencia sufriste de esa ingenuidad que se refleja en la creencia que todos los amigos, los familiares, los compañeros de armas, los compañeros de la pelota son tan impolutos como tú lo eras y lo eres. Hiciste, y sobran las evidencias, un desmesurado esfuerzo por curar los males de la Patria: te atreviste a discursear sobre el otro mundo posible, la vida digna y la mayor suma de felicidad posible, que más grande que todas esas reflexiones. Hoy, llamo tu atención desde el espacio celestial que te ganaste en tu esfuerzo y sufrimiento para que desde la plácida estancia de la muerte corporal, me permitas conjeturar sobre el destino irreversible de esta, nuestra Patria.

Todavía no salimos del asombro, no de la conspiración o de la guerra económica, eso siempre ha estado planteado y forma parte del baúl de los recuerdos de los atentados a la independencia de los pueblos por parte de los imperios y de los centros del poder económico mundial, sino de la mácula consumista que habita en nosotros después de 15 años de esfuerzo de construcción del discurso que antes describí. Cuando el consumismo se confunde como parte del otro mundo posible, la contradicción aflora en lo espiritual y en lo ambiental, cuando la vida digna y la felicidad solo se relaciona a lo material, tenemos que cuestionar y criticar el tiempo pedagógico y el tiempo de la conciencia. Entiendo bien, Comandante que la dimensión temporal de estos años transcurridos todavía es muy temprana para ver los frutos de tus largas reflexiones, pero algo más debe estar pasando.

No es el objetivo de esta sencilla prosa endosar responsabilidades a individualidades, porque entiendo que las culpas de los desvaríos políticos de un proyecto transformador como es la Revolución Bolivariana y Chavista son de responsabilidad colectiva. Es por eso que, veo allí hasta mi propia responsabilidad como sujeto social revolucionario. Toda omisión y distorsión incluye una pérdida de la focalización de la realidad concreta que nos atañe. Habrá que revisar las contradicciones y buscarle sentido revolucionario a esas grandes metas que te planteaste. A manera de ejemplo, he visto como el poder popular se diluye en la corriente de los vientos que lo llevan al mar de los lamentos, casi todo por obra del poder cupular que abrogado de la libertad de proponer y decidir, ha dejado para el poder popular las hilachas de las etiquetas y de los lugares comunes. La base gigante de esta revolución, en su mayoría puede corear muchas consignas, pero en el abandono, cohabita en esta, el mercantilismo y el consumismo por donde nos penetraron en el pasado y en esta gran oportunidad histórica. Solo en forma dispersa ha aparecido el discurso de las necesidades sociales, del valor de uso, y del trabajo como elemento trasformador de la sociedad, en medio de unas nuevas relaciones de producción. Tuvimos también la gran dicha que Maduro artilló contra la conspiración desde las capacidades cupulares, derrotó al enemigo circunstancial y frenó al pueblo, aunque sigamos en la misma deuda pedagógica y de conciencia que ya señalé. En lo estructural, esa batalla no ha terminado. Apenas se comienza a reconocer la importancia de la producción nacional.

Habrá que mantener a flote tus consejos y construcciones teóricas sobre el cómo retar al poder popular a desmontar el rentismo, que es el mal de todos los males… es una tarea que nos dejaste a todos y a todas en esta fase de la revolución. Si no desbaratamos esa cultura, todo será una utopía, en la lejanía de lo imposible o de lo inalcanzable.

En tu ausencia material, lo que falta lo tendremos que hacer nosotros, desde el Poder Popular.

mmora170@yahoo.com


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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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